Fútbol

Los 200 hermanos de Keita Baldé, el futbolista samaritano

El delantero de la Sampdoria, que dio cama y comida a cientos de temporeros que dormían en la calle en Lleida, alerta de que el drama se repetirá en la próxima campaña de la fruta

Serigne Mamadou, al teléfono, en un local donde preparan comida para los temporeros que dormían en la calle en Lleida.
Serigne Mamadou, al teléfono, en un local donde preparan comida para los temporeros que dormían en la calle en Lleida.José Antonio de Lamadrid y Carmen Secanella

Una noche cualquiera de lo más duro del confinamiento en España, Keita Baldé, entonces futbolista del Mónaco, echaba el rato en Instagram en su casa del Principado, cuando le atrapó una historia triste y desesperada. Había llegado al equipo tres veranos antes para cubrir el hueco de Mbappé, vendido al PSG por 180 millones. De padres senegaleses y formado en La Masia, Baldé (Arbúcies, Girona, 25 años) apuraba sus últimos días en el club de la Costa Azul, por donde a los mandos de un Porsche se asomaba al Mediterráneo desde carreteras que se retorcían entre riscos. Esa noche cualquiera en Instagram, se quedó enganchado en un vídeo en el que el actor y director Paco León hablaba con un temporero de la fruta que trabajaba en Lleida. “Me quedé en shock. Muy emocionado y muy tocado”, cuenta Baldé en una charla con varios medios, entre ellos EL PAÍS.

Serigne Mamadou era uno de los 200 temporeros que dormía aquellas noches de pandemia extrema en las calles desiertas de la Lleida confinada. Trabajadores senegaleses que recogían cerezas a las órdenes de empresarios que aprovechaban su situación irregular para eludir la obligación legal de procurarles alojamiento. “Ahora mismo vengo del trabajo y llevo tres días en la calle. En diez horas, descansas 30 minutos. No comes bien, no duermes bien... Es una mierda”, dice Mamadou en el vídeo, antes de romper a llorar y salirse del plano, en una secuencia que recupera ahora Informe+ en el documental Hermanos, que se estrena este jueves (21.45, #Vamos).

Baldé, este curso en la Sampdoria, se quedó enredado en aquel relato: “Escribí a Serigne para hacer una llamada, y me ofrecí a echarle una mano. Tenía clarísimo que algo iba a hacer, pero no sabía cómo, ni qué hacer”, dice. Se propuso conseguirles comida, ropa y un sitio donde dormir.

Los dos primeros objetivos resultaron más sencillos: todas las semanas enviaba dinero para que pudieran cocinar algo para 200 personas, y pidió a dos amigos que alquilaran furgonetas para recoger unas prendas que almacenaba en Barcelona. “Era ropa nueva, con la etiqueta. Tenía una marca que luego he cerrado, y la iba a mandar a África”, dice. Cuando sus amigos abrieron las puertas de los furgones en Lleida, el golpe de alegría tuvo también un punto de desconcierto: “Como si fuera a hacer un top model a todos los africanos que estaban ahí”, recuerda Mamadou.

El tercer objetivo, darles un sitio donde dormir, resultó más trabajoso. Pese a las garantías de pago que aportaba, el futbolista se encontró con el rechazo de varios hoteles de Lleida a alojar a los temporeros. “Me gustaría ir ahora a esos mismos sitios con otros diez amigos de piel negra, con chaqueta elegante y un buen coche en la puerta, intentar alquilar habitaciones y ver si dicen sí o no. No se dará cuenta ni de que soy negro”, dice Baldé, que trata de evitar la palabra racismo. “Nunca he tenido problema, ¿pero qué te digo...?”.

No se rindió. Baldé invoca el recuerdo de su padre y lo que vio de niño en su locutorio en Santa Maria de Palautordera: noches con el suelo sembrado de colchones para cobijar a compatriotas a la deriva. “Cuando lo ves, se te queda”, dice.

El futbolista insistió hasta que dio con un lugar para alojar a los 200 temporeros, y regresó al contraste del fútbol y sus excesos de pasarela: “Somos privilegiados. Por eso lo doy todo en el campo, porque soy un afortunado. A veces, veo algún compañero triste, lo miro y pienso que nos comemos la cabeza por unas tonterías...”.

A Baldé le inquieta la próxima temporada de la fruta. “En mayo vamos a estar otra vez así. ¿Qué hacemos? ¿Rezamos para que salga otro Keita?”, dice. “Llevo casi más tiempo en Italia que el que viví en España. Yo no conozco a esas personas, y eran 200. Que sí, que son de Senegal, pero no los conozco. ¿Tengo que venir desde Mónaco para solucionar un problema en Lleida? ¿Qué pasa si no veo ese vídeo?”.

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