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Laia Sanz, pura supervivencia

La piloto catalana, nueve veces ganadora del Dakar en la categoría femenina, se mide con los mejores en un Rally que empezó con una caída

Laia Sanz, en el Rally Dakar celebrado en Arabia Saudí. Ampliar foto
Laia Sanz, en el Rally Dakar celebrado en Arabia Saudí. SOFICAT XEROX

Tiene 34 años, un físico imponente y la experiencia de los nueve Dakar anteriores en los que compitió, que completó y que, también, ganó. Pues no ha habido otra mujer desde entonces que mejore sus registros. Aunque a ella lo que le vale es la clasificación general. No en vano terminó novena la edición del 2015. Y con quien se mide es con los mejores. Todos hombres, por cierto.

Laia Sanz compite con una KTM, enrolada en el equipo español de Gas Gas. Y se mueve por esta prueba con su tozudez habitual. Tras haber completado uno de sus mejores Dakar el año pasado, cuando terminó 11ª después de haber pasado tres meses de baja por enfermedad –pasó una mononucleosis, contrajo la fiebre Q y sufrió una neuropatía–, la española trata de recuperar el terreno perdido en las primeras etapas de este año como consecuencia de una fuerte caída en la segunda jornada. Se paró un momento a revisar el libro de ruta y se comió una piedra que la hizo rodar por los suelos. Poco más sabe de la caída, porque perdió el conocimiento y todavía no ha recuperado la memoria.

“No recuerdo prácticamente nada”, concede. “He visto vídeos de los que me estaban ayudando y no lo recuerdo. Supongo que me debí quedar un poco aturdida. Fue el peor día para que me pasara algo así, era una etapa maratón y no pudimos reparar la moto. Fui dos días con el manillar torcido y con alguna pieza rota. Y comiendo mucho polvo. Fue duro. Pero soy positiva”, dice, sentada a la mesa de su autocaravana, donde reposan un par de tabletas de turrón de chocolate. Imprescindible para reponer fuerzas.

Estuvo corriendo con dolor hasta la cuarta etapa. Se había golpeado la cadera y andaba un poco coja. La mano derecha, con algún rasguño, se resentía más por la dureza del Rally –tantas y tantas horas a todo gas, sorteando piedras, tragando polvo–, que por el golpe. “Han sido días peligrosos. Y desagradables. Iba continuamente en una nube de polvo, así no puedes ir a tu ritmo. Además, ves cómo te va cayendo tiempo y más tiempo”, apunta. El día de la caída terminó la 37 y cedió 43 minutos. Este jueves, en una etapa muy física, “machacona”, dice ella, entró en meta la 26, a 28 minutos del ganador, Toby Price.

“El resultado no es súper”, señala, pero sabe perfectamente qué es lo que tiene que hacer en las jornadas complicadas y cuánto guardarse para cuando vengan escenarios más propicios. “Terminé agotada. Era todo fuera de pista en arena, con vegetación y muchos baches, todo muy rápido y delicado porque era fácil tener una caída. Si las etapas van a ser así, van a pasar muchas cosas, de modo que tengo que continuar por el mismo camino”.

Sanz prefiere no recordar el accidente del pasado lunes. Aunque reconoce que es imposible evitar que le afecte. “Las caídas te afectan. Quiero acabar este Dakar y que vaya bien y cuesta volver a apretar después de una caída así”. Si bien, hoy ya puede decir que ha recuperado las buenas sensaciones encima de la moto. Y vuelve a su plan: no arriesgar si no toca. Además, recuperar la sonrisa le cuesta poco. Menos todavía al poder compartir la experiencia de este Rally con su pareja, Jaume Betriu, que está cuajando un excelente debut. Terminó 14º la quinta etapa, a 15 minutos del mejor y ya es 19º en la general.

El nivel en la categoría de motos, dice Sanz, es “alucinante”. Las cosas han cambiado mucho desde que se fuera la dupla Coma-Despres. “Antes se corría pocos días, se atacaba el día que tocaba atacar y el resto se imponía la estrategia. Los pilotos se esperaban. Ahora cada día se sale como si fuera una manga de motocross, se sale al límite y hay 30 pilotos muy rápidos. Además, de entre los diez de delante cualquiera puede ganar”. Ella –“Ya soy de las mayores”, ríe– no se cuenta entre los diez, pero sí está entre esos 30. Y tratará de demostrarlo un año más. En un país en el que se mira a las deportistas con curiosidad unos, con recelo otros, con envidia algunas.

A Sanz los saudíes le parecen “gente muy amable y acogedora” por las experiencias vividas estos días. A pesar de que no le facilitaron las cosas a su llegada a Yedda, días antes de que empezara el Rally Dakar. “El primer día, cuando llegamos al hotel, fui con Sam [Sunderland, piloto de KTM] a ver el gimnasio de hotel y a mí no me dejaron entrar. Era el gimnasio de hombres. Me llevaron a otra sala, sola, y diez veces más pequeña”. En Arabia Saudí las mujeres están discriminadas en su día a día y la separación por sexos se aplica a casi todo. Desde el control de metales del aeropuerto al gimnasio, como le pasó a la piloto de Corbera. Ella, acostumbrada a vivir, convivir y competir con chicos desde que era una enana, no entiende de roles. Y ya piensa en un nuevo reto: correr el Dakar en coche. Hasta sabe quién será su copiloto. Dani Oliveras, el copiloto de Nani Roma, dice sin titubear.

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