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Alcaraz es relevo natural de Rafael

Tiene la cabeza bien amueblada para asumir la presión y los halagos que su tenis provoca, así que estoy convencido de que le veremos ganar algún grande y optar al número uno

Carlos Alcaraz posa en la JC Ferrero Equelite Sport Academy de Villena.
Carlos Alcaraz posa en la JC Ferrero Equelite Sport Academy de Villena.jOAQUIN DE HARO RODRIGUEZ

Carlos Alcaraz se ha convertido, con el aval de sus resultados y de su juego, no solo en la gran esperanza del tenis español, sino también en el relevo natural de Rafael.

La primera vez que le vi jugar fue precisamente en un torneo que se disputó en la academia de mi sobrino y, a pesar de su derrota de aquel día, vaticiné que su futuro en el mundo del tenis sería muy brillante. Albert Molina, su mánager y buen amigo mío, me reprendió argumentando que mis palabras añadían al chico un exceso de presión.

A veces ocurre que el entorno de las jóvenes promesas, en su afán por ayudarlos y protegerlos, intentan crear una burbuja que a mí se me antoja innecesaria, a no ser que esté fundada en conjeturas equivocadas. Todos los que desean destacar deberán soportar una presión que les acompañará durante toda su carrera profesional. Y Carlos no será menos. Forzosamente, tendrá que convivir con ella y con la inevitable comparación con su paisano, Rafael Nadal.

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Yo le veo una cabeza suficientemente bien amueblada para asumir esa presión, así como los halagos y expectativas que su tenis provoca. Tiene muchos de los condicionantes necesarios para llegar a ser un grandísimo jugador. A pesar de sus 17 años atesora un juego agresivo y variado, un muy buen físico y una gran calidad en la mayoría de sus golpes. Su progreso en el ranking y su evolución en el juego han sido constantes. Y es por esto que, hoy día, ocupa ya el número 136 de la lista ATP. Durante toda su etapa juvenil se ha acostumbrado a contar casi tantos partidos disputados como victorias y se ha mantenido, como es de suponer, en el número uno o dos mundial.

En la etapa de formación, los jugadores compiten contra los chavales de su misma generación, circunstancia que muy pronto cambiará para él cuando el abanico generacional de la etapa profesional se amplíe notablemente y tenga que vérselas con los mejores de unas cuantas hornadas anteriores.

Es cierto que la entrada de Carlos es prematura y que le queda un tiempo en el que va a competir con la ventaja de saber que los que le superan en el ranking, también le superan en edad. Es lo que le ocurrió a Rafael cuando entró en el circuito ATP, siendo el más joven competidor. Las derrotas no suponían para nosotros una gran traspié, al darse siempre contra alguien de más edad, y las veíamos como una oportunidad para aprender y mejorar. Teníamos esa sensación de tiempo y de que nuestro momento estaba por llegar.

Sin embargo, muy rápidamente, empezamos a mirar no solamente por el cristal delantero, sino también por el retrovisor. Sin poder dejar de preocuparnos por Federer, Roddick y Hewitt, empezamos a temer la embestida de Djokovic, Murray y del Potro.

El reto de Carlos en estos próximos años será tan difícil como apasionante. Solo esa fortaleza mental a la que aludía al principio, como su convencimiento de que debe seguir creciendo y mejorando, le darán la oportunidad para medirse de tú a tú con Medvedev, Tsitsipas, Sinner y Rublev. En cualquier caso, yo estoy convencido de que mi amigo Albert acabará dándome la razón y de que los aficionados españoles vamos a disfrutar viendo al joven murciano ganar algún Grand Slam y optar al número uno mundial de nuestro deporte.

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