Así son las medidas de seguridad que salvaron a Grosjean: halo y traje ignífugo
Las mínimas lesiones del francés tras su terrorífico accidente en Bahréin a 221 kilómetros por hora validan la obsesión de la FIA por aumentar la seguridad del campeonato
De haber protagonizado hace solo cuatro años el mismo accidente que sufrió este domingo en Bahréin, Romain Grosjean estaría muy probablemente muerto. El francés no solo salvó la vida tras salir del infierno de llamas y hierro en que se convirtió su Haas al estrellarse contra las barreras de protección y hacer explosión. Desde el brutal impacto, a 221 kilómetros por hora según los datos de la escudería, hasta que logró poner el pie en el suelo socorrido por Ian Roberts, el doctor del Coche Médico, pasaron 28,8 segundos que helaron la sangre de todos aquellos que lo vieron de cerca. Las propiedades ignífugas del mono que llevaba puesto Grosjean le dieron el margen de tiempo suficiente para poder desabrocharse los cinturones y saltar por encima del habitáculo y las vallas. La vestimenta homologada está confeccionada por varias capas de Nomex, un material que, a base de capas, debe soportar la exposición directa (resiste temperaturas de hasta 850º) a la llama durante 12 segundos y preservar al piloto, según los últimos estándares imprescindibles de la FIA. En el caso de Grosjean, su mono, Alpinestars, lleva ese periodo de tiempo hasta los 35 segundos.
Sin embargo, de no haber sido por el halo, que le protegió la cabeza cuando el coche atravesó los guardarraíles ―algo que provocó críticas― de poco hubiera importado la resistencia a las llamas del traje. El mismo corredor lo reconoció después del susto, ya desde el hospital de las Fuerzas Armadas de Bahréin, en el que pasó la noche y se le trató de las leves quemaduras que se hizo en las manos y tobillos, y donde se descartó cualquier fractura. “El halo es algo muy positivo para la F1. Sin él, seguramente no estaría hablando con todos vosotros ahora mismo”, dijo Grosjean en un vídeo colgado en su perfil de Twitter. Haas comunicó este lunes que Pietro Fitipaldi, nieto del campeón del mundo de 1982, substituirá al francés este próximo fin de semana, en la segunda de las dos pruebas consecutivas que tendrán lugar en Bahréin.
Un milagro lo de Romain Grosjean hoy. Gracias a Dios que está bien #BahrainGP 🇧🇭 #F1 #Formula1 pic.twitter.com/MEBWtxIrxq
— No Grip! F1 & FE (@NoGripF1) November 29, 2020
El halo es el componente de seguridad pasiva más importante que se ha introducido en el campeonato en la última década. Lo hizo en 2018, cuatro años después de que Jules Bianchi se precipitara contra una grúa durante el Gran Premio de Japón de 2014, en Suzuka, y muriera meses después como consecuencia de las lesiones cerebrales que sufrió. Su obligatoriedad entonces provocó tantas reservas como unanimidad hay ahora que su eficacia ha quedado más que comprobada. Después de valorar distintas opciones, como por ejemplo un parabrisas que desarrolló Red Bull, a imagen de las que se usan en los cazas de combate, y que Daniel Ricciardo llegó a probar en los ensayos libres del viernes del Gran Premio de Rusia de 2016, los expertos de la FIA optaron por una solución poco estética, que, además, condicionaba la visibilidad de los pilotos. El sistema de barras en forma de ‘Y’ está fabricado en titanio y soporta cargas de hasta 12 toneladas. O lo que es lo mismo, el peso de un autobús de pasajeros.
En los tres años que han transcurrido desde su aparición, los expertos consideran que el halo ya ha salvado la vida de varios corredores. Como por ejemplo la de Charles Leclerc, que en el Gran Premio de Bélgica de 2018 vio cómo el McLaren de Fernando Alonso caía literalmente encima de su Sauber después de que el coche del asturiano fuera catapultado al aire al afrontar la primera curva. También Carlos Sainz tiene que agradecerle al halo que saliera ileso del choque múltiple que se dio en Mugello esta misma temporada.
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