FC BARCELONA

Del triplete al hartazgo de Messi

Bartomeu ganó las elecciones del 2015 gracias al tridente y termina sin Suárez ni Neymar y con el 10 en contra

Luis Suárez, Lionel Messi y Neymar celebran la Liga de Campeones en 2015.
Luis Suárez, Lionel Messi y Neymar celebran la Liga de Campeones en 2015.Reuters

Acorralado por la presión en el entorno azulgrana, tras la destitución de Zubizarreta y el enfrentamiento entre Luis Enrique, entonces entrenador, y Messi, Josep Maria Bartomeu adelantó un año las elecciones a la presidencia del Barcelona en enero de 2015. En aquel momento, ejercía de mandamás tras la renuncia de su amigo Sandro Rosell después de que se hiciera público el rocambolesco fichaje de Neymar en 2013. “El motivo principal es rebajar la tensión que sufre el club. Una tensión que no se ajusta a la realidad”, justificó Bartomeu. Seis meses después ganó las elecciones. Su eslógan: “Tenemos Triplete. Tenemos Tridente”.

Luis Enrique y Messi habían firmado la paz y el equipo se coronó con la Champions, LaLiga y la Copa. “Hasta que se solucionó todo hubo un tiempo de tensión que tuve que gestionar”, reconoció el hoy seleccionador. Bartomeu poco tuvo que ver en la tregua entre el argentino y el asturiano, pero en cambio sí capitalizó su éxito. Un triunfo, en cualquier caso, sin capacidad de gestión. “Tocamos el cielo con el triplete del 2015 y a partir de ahí el club ha ido cayendo en lugar de crecer”, se quejó Piqué en una entrevista en La Vanguardia.

En marzo pasado, tras estallar el Barçagate (la Cadena Ser reveló que el club tenía contratada a una empresa para difamar en las redes a jugadores y entorno del Barça), el central sostuvo: “En los últimos años los resultados han aguantado al club. Hay que intentar seguir ganando en el terreno de juego porque las aguas no bajan tranquilas del todo”. Y cuando el equipo le enseñó al mundo su cataclismo, en la humillante derrota ante el Bayern en Lisboa (2-8), Piqué volvió a la carga. “El club necesita cambios y no hablo de entrenador, de los jugadores. No quiero señalar a nadie. Estructuralmente necesita cambios de todo tipo, porque ya no es ni la primera, ni la segunda ni la tercera vez”, insistió el central en el Estadio da Luz.

La rabia de Piqué era la de un vestuario que volvía a pasar vergüenza en la Liga de Campeones, como ya les había sucedido pasado en Roma (3-0) en cuartos de 2018, y en Liverpool (4-0) en semifinales en 2019, pero ninguna más vergonzosa en la historia del club como la del Bayern en cuartos en 2020. La decadencia futbolística del Barcelona poco tenía que ver con la inversión en la plantilla. De hecho, sucedió todo lo contrario. Desde 2015 hasta este último verano, el club gastó 1.092,35 millones de euros en fichajes (33 jugadores) y la temporada pasada el vestuario azulgrana era el mejor pagado de Europa (392 millones; este año el club todavía no ha revelado su presupuesto en el primer equipo).

Bartomeu cambió y cambió de director deportivo: Zubizarreta, Robert Fernández, Pep Segura, Abidal y Ramon Planes. También tuvo a cinco entrenadores en el Camp Nou, Martino, Luis Enrique, Valverde, Setién y Koeman. Y hasta despidió por primera vez en la historia del club a un técnico del Barça B, Eusebio en 2015. “Siempre dije que quería acabar aquí. Pero que quería un proyecto ganador y ganar títulos con el club para seguir agrandando la leyenda del Barcelona a nivel de títulos. Y la verdad que hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas”, se quejó Messi después de que Bartomeu lo forzara a continuar en el club bajo la interpretación de una cláusula (se podía ir libre una vez finalizada la temporada 2019-20) que el mismo le había firmado en el contrato de 2017. “El presidente no cumplió con su palabra”, insistió el 10.

La disputa entre Messi y Bartomeu no era nueva. El capitán ya se había quejado del proyecto deportivo en 2018 y 2019. El rosarino quería el regreso de Neymar y se quedó sin Luis Suárez. Agobiado por la presión económica, Bartomeu tuvo que entregar al uruguayo al Atlético para rebajar una masa salarial descontrolada. Messi no contaba con su amigo Luis Suárez ni Koeman con Depay, el 9 que pidió.

Sin una idea deportiva clara, Bartomeu complació a un vestuario ganador y viciado hasta que la cartera aguantó. Las llaves del poder estaban en el sitio equivocado. “Cuando un club funciona mejor y todo resulta más sano para todos es cuando las jerarquías están bien marcadas. El presidente debe ser el primero y después el entrenador debe mandar sobre los jugadores. Cuando esta jerarquía se rompe las cosas no funcionan”, resumió Piqué. Bartomeu ganó con el Tridente y perdió con Messi cabreado hasta presentar su dimisión como presidente del Barcelona.

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