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“Sol y sombra” de Bale

Amancio, Gordillo y Pardeza analizan la trayectoria del jugador galés en el Madrid, siete años de goles memorables y murmullo constante por su rendimiento e integración

Bale anota de chilena el segundo gol de la final de la Champions de 2018 ante el Liverpool.
Bale anota de chilena el segundo gol de la final de la Champions de 2018 ante el Liverpool.Tom Jenkins

¿Caben los peros para un jugador que marca de chilena el gol de la victoria en una final de la Champions, que adelanta a su equipo en la prórroga de otra final europea, y que realiza una cabalgada para el recuerdo en el último suspiro de una final de Copa ante el máximo rival que vale el título? La respuesta la tiene Gareth Bale, que hizo todo eso y nunca se quitó de encima las críticas sobre su rendimiento e integración, especialmente de los aficionados. Las dificultades para aportar de forma sostenida en el día a día restaron brillo a una trayectoria de siete años en el Real Madrid repleta de postales y abundante en Ligas de Campeones: cuatro. Hasta que Zidane le marcó una línea roja y, tras dos temporadas y media de caída, todas las partes tuvieron que buscar una salida. El Tottenham de Mourinho es su próximo destino en calidad de cedido. Un caso lleno de contradicciones para el que se encuentran pocos análisis contundentes, salvo la sentencia condenatoria del entrenador francés.

“Tuvo sol y sombra. No triunfó, pero tampoco decepcionó”, resume Amancio Amaro (A Coruña, 80 años), leyenda blanca con 14 campañas en el club (1962-76) en las que levantó una Copa de Europa y nueve Ligas. “Contábamos con que su duración fuera más larga y provechosa, aunque no hay que negar que resultó importante en la consecución de ciertos títulos. Tenía golpeo de balón y remate de cabeza. Aportó fases muy positivas, pero no llegó a rendir lo que se esperaba de él”, explica El brujo gallego, autor de 155 tantos con el Madrid. “Fue un jugador bueno que podía haber dado más por sus cualidades. Le faltó regularidad”, coincide Rafael Gordillo (Almendralejo, Extremadura, 63 años), siete cursos en el Bernabéu (1985-92), zurdo también como Bale, aunque él operando desde su banda natural, centrando más que goleando, y con un cuerpo más descoyuntado, sin esa planta marcial del galés.

Su estancia aquí podía haber sido más larga y provechosa
Amancio Amaro

El sí pero es la expresión recurrente cuando la mayoría se refería a él. Empezó bien, pero se fue diluyendo. Tiene buenas condiciones, pero se lesionaba a menudo. Resultó decisivo en finales, pero también desaparecía de muchos partidos. Es buen futbolista, pero en realidad es un atleta, matizaba una parte. Una adversativa constante que también tuvo su reflejo en el Bernabéu, estadio que vive en el murmullo. “Yo entendí que le pitaran porque he jugado allí y lo suelen hacer. No ha sido el primero ni será el último, aunque él quizás lo sufrió un poco más. La gente esperaba más de él porque sabía que era buen futbolista”, comenta Gordillo. “No sé si ha triunfado. Para eso hay que jugar muchas temporadas, ser titular y eso en el Madrid cuesta”.

Miguel Pardeza —canterano blanco, el único de la Quinta del Buitre que debió buscarse la vida fuera de la Castellana, y director deportivo de la entidad (2009-14) a la llegada de Bale— reconoce que siempre tuvo debilidad por el atacante. “Siendo justos, participó en varios de los momentos más importantes de la historia reciente del club, esa es la realidad. Algunos goles suyos serán recordados para siempre, y eso no está a la altura de cualquiera”, defiende. “Es cierto que por su potencial, posiblemente, pudo haber tenido más continuidad. El ritmo del Madrid también es difícil de soportar, pero dejó cosas extraordinarias”, subraya. “De todas formas”, avisa este exdelantero menudo y actual escritor, “el fútbol es un campo minado para las interpretaciones. Yo prefiero quedarme con las luces”.

Entendí que le pitaran. He jugado allí y lo suelen hacer. La gente esperaba más de él
Rafael Gordillo

En esa corrosión lenta tuvo su importancia un elemento en apariencia secundario, la falta de dominio del idioma, que se exhibió como síntoma de su posible déficit de integración. “Estoy aprendiendo español porque creo que es importante”, aseguró él mismo en la presentación, en 2013. Sin embargo, nunca se le vio una demostración pública extensa de ello, y la cuestión no fue menor cuando las tornas se volvían contra él. “Para mí la única decepción ha sido que no se expresó en español”, advierte un referente como Amancio. “Seguramente influyó el carácter británico. No tenía necesidad de aprender castellano porque no había otros cojones que todo el mundo supiese inglés”, añade con retranca. La otra imputación habitual fue el golf, sobre todo en el ostracismo final.

Siendo justos, aportó en varios momentos clave de la historia reciente del club. Siento debilidad por él
Miguel Pardeza

Esa contradicción constante en el ambiente en torno a su figura fue operando hasta que Zidane, movido por unos motivos que nunca explicó, bajó el dedo meses antes de su adiós en 2018. “Le habrá dado todas las posibilidades para que se integrara y participara, y no lo hizo. El vaso rebosó y no había más remedio que tomar esta decisión”, indica Amancio. Al técnico no le importó que Bale fuera entonces el fichaje más caro de la historia del club (101 millones de euros) ni su estatus ni los goles memorables que había metido para descabalgarlo de la hasta entonces intocable BBC (Bale, Benzema, Cristiano).

En todo caso, la ausencia durante medio año de ZZ en la banda de Chamartín tampoco mejoró la vida del jugador ni este la del equipo: con Lopetegui y ya sin Ronaldo no hizo más que hasta entonces, y Solari lo terminó mandando al mismo rincón de pensar que el francés. Pero, incluso en pleno desplome, se siguió apelando a su capacidad para aparecer en los momentos críticos, como si fuera un chamán. También Zidane la pasada campaña, cuando lo alineó en el Camp Nou. Pero Bale ya no estaba para esas. Siempre pero. El jugador que tiene tantas fotos propias en finales como Ronaldo se había evaporado.

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