LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Cómo jugar al rugby sin tocarse

La federación internacional propone reducir las melés y las disputas por el balón para evitar contagios, unos cambios que van contra la naturaleza de este deporte

Inglaterra e Irlanda disputan una melé durante el último Seis Naciones.
Inglaterra e Irlanda disputan una melé durante el último Seis Naciones.Aidan Crawley

La Organización Mundial de la Salud define como alto riesgo que dos jugadores estén a una distancia inferior a un metro durante 15 minutos. La aplicación de este distanciamiento en el rugby es casi imposible y hasta plantea un cambio normativo. En un partido (80 minutos), los delanteros de las dos primeras líneas —cinco por equipo— pasan una media de 17 minutos de exposición. Ellos son la punta del iceberg de un deporte que supone la acumulación de muchos jugadores para esfuerzos mayúsculos. De la nueva normalidad puede aflorar un nuevo juego.

World Rugby —la federación internacional— presentó este jueves pasado un estudio basado en los riesgos de transmisión por sudoración y saliva. Puso el foco en las melés, plataformas de ocho jugadores por equipo que suponen un pilar del juego y, según la investigación, el 50% del riesgo de contagios. El objetivo a partir de ahora es que haya menos. Por eso la propuesta incluye que cuando la melé no haya podido iniciarse, como ocurre frecuentemente al tratarse de un complejo equilibrio, no se reinicie el proceso y se decrete un golpe franco. Y pone en los jugadores la responsabilidad de priorizar la estabilidad sobre el empuje. Tampoco habrá melé tras un golpe de castigo —los equipos pueden elegir entre patear a palos, a la banda o melé— ni cuando un jugador sea placado en su propia zona de marca.

El estudio plantea limitar el riesgo en otras fases de conquista. Los árbitros, aconseja la federación internacional a los organismos nacionales, deberán reducir de cinco a tres segundos la lucha en el ruck —fase en la que un jugador es placado y suelta el balón— y no se permitirá la incorporación de nuevos efectivos al maul —una plataforma de jugadores que avanza junto al portador del balón— una vez que se haya formado. Además de 15 titulares por equipo, el rugby cuenta con ocho suplentes que suelen entrar en acción. Más efectivos, más riesgo.

La pandemia refuerza la lucha contra los placajes altos, pues además de propiciar conmociones cerebrales también facilitan la transmisión. Está en estudio que haya una tarjeta naranja que obligaría a la revisión por vídeo de cara a una expulsión definitiva o temporal, de 15 minutos, cinco más que la amarilla actual. “Si placas a alguien por las piernas, no hay riesgo. La percepción de que el deporte de contacto es más peligroso puede no ser del todo cierta porque se trata de la proximidad con una persona infectada”, subraya el responsable médico de World Rugby, Martin Raftery.

Los cambios son, por el momento, recomendaciones que cada federación nacional puede implantar o no. Fernando López, capitán de la selección española, se muestra escéptico. “Se pierde la esencia de lo que es el rugby, sería otro deporte”, afirma; “es un deporte con mucho contacto. Hay jugadores que están ahí porque tienen una buena melé, que son buenos en lo suyo. Sería cambiar muchísimo todo. Vale, quitas las melé, pero ¿y si se te escapa algo de baba en un placaje? Hay que jugar como se juega al rugby. Y si no, que no se juegue. Lo importante es la salud, y si hay mucho riesgo de contagio, mejor no jugarlo”.

Inglaterra y Nueva Zelanda no se han mostrado partidarias de estas alteraciones en un deporte que ha respondido en clave nacional a la pandemia. Se aplazaron a octubre los últimos cuatro partidos del Seis Naciones y pararon las dos grandes competiciones continentales, tanto la Champions Cup europea como el Super Rugby en el hemisferio sur. El enigma es cómo salir de la hibernación. No lo hará Francia, que canceló su liga y centra sus esfuerzos en regresar con la siguiente temporada en otoño. Pese a las trabas, la inglesa quiere completar su calendario a partir de julio para reducir las pérdidas televisivas. Los clubes han rechazado los entrenamientos reducidos y volverán cuando esté permitido entrenar en grupo. Con nueve jornadas por disputar y los playoffs, a puerta cerrada, los equipos afrontarían cada uno un gasto de unos 22.000 euros semanales en test.

Los planes de regreso se complican porque en un deporte tan exigente no vale cualquier pretemporada. Y los expertos hablan de unas seis semanas antes de la vuelta de la competición. La federación inglesa prevé perder 55 millones de euros y algunos clubes podrían desaparecer antes de diciembre. La federación estadounidense se ha declarado en quiebra.

El hemisferio sur también está en jaque. El virus ha afectado más a Sudáfrica, vigente campeona del mundo, que afronta un éxodo de sus estrellas. Australia afronta una crisis económica sin precedentes, con desaparición de entidades y dificultades para renovar a sus jugadores.

Nueva Zelanda, con menos incidencia del coronavirus, será el primer país en volver. Sus cinco clubes del Super Rugby jugarán un torneo a ida y vuelta a partir del 13 de junio. A puerta cerrada. Plataformas televisivas locales como Sky ya han avisado de que los términos contractuales han cambiado, por más que se jueguen los partidos. Y los All Blacks han reducido en un 50% el sueldo de sus jugadores. Aunque World Rugby plantee un nuevo calendario compartido entre hemisferios, el rugby afronta tiempos desconocidos sin la unión deseada y sin el músculo económico de otros deportes. Y con la exigencia de un distanciamiento físico que va contra su naturaleza.

Eliminar el placaje para los niños

El rugby fue uno de los primeros deportes en clausurar las competiciones en España, dando por buenas las clasificaciones del 13 de marzo. El VRAC, líder con dos puntos sobre El Salvador (ambos clubes de Valladolid), se llevó el título en División de Honor mientras que el Corteva Cocos, de Sevilla, fue el campeón femenino. Queda pendiente la final de Copa masculina, en Zamora, aplazada para septiembre. Aún no se ha suspendido el Mundial sub-20 de la segunda categoría, ese mes en Villajoyosa. Sí se aplazó, a mayo de 2021, el partido que España iba a jugar contra una selección de jugadores retirados de los All Blacks en el Metropolitano el 29 de mayo.

La Federación Española de Rugby está estudiando las recomendaciones normativas de World Rugby a la espera de reanudar las competiciones, quizás en otoño. Para mantener a los clubes en pie, las escuelas serán cruciales. Sus ingresos son imprescindibles, máxime sin la perspectiva de espectadores. La federación y los clubes, que tirarán de cantera para sus primeros equipos y no harán fichajes internacionales, están estudiando propuestas como eliminar el placaje en los niños, para transmitir la noción de deporte seguro y evitar la caída de fichas.

El rugby compara su regreso con el del fútbol de Segunda División B o Tercera. Si la vuelta de espectadores se retrasa, pedirá un mayor esfuerzo a las televisiones. Mientras, el XV del León tiene pendiente su último partido del Seis Naciones B, ante Portugal.

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