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El portento Firouzja, de 16 años, reniega de Irán en el Mundial de Rápidas

El persa no boicotea a Israel y jugará en Moscú con la bandera de la Federación Internacional (FIDE)

Alireza Firouzja, el pasado septiembre, durante la Copa del Mundo en Janti Mansiisk (Rusia) Ampliar foto
Alireza Firouzja, el pasado septiembre, durante la Copa del Mundo en Janti Mansiisk (Rusia)

Es un duro castigo contra la utilización política del deporte. El iraní Alireza Firouzja, de 16 años, a quien no pocos ven como aspirante a campeón del mundo a partir de 2022, está harto de que su Gobierno le prohíba jugar contra israelíes y está dispuesto a cambiar de nacionalidad. Residente en Chartres (Francia), el joven portento disputa desde hoy en Moscú los Mundiales de Rápidas y Relámpago con la bandera de la Federación Internacional (FIDE). No habrá más iraníes en las competiciones masculinas; pero sí en las femeninas, porque en ellas no hay israelíes.

Aunque las raíces de este delicado asunto se encuentran muchos años atrás, el detonante ocurrió hace unos días en el VI Festival de Ajedrez Sunway, de Sitges (Barcelona). Otros dos miembros de la pujante selección nacional iraní, Parham Maghsoodloo, de 19 años, y Amin Tabatabaei, de 18 años, se enfrentaron (y vencieron) durante un torneo nocturno de partidas relámpago (cinco minutos por jugador) al israelí Ido Gorshtein, de 17. Algo totalmente normal para un observador no experto, pero en realidad muy excepcional porque los deportistas de Irán y algunos países musulmanes más (entre ellos, Arabia Saudí, Irak y Palestina) tienen órdenes estrictas de sus Gobiernos para negarse a jugar contra un israelí.

Esa prohibición había provocado tantas situaciones dramáticas, incluso con niños en los Campeonatos del Mundo de diferentes edades, que existía un acuerdo tácito entre los árbitros de todo el mundo: cuando el sorteo o las reglas deparaban que un israelí se enfrentase a un rival de esos países musulmanes, se hacía un cambalache para evitarlo. Pero la nueva FIDE, presidida por el ruso Arkady Dvorkóvich desde octubre de 2018, decidió que esos chanchullos se habían terminado: los musulmanes que se nieguen a jugar con un israelí se apuntan un cero, y se acabó. De ahí que lo ocurrido en Sitges fuera noticia, interpretada en un primer momento como una cesión de Irán en su tenaz intransigencia.

La realidad era otra. El Gobierno iraní montó en cólera frente a Maghsoodloo y Tabatabaei, quienes arguyeron su desconocimiento de que Gorshtein es israelí. En condiciones normales, nadie creería eso, pero resulta que en este caso concreto es verosímil: por primera vez en seis años, y debido a problemas con una impresora, los árbitros del torneo rápido de Sitges decidieron que se jugara sin banderas para ganar tiempo. Si se añade la juventud de los tres protagonistas y la baja categoría del israelí, suena creíble.

Equipo titular de Irán en la Olimpiada de Ajedrez de Batumi (Georgia) en 2018: Maghsoodloo, Idani, Tabatabaei y Firouzja ampliar foto
Equipo titular de Irán en la Olimpiada de Ajedrez de Batumi (Georgia) en 2018: Maghsoodloo, Idani, Tabatabaei y Firouzja

Pero no para el Gobierno iraní, que de inmediato retiró a todos sus jugadores masculinos inscritos en los Mundiales de Rápidas y Relámpago de Moscú. Eso enfadó mucho a Firouzja, quien el 20 de abril ya había dejado un sospechoso indicio de cuánto le irritan estas situaciones: al día siguiente de perder por incomparecencia contra un israelí, el joven prodigio cometió un error de principiante frente a la alemana Ziegenfuss en el torneo de Karlsruhe (Alemania). Aunque él nunca lo ha aclarado, es casi seguro que ese incidente fue su manera de protestar contra el Gobierno de Irán, porque la probabilidad de que alguien de su nivel pueda hacer una jugada tan mala es casi nula.

Todo indica, por tanto, que estos Mundiales de Moscú van a marcar un antes y un después en la carrera de Firouzja. Es probable que lo ocurrido sea bueno para él. Y, dado su inmenso talento, obviamente lo será para el país cuya bandera adopte en el futuro como suya. Será muy malo para el ajedrez iraní, cuyos técnicos han realizado una maravillosa labor de promoción durante decenios hasta convertirse en uno de los países más pujantes del mundo del ajedrez, a pesar de que el imán Jomeini prohibió su práctica cuando llegó al poder, en 1979. Firouzja es un diamante en ciernes, con una entrega total a su profesión. Preguntado por EL PAÍS en septiembre por su horario normal cuando se entrena, lo resumió de manera peculiar: “Desayuno, ajedrez, ajedrez, ajedrez; almuerzo, ajedrez, ajedrez, ajedrez; ceno, y a dormir”, aunque matizó que cuida mucho su preparación física, nadando, y que esta le ayuda también a mantener una estabilidad psicológica.

Menos claro está si el Gobierno de Irán y de otros países musulmanes cambiarán, por fin, de postura. Y evitarán que periodistas como quien escribe esta crónica tengan que escuchar desde hace veinte años -bajo promesa de no revelar nombres- este tipo de testimonios de entrenadores musulmanes: “Yo no tengo nada en contra de que mis chicos compitan con israelíes; de hecho, juegan al fútbol con ellos sin problemas por las mañanas. Pero si permito que lo hagan en una partida oficial, estoy acabado”.

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