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Menores obligados a perder al ajedrez

Irán y otros países musulmanes ordenan a sus menores y entrenadores que no jueguen contra israelíes

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El iraní Alireza Firouzja, de 15 años, el pasado diciembre durante el Mundial de Rápidas en San Petersburgo (Rusia).

El prodigioso iraní Alireza Firouzja, de 15 años, es hoy candidato principal a ser el próximo gran campeón de ajedrez. Pero tiene motivos para sentirse muy irritado y frustrado: su Gobierno le obligó el pasado viernes a perder por incomparecencia ante el “enemigo”, un israelí, Or Bronstein, de 18, en la 3ª ronda del Abierto Grenke en Karlsruhe (Alemania), donde era uno de los favoritos. Al día siguiente, Firouzja perdió por un error de principiante frente a una rival muy inferior. La lógica indica que era su manera de protestar en silencio.

“¿Me promete usted que no publicará mi nombre? Mire, yo no tengo nada contra los jugadores israelíes, y me parece muy bien que mis chicos jueguen al fútbol con ellos por las mañanas o partidas rápidas en el hotel por las noches. Pero si permito que se enfrenten a ellos en una partida oficial, con banderas, cuando regrese a mi país me cortan el cuello”. El autor de esta crónica mantuvo esa conversación u otras similares con varios entrenadores y delegados de países musulmanes durante los Mundiales de edades (sub 8 a sub 18) a lo largo de los años noventa y en la primera década de este siglo.

Hoy sigue ocurriendo, hasta el punto de que dos árbitros internacionales, que piden el anonimato, aseguran a EL PAÍS haber recibido llamadas de los Ministerios de Asuntos Exteriores de sus países respectivos, pidiéndoles que cambien a mano los emparejamientos determinados por las normas reglamentarias “para no provocar un conflicto internacional”. Un ejemplo que cualquiera puede comprobar -aunque no consta si en este caso hubo presiones políticas o es que los árbitros se pusieron la venda antes de la herida- ocurrió el pasado septiembre en la competición femenina de la Olimpiada de Ajedrez en Batumi (Georgia): el reglamento dictaba los enfrentamientos Israel-Irak y Japón-Cuba; pero lo que se publicó fue Japón-Israel y Cuba-Irak.

Es verdad que cada vez son más las personas influyentes de la Federación Internacional (FIDE) y de la Unión Europea (ECU) -Israel juega los campeonatos europeos porque fue expulsada paulatinamente del deporte asiático por los países árabes entre 1974 y 1981- que abogan por terminar con esos pasteleos: si un jugador musulmán no comparece ante un israelí, pierde la partida, y asunto terminado; de hecho, esos enjuagues no suelen hacerse en las últimas rondas, donde los emparejamientos pueden ser decisivos. Pero no parece fácil que puedan aguantar siempre las engorrosas presiones políticas, aunque es evidente que los árbitros del torneo de Karlsruhe se mostraron firmes.

También es cierto que algunos países musulmanes -especialmente Emiratos Árabes Unidos y Qatar- han moderado su postura. Por ejemplo, en agosto de 2018, Túnez prohibió en principio la participación de la israelí Liel Levitán, de 7 años, en el Mundial Escolar. Pero la FIDE amenazó con retirarle la organización, y el Gobierno tunecino cedió. Egipto, Indonesia, Malasia, Bangladesh, los países del Magreb excepto Libia (Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania) y las antiguas repúblicas soviéticas (Uzbekistán, Kazajistán, Kirguizia, Tayikistán y Turkmenistán) no suelen plantear problemas.

La selección titular de Irán durante la Olimpiada de Batumi (Georgia), el pasado septiembre: en primer plano, Firouzja, nacido en 2003; a su izquierda, Tabatabaei (2001), Idani (1995) y Maghsoodloo (2000) ampliar foto
La selección titular de Irán durante la Olimpiada de Batumi (Georgia), el pasado septiembre: en primer plano, Firouzja, nacido en 2003; a su izquierda, Tabatabaei (2001), Idani (1995) y Maghsoodloo (2000)

El más conflictivo es Irán, lo que responde a la lógica política y militar (vecindad y alta tensión con Israel) y deportiva (es la tercera gran potencia del ajedrez asiático, tras China e India; además de Firouzja, tiene tres jugadores menores de 25 años con gran proyección). Otros, como Arabia Saudí y Palestina cuentan con muy pocos jugadores infantiles pero su postura es muy clara: la FIDE tuvo que retiraren en 2018 a los saudíes la organización del Mundial de partidas rápidas, a pesar de los muy tentadores premios en metálico, ante su persistente negativa a negar visados a Israel, cuyos ajedrecistas aceptan normalmente el enfrentamiento con musulmanes.

El caso Firouzja mancha de manera escandalosa la brillantísima trayectoria del iraní, cuyos puntos (2.682) en la lista mundial cuando aún no ha cumplido los 16 años (lo hará el 18 de junio) son muy similares a los que tenía (2.698) a la misma edad el actual campeón del mundo, el noruego Magnus Carlsen, considerado por muchos como el mejor de la historia. Firouzja era el 4º cabeza de serie del torneo de Karlsruhe, y por tanto uno de los favoritos al primer premio, que además daba una plaza directa en el torneo de élite mundial en la misma ciudad en 2020. Jugar esa competición a los 16 con Carlsen y las demás estrellas hubieran sido para Firouzja un regalo maravilloso, que se hizo añicos cuando fue obligado a perder.

Posición de la partida Firouzja-Ziegenfuss, de la 4ª ronda del Abierto Grenke en Karlsruhe (Alemania). El iraní hizo la horrible jugada Txe6, dejándose colgada la otra torre, en d4.
Posición de la partida Firouzja-Ziegenfuss, de la 4ª ronda del Abierto Grenke en Karlsruhe (Alemania). El iraní hizo la horrible jugada Txe6, dejándose colgada la otra torre, en d4.

Su derrota en la ronda siguiente ante una rival muy inferior a él, la alemana Antonia Ziegenfuss, es muy sospechosa. Si bien es cierto que incluso los genios cometen errores de principiante alguna vez en su vida -por cansancio, falta de concentración, exceso de confianza, nerviosismo, etc.-, el de Firouzja en esa partida es tan burdo y cercano al incidente de la víspera que pudo ser deliberado, en una mezcla de rabia y protesta.

El colmo se produce cuando los niños o adolescentes musulmanes obligados a perder son además incitados a vanagloriarse de ello en público cuando regresan a su país. Así ocurrió con otro iraní, Aryán Gholami, de 17 años, aclamado como un héroe a primeros de año en Teherán porque no se había presentado a jugar su partida de la Rilton Cup de Estocolmo frente al israelí Ariel Erenberg. Fue recibido incluso por el líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, y elogiado por parte de la prensa nacional como el protagonista de otro triunfo “frente al régimen sionista”.

Sin embargo, y para escarnio del Gobierno de Teherán, Gholami se había sincerado después del incidente con el portal sueco Schaak: “No siento animadversión alguna contra mi rival, pero si acepto jugar contra un israelí sufriré consecuencias muy serias en mi país”. Todo indica que el sentimiento de Firouzja es muy similar.

La iraní Sarasadat Jademalsharieh, de 22 años, 19ª del mundo, durante el Abierto de Gibraltar, el pasado enero ampliar foto
La iraní Sarasadat Jademalsharieh, de 22 años, 19ª del mundo, durante el Abierto de Gibraltar, el pasado enero

Casi la mitad de los 81 millones de iraníes tiene menos de 30 años; y 26 millones no llegan a los 20. Sometido desde hace años a un embargo internacional que Donald Trump acaba de apretar aún más, el país es una olla a presión: los jóvenes quieren parecerse a los del resto del mundo, mientras la élite de religiosos intenta -y de momento consigue a medias- poner puertas al campo. En ese explosivo contexto, el ajedrez iraní es ejemplar, con una impresionante producción de grandes talentos -también entre las mujeres-, a pesar de su escasez de recursos. La cuestión ahora es si un diamante en bruto como Firouzja, uno de los mayores prodigios que han surgido en el ajedrez mundial en lo que va de siglo, debe pagar las consecuencias de la tremenda tensión con “el régimen sionista”.

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