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Una plata para rebobinar

Un polémico final condena a España, que pierde el oro contra Holanda (29-30) y cierra el Mundial con un inimaginable subcampeonato

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Las jugadoras españolas, con la medalla de plata. AFP

Pasarán décadas, unas cuantas generaciones de jugadoras, y la selección femenina de balonmano todavía no habrá podido sacudirse de encima la última acción del Mundial de Japón. Una España infinita perdió el oro de forma trágica ante Holanda (29-30). Un penalti convertido por la cañonera Lois Abbingh a falta de seis segundos dio el título a las oranje, el primero de su historia, después de una batalla tremenda con un desenlace insospechado.

España, 29 - Holanda, 30

España: Navarro; Marta López (6), Mireya González (2), Pena (3, 2p), Cabral (7, 1p), Jennifer Gutiérrez (-) y Ainhoa Hernández (3) -equipo inicial- Zoqbi (ps), María Núñez (-), Ardeius (-), Eli Cesáreo (-), Etxeberria (-), Lara González (1), Sole López (2), Alicia Fernández (5, 1p) y Almudena Rodríguez (-)

Holanda: Wester; Malestein (3), Van der Heijden (3), Snelder (5), Kramer (-), Abbingh (7, 1p) y Smeets (-) -equipo inicial- Duijndam (ps), Bont (2), Nusser (-), Van Wetering (1), Amega (-), Dulfer (-), Freriks (-), Housheer (-) y Polman (9)

Marcador cada cinco minutos: 5-2, 8-5, 9-8, 9-9, 12-12 y 13-16 (Descanso) 15-18, 17-22, 21-23, 24-26, 26-28 y 29-30 (Final)

Árbitras: Bonaventura y Bonaventura (FRA). Roja directa a Ainhoa Hernández (m.60). Exclusión de dos minutos a Eli Cesáreo, Snelder, Kramer y Dulfer.

Incidencias: Final del Mundial de Japón 2019 disputada en el Park Dome de Kumamoto.

Fue una resolución de VAR, pero sin VAR. A diferencia del Mundial masculino, la reputada pareja arbitral francesa Bonaventura (dos hermanas) no pudo recurrir a la televisión para confirmar o recular una decisión que, en todo caso, tomó sin vacilar. Un campeonato monumental de las Guerreras y un duelo en carne viva se inclinó en una jugada de la que cuesta encontrar precedentes.

Quedaban 21 segundos y las españolas, tras remar y remar como espartacas, lograron disponer de posesión para llevarse la gloria. Pidió tiempo muerto Carlos Viver para preparar la ofensiva final. La lógica dictaba que había que apurar al máximo el tiempo para no dar oportunidad al contragolpe holandés. Victoria o prórroga, no debía caber otra opción. Pero Shandy Barbosa lanzó a falta de 10 segundos. Wester detuvo el tiro y buscó el pase rápido en largo para sus compañeras, que habían salido en estampida hacia la portería de Darly Zoqbi. Ahí se interpuso Ainhoa Hernández, que saltó de forma instintiva para blocar el envío de la meta. La pivote vasca tenía los pies fuera del área, pero las colegiadas interpretaron que los brazos invadieron la zona interior. En ese caso, la normativa es implacable: tarjeta roja y penalti.

Es lo que dicen las reglas 8.10 apartado c y 12.2 del reglamento internacional, que desde 2016 condenan gravemente esa acción cuando sucede en los últimos 30 segundos. Si se hubiera producido en otro momento del partido, la sanción habría sido casi anecdótica: golpe franco y, como mucho, dos minutos de exclusión. Un veredicto que llevó a las Guerreras a una plata inimaginable hace dos semanas, pero que, sobre la cancha de Kumamoto, las dejó perplejas por un desenlace que las condenó al subcampeonato.

Hasta esos segundos que resolvieron el título y obligaron a desempolvar la normativa, el encuentro fue un torbellino. Atravesó por mil estados. España empezó a toda mecha, pero se secó pronto. Holanda dominó durante un amplio tramo central y a punto estuvo de diluir definitivamente a la selección, que se agarró tirando de la segunda unidad para rascar el empate a falta de 1m 36s. Entonces a Holanda se le vino el mundo encima. Le entró un ataque de pánico y ni siquiera fue capaz de lanzar en su última posesión. Cayeron en pasivo y España se encontró con un balón para colgarse el oro. El escenario soñado e impensable solo 10 minutos antes. Sin embargo, les aguardaba un desenlace dramático.

Las oranje se llevaron el oro y la plaza directa a los Juegos mientras España deberá disputar el próximo marzo un torneo preolímpico contra Suecia, Senegal y Argentina, un grupo accesible sobre el papel porque, además, se clasifican las dos primeras para Tokio 2020.

Los artículos del reglamento

La normativa de la Federación Internacional de Balonmano expresa en los dos siguientes apartados:

Artículo 8.10 c: “Si durante los últimos 30 segundos de un partido el balón no está en juego, y un jugador o un oficial de equipo impide o retrasa la ejecución de un saque del equipo contrario, para evitar que sean capaces de lanzar a portería o de obtener una clara ocasión de go, el jugador u oficial culpable será descalificado y se señalará un lanzamiento de 7 metros a favor del oponente. Esto se aplica a cualquier tipo de interferencia (por ejemplo: con acción física limitada, interfiriendo en la ejecución de un saque, tales como, interceptando un pase, interferencia con la recepción del balón, no soltando el balón”.

Artículo 12.2: "Se considera ejecutado el saque de portería cuando el balón lanzado por el portero ha rebasado completamente la línea del área de portería.Se permite a los jugadores del otro equipo estar justamente fuera de la línea del área de portería, pero no se les permite tocar el balón hasta que éste haya rebasado completamente dicha línea”.

Los lamentos finales contrastaron con la esperanza inicial. La selección cantó bingo en sus cinco primeros ataques. Impulsada por una defensa forajida, pudo castigar a Holanda a la contra para situarse pronto 6-2. Un inicio a pedir de boca. Barbosa golpeaba desde fuera y Hernández percutía desde el pivote. Todo fluía y el francés Mayonnade tuvo que pedir tiempo muerto ya en el minuto siete porque solo Malestein desde el extremo derecho era capaz de aliviar la crecida de las Guerreras.

La reacción holandesa no fue automática, aunque no tardó en llegar. La selección se colocó 9-5 en el minuto 10, pero ahí se le fundieron los plomos. Y se le encendió la luz a las oranje. Los cañones de Abbingh y Polman (74 y 58 goles en todo el campeonato) entraron en funcionamiento y España se pasó 11 minutos y 15 segundos paralizada en ataque. Se frenó con un siete metros de Nerea Pena y solo pudo volver a arrancar con otro penalti de la navarra. Su rival le negó la parte central y las extremos todavía no habían empezado a producir. Holanda no era un primor, porque erró cuatro ataques seguidos para colocarse por delante, pero la inercia no cambió y, a falta de cinco minutos para el intermedio (13-16), tomó el mando. En los últimos 20 minutos del primer acto, España solo sumó cuatro tantos, y dos de ellos fueron desde los siete metros. Incluso, falló otros dos. Las sensaciones habían virado.

El arranque de la segunda parte ensombreció aún más el panorama de la selección. Solo Barbosa replicaba en ataque el bombardeo de Abbingh y Polman (siete y nueve dianas al final), pero resultaba insuficiente ante un rival que se disparó 16-21 en el minuto 39. Viver pidió tiempo muerto porque España se difuminaba. Entre la penumbra emergieron Zoqbi, que en solo cinco minutos detuvo tanto como Silvia Navarro en toda la primera parte, y las extremos. Marta López por la derecha (seis tantos tras el descanso), ayudada por Sole López por la izquierda (2), enchufaron el ventilador y anclaron a las Guerreras a un choque que había amagado con escaparse definitivamente.

España fue mordiendo el marcador, peldaño a peldaño, con más rabia que poesía, pero, llegados a ese punto, no había hueco para la lírica. Logró el empate a 29 con un tanto de López a falta de un minuto y medio. Holanda, que lo había visto muy cerca, se quedó paralizada. En su último ataque, ni siquiera tiró. La pelota volvió a la selección y el pabellón se preparó para una resolución de aúpa. Lo que nadie imaginó fue ese cierre.

A España le parecía inimaginable colgarse la plata cuando despegó de Barajas y este lunes, a media tarde, aterrizará en Madrid preguntándose cómo perdió el oro. Hubiera sido el primer título de su historia, precisamente el que se llevó Holanda, que cierra un lustro mágico, el mismo en el que las Guerreras anduvieron en un proceso de búsqueda interior que culminó en Kumamoto.

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