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Campazzo rinde al monstruo serbio

Argentina se clasifica para las semifinales del Mundial tras derrotar a los de Djordjevic con una actuación memorable del base del Real Madrid (97-87)

Facundo Campazzo, en una acción del partido.
Facundo Campazzo, en una acción del partido.

La Argentina de Campazzo conmueve en China. Un duende de apenas 1,80m acabó con un monstruo de 2,05m de altura media. Con una determinación febril y la sobresaliente actuación del Facu, la albiceleste eliminó del Mundial a la todopoderosa Serbia. En una actuación para la enciclopedia, el base del Madrid se disfrazó de superhéroe y se convirtió en la kriptonita de los subcampeones mundiales, olímpicos y europeos. Con 18 puntos, 6 rebotes, 12 asistencias, 3 robos y 27 de valoración en 29 minutos en pista, gobernó la hazaña con el respaldo y la supervisión del incombustible Scola (20 puntos).

ARGENTINA, 97; SERBIA, 87

Argentina: Campazzo (18), Brussino (4), Garino (15), Scola (20) y Delía (4) --quinteto inicial--; Laprovittola (8), Vildoza (11), Fjellerlup (2), Deck (13), Gallizzi (2) y Caffaro (-).

Serbia: Jovic (7), Bogdanovic (21), Lucic (12), Jokic (16) y Raduljica (-) --quinteto inicial--; Simonovic (3), Bjelica (18), Marjanovic (-), Micic (5), Guduric (5) y Milutinov (-).

Parciales: 25-23, 29-26, 14-18 y 29-20.

Árbitros: Maranho (BRA), Sahin (ITA) y Weiland (CAN). Sin eliminados.

Pabellón:  Dongguan Basketball Center. Unos 10.000 espectadores.

Fue precisamente el capitán, de 39 años, el que lanzó el mensaje de fe antes de partir de Buenos Aires. En vísperas de afrontar su quinta Copa del Mundo, Scola avisó a todos de que este equipo le recordaba a la selección de Indianápolis 2002. Palabras mayores para un país que siente aquella plata ante Yugoslavia de hace 17 años como el punto de inflexión definitivo que propulsó a la Generación Dorada, el prólogo de un viaje apasionante que tocó el cielo con el oro olímpico en Atenas 2004 y prolongó sus batallas hasta los Juegos de Río 2016. Scola, el último superviviente, reconoció en este grupo de jugadores el carácter grabado a fuego por los Ginóbili, Wolkowyski, Oberto, Nocioni, Delfino y compañía y detectó el punto de ebullición justo cimentado en torno a un triple motor, el que marcan Campazzo, Laprovittola y Vildoza.

Los dos primeros terminaron su temporada en la liga española como MVP de la temporada regular con el Joventut y MVP de la final de la ACB con el Madrid respectivamente, un doble galardón que nunca coleccionaron juntos todos sus mayores emigrantes en la ACB y que avisaba del potencial de un equipo con 27 años de media pero mucho cuajo y experiencia en el baloncesto europeo. Con los Deck, Garino, Brussino, Delia y el propio Vildoza siguiendo la estela del Facu y Laprovittola. Con todos siguiendo el liderazgo totémico de Scola, máximo anotador (17,8) y reboteador (7,3) del equipo. Entre todos obraron la gesta. Descabalgó la Serbia de Jokic, Bogdanovic y Djordjevic. “Si nos creemos lo que dicen de nosotros llegará alguien y nos barrerá”, dijo el técnico serbio cuando su equipo parecía un coloso. En Dongguan, el gigante fue Campazzo, indetectable para los radares serbios.

Destemplados ante España, los de Djordjevic se hundieron en el diván de las dudas. Se les descolgó el cartel de favoritos en plena batalla y se les convirtió en un lastre que les llevó directos al hoyo. Salió intrépida Argentina en busca de la semifinal, subida a la moto de Campazzo. Con seis puntos y cinco asistencias en los primeros ocho minutos, que marcaron lo que iba a ser el partido. No llegaba Argentina a semifinales desde aquellas de 2006 en Japón ante España. El día en el que el triple de Nocioni que se estrelló en el aro cruzó los caminos de la Generación Dorada y los Júniors de oro. Dos equipos que, en paralelo, han marcado un sello de carácter que han sabido transmitir por el cordón umbilical de los históricos que apuraron su viaje para educar a las generaciones que se lanzaron a seguir su huella.

Con Campazzo como ansioso recolector de la herencia ganadora argentina, la sorpresa saltó en Dongguan. Avanzaron los minutos y nada fue casualidad. Al toque de corneta de Djordjevic respondió Serbia redoblando la intensidad en la segunda mitad. Pero Argentina no perdió ni en el debate de la bravura ni en el del juego. Una técnica al propio Djordjevic retrató el nerviosismo balcánico en un partido claustrofóbico para ellos. Con una suma de filigranas rematadas por la asistencia de Garino a Delia la hinchada albiceleste comenzó a creer. Aprovechó Serbia el viaje al banquillo de Campazzo para respirar y desatarse algunos grilletes. Pero no terminaron de carburar Bogdanovic y Jokic y el equipo de Sergio Hernández se convirtió en un muro de fe en el que se estrellaron los de Djordjevic. Siempre por delante en el marcador, los argentinos se lanzaron a culminar la hazaña con cuatro puntos consecutivos de Scola y un rebote providencial de un Campazzo inmenso. Bjelica apuró la resiliencia Serbia pero, para entonces, el dúo Campazzo-Scola era inabarcable para el otrora monstruo serbio. 13 años después, Argentina estaba en las semifinales del Mundial.

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