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Markel Irizar, la retirada de un superviviente

Después de sufrir un cáncer a los 22 años, el ciclista vasco deja el ciclismo con 39

Markel Irizar en una contrarreloj
Markel Irizar en una contrarreloj efe

Markel Irizar (Oñati, 1980), todavía recuerda el consejo que le dio un buen amigo, Roberto Laiseka, que se especializó en ganar etapas importantes en las grandes vueltas. “Me dijo que me centrara en una cosa; que intentara ser el mejor en algo, y creo que he cumplido”. El ciclista del equipo Trek ha anunciado su retirada después de 16 temporadas en el pelotón profesional. “Desde el principio vi que yo no iba a tener grandes victorias, que no iba a ser Sagan, así que me centré en ser un buen gregario. Cuando eres joven quieres ser Messi, pero Messi ya está cogido, sólo hay uno. Al final he tenido una buena carrera como doméstico de grandes ciclistas: de Armstrong, de Contador, de Andy Schleck, de Cancellara. Me ha tocado trabajar para ellos y ha estado bien. Me lo han valorado”.

Pero todo pudo acabar en 2002, cuando Markel recibió el mazazo más fuerte que se le puede propinar a un chaval de 22 años. Corría la Vuelta al Goierri de aficionados, cuando se notó un bulto en un testículo. Se asustó. Había leído la biografía de Lance Armstrong, incluso le había enviado una carta de ánimo, y pensó que le podía pasar lo mismo. Acudió al médico y las pruebas concluyeron que aquel bulto era un tumor maligno.

Pero se apoyó en el testimonio de Armstrong, y en su deseo de correr las grandes carreras. “El ciclismo lo ha sido todo para mí. Tenía cáncer, estaba en quimioterapia y tenía dos grandes motivos por los que luchar, el primero porque me dijeron que iba a ser muy complicado tener hijos, y lo he conseguido, y lo segundo por intentar ser profesional durante muchos años. También lo he conseguido. Han sido dos vidas, antes y después del cáncer y ahora empieza la tercera”. Sufrió tres operaciones, veinte sesiones de quimioterapia y tuvo que asumir la extirpación de un testículo, pero asegura que el deporte le ayudó mucho en su pelea contra la enfermedad. “El ciclista es un deportista individual, es duro. Te forma una personalidad diferente, te haces un luchador. Un día vas con frío, otro con agua, otro con calor. Te tienes que adaptar y eso te forja una personalidad dura, y cuando tienes que luchar para salir adelante, te ayuda. La dureza, la disciplina. Todos los deportes en general requieren de mucho sacrificio. Ayuda mucho ser deportista”.

Esa lucha la tuvo que encauzar a través de los profesionales de la medicina que le diagnosticaron y le curaron. “Yo pongo en valor la sanidad pública. Mi cáncer lo trataron en Osakidetza –Servicio Vasco de Salud–. Escucho a veces quejas y creo que llegan desde el desconocimiento. Cuando he tenido algún percance fuera de aquí y me han tratado, me he dado cuenta de que nuestra sanidad pública es muy fuerte y la tenemos que defender y apoyar. Soy un afortunado. Me trataron de maravilla, me curaron. Soy un defensor del sistema público de salud”.

El ciclista del equipo Trek, es optimista y sólo mira hacia atrás cuando ve a otras personas que sufren. “Pienso en los malos momentos cuando estoy echando una mano a alguien que está en tratamiento. Recuerdo casi todo. Si estuviese pensando mucho en eso, aunque la enfermedad no me venció físicamente, me habría vencido sicológicamente, y no me dejaría vivir ni disfrutar de cada minuto. No puedo malgastar tiempo en esas cosas”

A partir de mañana comenzará a echar de menos su carrera y lo que deja atrás. “Disfrutar del ciclismo ha sido muy bonito y si me quedo con algo es con las vivencias y la gente que he conocido de diferentes culturas y formas de pensar. Eso me ha abierto la mente. Ha sido enriquecedor”.

Markel Irizar no reniega de algunas de las personas que le ayudaron en sus peores momentos, a pesar de que sus nombres están malditos en el mundo del ciclismo. “Las cosas que pasaron no empañan el agradecimiento que tengo hacia ellos. Kepa Zelaia me ayudó cuando tuve cáncer. Fue la persona que me puso en contacto con Radioshack. Me abrió las puertas. Lance Armstrong me ayudó cuando tuve la enfermedad, se preocupó por mí, me mandó una carta y me dio la oportunidad de ir a Estados Unidos, y Johan Bruyneel me aceptó en su equipo. Luego sucedió lo que sucedió, que no es nada agradable. Yo no puedo cambiar la historia, pero una cosa no quita la otra. Supongo que hicieron cosas mal, estuvo mal. Pero reconociendo esto, conmigo se portaron muy bien. Sería hipócrita decir otra cosa”.

El ciclista vasco debutó como profesional en el Euskaltel y después, su carrera se alargó fuera de España. “Estuve en el sitio justo en el momento justo. Pasé del Euskaltel al Radioshack por medio de Kepa Zelaia, de Lance Armstrong y de Johan Bruyneel y luego he tenido una gran conexión con Luca Guercilena en el equipo Trek. He congeniado con Armstrong, con Alberto Contador, con Cancellara o con otros que no tienen tanto nombre. Trabajé muy a gusto con ellos”.

Contador, que fue su jefe de filas, sólo tiene buenas palabras sobre el corredor vasco. “Markel y yo coincidimos en mi último año como ciclista, pero le conozco desde hace tiempo y siempre tuvimos una relación muy buena”. Le pidió que trabajara para él, y no lo dudó. “Aunque solía hacer las clásicas con Cancellara, le pedí que se uniera a mi grupo de confianza para correr todo mi calendario. Fue un corredor muy importante a todos los niveles”, incluso para animar el cotarro. “Si tiene algo Markel es positividad, actitud; crea un gran ambiente en el equipo. Le llamábamos Radio Euskadi, le llamábamos La Voz. Puso otra vez de moda la Bamba en mi última Vuelta a España, cantándola en directo en televisión, y a partir de ese día, los aficionados la cantaban en la puerta del autobús para que bajáramos a firmar autógrafos. Sólo puedo tener elogios hacia él, sigo manteniendo una gran amistad y le tengo un grandísimo cariño”.

Ahora Markel Irizar vive su último día como ciclista. “He tenido todas las facilidades del equipo para elegir cuándo y dónde. Pensé en la Vuelta al País Vasco, pero llegaba muy pronto, y al final decidí que fuera en la Clásica de San Sebastián, cerca de casa, para poder estar con la familia y los amigos. Será especial”, pero no olvidará su aportación a la lucha contra el cáncer. “Eso va muy por encima del deporte. Estamos hablando de vidas. Es la segunda causa de mortalidad en el mundo, pero se están dando grandes pasos. Ahora el cáncer no es morirse sí o sí. Si puedo aportar mi granito de arena lo haré, porque estamos hablando de vida, de seres humanos, de familias, de dramas y de historias de superación. Ese será mi objetivo”.

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