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España puede con el plan y el fútbol de Italia

La selección Sub-19 se clasifica para las semifinales del Europeo tras vencer a un rival tan peligroso como rácano

 La selección sub-19, antes del inicio del choque ante Portugal.
La selección sub-19, antes del inicio del choque ante Portugal. FEF

Se sabe que España pretende un fútbol atildado, un juego que se expresa a través del pase y la posesión. También se conoce que Italia no tiene tan acentuado el gusto por el toque, pero sí una ambición competitiva desmesurada desde la cuna como bien explicó la selección Sub-19, que jugó a la italiana, pícara para disputar el primer tiempo con el viento a favor —así lo decidió tras el sorteo— y aguantar el chaparrón y lo que hiciera falta en el segundo acto. Pero les salió rana la táctica a los azzurri, que sí se avanzaron en la primera parte pero que, empeñados en cerrar su portería antes que en perforar la contraria, acabaron por besar la lona. Derrota que les descabalga del Europeo y que permite a España alcanzar la semifinal como segunda de grupo (tras Portugal) ante Francia.

ESPAÑA, 2 – ITALIA, 1

España: Tenas; Sánchez (Gómez, m. 46), García, Guillamón, Miranda; Blanco (Orellana, m. 74), Moha (Mollejo, m. 91), Sergio Gómez; Torres, Abel Ruiz (Chust, m. 91) y Gil (Marqués, m. 86).

Italia: Carnesecchi; Ferrarini, Bellodi, Gozzi, Udogie; Fagioli (Corrado, m. 86), Ricci, Portanova; Merola (Piccoli, m. 70), Raspadori (Salcedo, 70) y Petrelli (Gavioli, m. 53).

Goles: 0.-1 M. 34. Merola, de falta directa. 1-1. M. 60. Gavioli, en propia puerta. 2-1. M. 68. Abel Ruiz, de penalti.

Árbitro: I. Pletjo (Bosnia). Amonestó a Ferrarini, Guillamón, Merola, Udogie, Fagioli, García, Gómez, Ricci y Gavioli. Doble amarilla a Udogie (m. 83).

FFA Academy Stadium. 1.000 espectadores.

La ruta de ataque italiana era simple y reiterativa, siempre con el pase directo desde la defensa a los movimientos de los tres hombres avanzados. La peleaba Petrelli, que o bien ponía el pecho para bajar el esférico y hacer jugar al equipo con las llegadas desde la segunda línea; o bien peinaba para la carrera de Merola. Pero casi siempre la pedía Raspadori, hábil para girarse y leer los desmarques de sus puntas. Aunque la ofensiva no incomodó en exceso a España, que dio un paso atrás desde la medular y un paso al frente desde la zaga para estrechar los espacios y reducir el margen de maniobra, por lo que la pelota se quedó en sus botas.

Más recursos ofensivos exhibió la selección de Santi Dénia. Lo intentaron sin demasiado éxito Ferran Torres y Bryan Gil por los costados, prodigiosos en el quiebro pero poco atinados en los centros, condicionados por las rachas de viento. Por lo que cobró protagonismo Sergio Gómez, que movió al compás y con la izquierda a todo el equipo. Recortes, pases con el exterior y un manual de cómo escabullirse de la presión rival con y sin la pelota entre los pies. Pero apenas conectó con Abel Ruiz —cuando lo hizo, el delantero se revolvió en el área para inventarse un disparo que le guiñó el ojo al poste por fuera— y el equipo pareció quedarse a medias. Sobre todo cuando Merola, en una falta frontal, cogió carrerilla, le pegó con el interior e hizo diana porque Tenas dio un paso hacia el costado opuesto y ya no volvió. Un gol que sellaba la mitad del plan italiano, pero no la voluntad de España, que replicó de inmediato con una vaselina de Moha y un cabezazo de Miranda que por poco no hacen diana.

Con el viento a favor, España se instaló en casa del rival, de nuevo con las alas abiertas. Un centro de Torres por poco no se lo traga Carnesecchi y otro de Sergio Gómez lo completó Moha con un remate que solo el portero pudo desbaratar. También lo probó Miranda con un disparo lejano. Pero fue en un córner de Sergio Gómez cuando Italia, en botas de Gavioli, se hizo un gol en propia. Energía para España, que poco después resolvió el catenaccio —Italia ya había quitado un punta por un medio y acabó con dos menos, expulsados— y el entuerto con un penalti que transformó Ruiz.

España está en la semifinal porque, por una vez, a Italia le falló el mismo plan de siempre.

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