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El orgullo obrero del primer equipo de Maradona

En 1904 los dos equipos de los trabajadores, compuestos por anarquistas y algunos socialistas, decidieron fundirse en uno: Argentinos Juniors

Maradona, con Argentinos Juniors en el Camp Nou en 1979.
Maradona, con Argentinos Juniors en el Camp Nou en 1979. efe

El fútbol ha ido convirtiéndose, como negocio planetario, en uno de los emblemas del turbocapitalismo. Pero muchas instituciones futbolísticas tuvieron un origen obrero. Algunas incluso hicieron bandera de su ideología izquierdista. El caso más rotundo se llamó, y se llama, Argentinos Juniors.

Ese no fue el nombre inicial. De hecho, al principio se trataba de dos equipos rivales y amigos: Mártires de Chicago, de Villa Crespo, y Sol de la Victoria, de La Paternal, barrios del oeste de Buenos Aires. Lo de Mártires de la Victoria no necesita mucha explicación. En 1904 habían transcurrido solamente 17 años desde el asesinato judicial de los cinco sindicalistas de Chicago que habían participado en la huelga de Haymarket por la jornada de ocho horas diarias. Eso que hoy se conmemora cada Primero de Mayo. Sol de la Victoria se inspiraba en el himno de los socialistas italianos, compuesto en 1886 (el mismo año de Haymarket), en el que se hablaba de la “bandera libre” sobre la que resplandecía “el sol del porvenir”.

En 1904, decíamos, los dos equipos obreros, compuestos por anarquistas y algunos socialistas, decidieron fundirse en uno. Como suele ocurrir en las expresiones sindicales, se les fue un poco la mano con la retórica y eligieron un nombre complicado: Asociación Atlética y Futbolística Argentinos Unidos de Villa Crespo, en siglas AAFAUVC. Según la leyenda, cuando acudieron a encargar un sello el pobre operario de la imprenta les dijo que todo eso no cabía. Y él mismo sugirió una alternativa: Asociación Atlética Argentinos Juniors. Sobre el color no hubo dudas. Rojo, siempre rojo.

Argentinos Juniors ha tenido una vida llena de altibajos. Ha sufrido épocas de penuria y relegación, ha sido tres veces campeón argentino y ha ganado una Copa Libertadores, ha ingresado fortunas, se ha arruinado, y así hasta hoy. Ahora anda en penurias, como muchos otros clubes argentinos. (Conviene precisar que El Bicho, como se le llama, no es un club, sino una asociación: los fundadores tenían ambiciones más allá del deporte). El domingo pasado disputó en su estadio un interesante encuentro, la ida de la Copa de la Liga frente a Independiente, otro rojo. El resultado en el marcador fue de 3-2. El resultado en la caja fue catastrófico. La entidad publicó los números. Ingresó, por abonos y entradas, algo menos de 300.000 pesos. Gastó en policía, seguridad privada, grupo electrógeno y electricista, médico, sonido y vallas más de 800.000. El partido le costó, por tanto, medio millón de pesos. En dólares esa cantidad no llega a 12.000, pero es una suma importante para un país que está como está.

Argentinos Juniors quedará siempre en la historia como la institución que formó el mejor equipo infantil de todos los tiempos, los imbatibles Cebollitas de 1973 y 1974. No se sabe de otro equipo compuesto por niños menores de 14 años que haya protagonizado giras internacionales. La estrella de los Cebollitas, Diego Armando Maradona, debutó en Primera con los mayores de Argentinos Juniors el 20 de octubre de 1976, a la edad de 15 años. Lo que ocurrió a partir de entonces es bien conocido. El estadio se llama hoy Diego Armando Maradona y en su museo alberga una capillita dedicada al ídolo.

Argentinos, sin embargo, tiene un mérito casi comparable al de haber formado a un futbolista supremo. El otro día, el diario Olé publicó unos datos recopilados por Javier Roimiser, médico y fanático del Bicho. Intrigado por la extraordinaria estadística del Ajax de Amsterdam, que lleva 1.751 partidos consecutivos alineando al menos un jugador de la cantera, Roimiser se puso a contar. Y le salió una cifra sorprendente: Argentinos Juniors llevaba 1.666 (cuando se lean estas líneas serán probablemente 1.667) encuentros alineando al menos un canterano. No es el Ajax, pero casi. Los obreros fundadores estarían orgullosos, sin duda, de ese buen trabajo.

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