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Alerta roja en el Bernabéu

Alarmados ante el malestar social que respiran tras el 0-3 de la Copa, los dirigentes del Madrid advierten ahora a Solari de que el clásico del sábado en Liga es vital

Ramos frente a Messi, el miércoles. En vídeo, rueda de prensa del entrenador Solari.

La floración prematura del cerezo en Chamartín o las temperaturas primaverales con un mes de adelanto alertan sobre el calentamiento global del mismo modo que el 1 de febrero, día del sorteo de las semifinales de Copa, los dirigentes del Real Madrid creyeron advertir un oscuro presagio en el calendario. Dicen en su séquito que por primera vez desde que Florentino Pérez tiene memoria se producía la triple coincidencia. Tres partidos decisivos de los tres torneos que marcan la temporada —Copa, Liga y Champions—, disputados contra rivales directos sucesivamente repartidos en siete días. Del 27 de febrero al 5 de marzo, en el Bernabéu y con un equipo que no abandona el estado de precariedad con que arrancó la campaña. Todas las condiciones para que se desate una crisis sin precedentes.

El embudo suponía una amenaza grave de quedar fuera de todas las competiciones del modo más traumático imaginable. Contra el Barça en Liga y Copa, y contra un Ajax bisoño en Champions, bajo el severo escrutinio de los socios siempre insatisfechos del club más rico y exitoso del mundo. Un drama que este miércoles comenzó a parecerse a los peores presagios con la derrota en el primer duelo de la tríada.

El desarrollo del 0-3 ante el Barça no solo eliminó al Madrid de la final de Copa de manera contundente. Lo peor del partido, según fuentes del club, es que reveló a la masa social que al equipo le falta un goleador, circunstancia que apunta a lo que parece evidente: un clamoroso fallo de cálculo en la venta de Cristiano sin antes asegurar un sucesor de categoría.

La ausencia de un goleador que contrarreste a Suárez, Messi o Dembelé fue la explicación más repetida del entrenador, Santiago Solari: “Nos faltó contundencia”. El técnico sintonizó con los líderes del vestuario. Casemiro fue rotundo: “El Barcelona tiene grandísimos jugadores adelante que te pueden hacer daño. Nosotros hemos creado muchísimas oportunidades y no hemos matado el partido. Nos ha faltado la puntería”. A la directiva no le gustaron las palabras de Casemiro —muy amigo de Cristiano— y mucho menos las de Solari.

Los despachos del Bernabéu registraron una agitación sin precedentes en la madrugada del jueves. En previsión de que un derrumbe en todos los frentes exija presentar un proyecto nuevo a los socios la semana próxima, el club retomó la idea de contratar a José Mourinho, que entre octubre y enero rechazó hasta cinco propuestas formales de hacerse cargo del banquillo. Florentino Pérez no pierde la esperanza de que el entrenador portugués acepte el reto de dirigir la reconstrucción con vistas a la temporada que viene. Al dirigente le preocupa la ausencia de una figura popular en el banquillo, alguien con espesor para amortiguar las críticas en la eventualidad del fracaso. Alguien que, a diferencia de Solari, goce de la reputación necesaria para asumir la responsabilidad de las decisiones deportivas de forma convincente.

“¡Nos meten seis!”

“Esto es como una operación a corazón abierto”, señaló un testigo del trajín que desató el 0-3. De entrada, los dirigentes resolvieron cambiar el plan de asalto. Si en un principio habían acordado con Solari poner todo el arsenal en la semifinal de Copa del miércoles, dar descanso a los jugadores más fatigados en el clásico de Liga del sábado, y el martes volver a desplegar al equipo titular contra el Ajax en los octavos de Champions, el 0-3 alteró la perspectiva.

Temerosos de que otra derrota abultada ante el Barça desencadene las protestas del público, los dirigentes han trasladado a Solari la necesidad de volver a poner a los jugadores más en forma este sábado. Por razones políticas, el clásico de Liga adquiere una repentina importancia vital. El técnico, que había contemplado la posibilidad de formar una alineación titular que incluyera a los menos habituales, como Ceballos, Nacho, Marcelo, Bale o Asensio, recibió sugerencias en sentido contrario.

El nerviosismo que expresó Sergio Ramos tras el penalti convertido por Suárez (0-3) fue sintomático. “¡Vamos que nos meten seis!”, gritó el capitán a sus compañeros en plena debacle ante el Barça. Ningún jugador interpreta mejor que Ramos la figura del líder dentro del campo y su presencia suele tranquilizar a los compañeros y al público. Este miércoles, sin embargo, Ramos también dio muestras de nerviosismo. La semana fatídica ha empezado de la peor manera.

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