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ATLETISMO

Una sentencia histórica condena a Miguel Ángel Millán a más de 15 años por abusos sexuales

El entrenador de Antonio Peñalver lleva ya dos años en prisión preventiva. La Audiencia de Tenerife señala como responsable subsidiaria a la federación española de atletismo

Miguel Ángel Millán, durante el juicio. En vídeo, relato de víctimas, testigos y familiares que denunciaron en 2016 a EL PAÍS los supuestos abusos y la manipulación del entrenador en Alhama de Murcia.

Solo tres años más tarde ha podido Elisa brindar feliz por una noticia que le ha devuelto la fe en la humanidad y en la justicia. Elisa es la madre de Eduardo. La noticia que le llevó a abrir una buena botella de vino de Jumilla (Murcia) se la comunicó por teléfono el abogado de su hijo: “Ya hay sentencia”, le dijo. “La Audiencia de Tenerife ha condenado a Miguel Ángel Millán a 15 años y medio de prisión por los abusos sexuales continuados que cometió durante dos años sobre Eduardo, tu hijo, y sobre Pablo, su compañero en el club de atletismo. Y, esto es importante, considera a la federación española de atletismo responsable civil subsidiaria, por si Millán no tiene los 35.000 euros de indemnización a que le han condenado también”.

Cuando Millán, su entrenador de atletismo en el club Tenerife Caja Canarias, cometió los abusos por los que ha sido condenado, ambos jóvenes, Eduardo y Pablo, eran aún menores de edad. Millán, nacido en 1950, en Lorca (Murcia) era hasta que Eduardo le denunció, uno de los entrenadores más respetados del atletismo español. Su momento de gloria había llegado en 1992, el verano en que Antonio Peñalver, por él entrenado en Alhama (Murcia) había conseguido la medalla de plata en el decatlón de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Millán fue profesor en un colegio de Alhama hasta que los padres de varios niños, incluido Peñalver, se enteraron de que había abusado de ellos. Le expulsaron del pueblo. La federación rompió su contrato.

Después de unos años de estancia en Extremadura, Millán y su familia se establecieron en Tenerife a principios de siglo. Poco después, la federación de atletismo, aún presidida por José María Odriozola, le contrató de nuevo. Ascendió hasta convertirse en unos de los técnicos de referencia, siempre escuchado, siempre valorado, del Comité Técnico Nacional. Solo cuando el juzgado de Tenerife creyó en la denuncia de Eduardo, en noviembre de 2016, varios meses después de presentarla por primera vez, y la policía comenzó a investigarlo, rompió la federación el contrato con Millán.

Todo esto lo cuenta una sentencia dura como pocas en casos de abusos sexuales (15 años y seis meses es una de las condenas más altas que se han pronunciado en España contra un abusador), de la Audiencia Provincial de Tenerife redactada por su presidente, el magistrado Joaquín Astor Landete. La sentencia también es pionera en cuanto establece una responsabilidad de la federación española de atletismo que este organismo nunca ha querido asumir.

Los testimonios de Alhama

La sentencia, recurrible ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, aunque tanto la acusación particular dirigida por Pedro Revilla como la fiscalía se dieron por satisfechos, también precisa que Millán no deberá acceder al tercer grado penitenciario hasta que no haya cumplido la mitad de la condena, por lo menos, y que después sufrirá 15 años de libertad vigilada con obligación de asistir a cursos de rehabilitación y la prohibición de trabajar con menores y de acercarse a sus víctimas.

El juez ponente reconoce en su sentencia la dificultad de enervar la presunción de inocencia de un acusado que, como Millán, negó en todo momento los hechos, contando solo con el testimonio de las víctimas como prueba ya que cuando abusaba de ellos el condenado les obligaba a los jóvenes a borrar todos los mensajes de sus teléfonos y cualquier detalle que pudiera comprometerle. Sin embargo, recoge la sentencia, no solo el testimonio de Pablo y Eduardo fue absolutamente creíble hasta cobrar el valor de prueba objetiva, sino las declaraciones de todos los testigos convocados por fiscalía y acusación particular –atletas coetáneos de Pablo y Eduardo que habían sufrido también abusos pero que solo los denunciaron cuando habían pasado los cinco años que crean la prescripción; los de casi una decena de atletas de Alhama, ya en su cincuentena, que callaron hace más de 30 años, cuando los sufrieron en Alhama–, que coincidieron en su espontaneidad y en su rigor, y que trazaron todas un perfil de acción similar.

Millán, considerado un semidiós por todos a los que encantaba, se prevalía de su diferencia de edad y de su posición para llevar a cabo sus acciones venciendo la resistencia de sus víctimas, jóvenes sin especial valor atlético a los que prometía que convertiría en figuras.

El papel de Elisa

La sentencia dedica dos párrafos especiales a dos personas. A una, a Elisa, la madre de Eduardo, la ensalza; a la otra, al expresidente de la federación de atletismo Odriozola, lo critica.

“Eduardo encontró además el apoyo extraordinario de su madre, Elisa, para enfrentarse a lo sucedido y denunciar formalmente los hechos dando inicio a este procedimiento. La Sra. Elisa describió al Tribunal cómo ayudó a su hijo a reconstruir los hechos (se trataba de abusos que se habían prolongado en el tiempo y que, además, habían terminado varios años atrás), ayudándole a recopilar sus recuerdos de cada uno de los encuentros que tenía en su memoria y, cuando era posible, buscando la fecha de cada uno de ellos consultando la fecha de la competición o campeonato en que se habían producido”, se puede leer. “Esta declaración, coincidente con la de Pablo, explica cómo le resultó posible a Eduardo precisar las fechas de gran parte de los contactos sexuales que había mantenido con Millán (recordaba lo que había ocurrido en muchas de las competiciones, y bastaba recopilar en internet información relativa a las fechas en que habían tenido lugar)”.

Antes de todo eso, Elisa se movilizó el mismo día que Eduardo le contó que algo pasaba con Millán. Denunció, peleó cuando su primera denuncia fue archivada porque el juez no creía nada a su hijo y el fiscal no mucho más, azuzó a la policía para que investigara el pasado de Millán, convocó a los atletas de Alhama, quienes, con su testimonio de apoyo, pudieron más de 30 años después lavarse el sentimiento de culpa por haber guardado silencio entonces. La palabra les liberó a todos y condenó a Millán bajo una losa de testimonios abrumadores. Solo cuando Peñalver, Alonso Sánchez, Ginés Hidalgo, Javier Gómez Cala, Ginés Ramírez, Francisco Toledo y Gabriel Sánchez, todos ellos atletas de Alhama entrenados y abusados en los años 80, hablaron con la policía por primera vez accedió el juez a abrir el caso. Semanas después, Pablo se sumó a la denuncia.

Ningún protocolo de actuación

Ni la acusación particular ni la fiscalía encontraron pruebas sólidas de que la federación fuera conocedora ya en 1992 de las acusaciones de abusos contra Millán. La Audiencia Provincial de Tenerife, sin embargo, halló modo de convertirla en responsable civil subsidiaria, y también al club de atletismo Tenerife, donde trabajaba Millán. Recuerda la sentencia que aunque Odriozola declaró que a él nadie le informó nunca de nada, uno de los testigos afirmó “que en 1993, junto a otros atletas de Decatlón, Javier Aledo y los hermanos Benet Martín, miembros de la selección española a cargo de Millán, tras la marcha de éste, hablaron con el Sr. Odriozola sobre los hechos que ahora declara y para reconducir su futuro”.

“No se ha podido acreditar con la suficiencia necesaria, pese a lo expuesto, que Odriozola conociera en toda su amplitud los abusos sexuales que se estaban produciendo en el ámbito del atletismo de los menores de edad federados y por parte de quien estaba vinculado, en los términos expuestos, a la Real Federación Española de Atletismo”, concluye la sentencia. “Sin embargo, la Real Federación Española de Atletismo, por medio de su presidente no instrumentalizó ningún protocolo de actuación que permitiera controlar la relación entre entrenadores y entrenados o, cuando menos limitar o minimizar los riesgos de que como consecuencia de la prevalencia derivada de dicha relación pudieran acaecer los hechos que ahora son objeto de enjuiciamiento. De esa falta de control y vigilancia se deriva la responsabilidad cuasi objetiva objeto de la condena”.

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