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Kepa es mucho Kepa

El portero del Chelsea, que se negó a salir cedido por tercera vez en el Athletic, ha calculado al milímetro su trayectoria profesional

Arrizabalaga, durante el partido contra el City en Wembley. En vídeo, declaraciones del entrenador Maurizio Sarri sobre Kepa. Foto: Getty | Vídeo: Atlas

Hay veces en que las descripciones las carga el diablo. Cuando en 2012 Kepa Arrizabalaga (Ondarroa, 1994) jugaba el Europeo sub-19 con la selección española, un periódico enumeraba sus valores: “Es el jugador que todo entrenador querría tener. Educado, amable y muy respetuoso con los demás. Nunca tiene un mal gesto”. Hasta el pasado domingo, por lo visto, cuando al criador de pájaros cantores que defiende la portería del Chelsea, se le cruzó un cable y decidió menospreciar la autoridad de su técnico y negarse al cambio, respaldado en un apartado del reglamento que solo él parecía conocer entre los futbolistas, porque no hay precedentes de una reacción similar.

Pese a los aspavientos en la final de la Carabao Cup, Kepa es frío como un témpano, en sus decisiones sobre el césped y fuera del campo; como si se hubiera criado jugando en las cámaras frigoríficas de los pesqueros que faenan en los mares del norte y colorean el puerto de Ondarroa, un pueblo de menos de 9.000 habitantes, cuna de pelotaris y de porteros. Los últimos, Eñaut Zubikarai, que jugó en la Real; Iñaki Bergara, que es actualmente entrenador de porteros en la selección belga con Roberto Martínez; o Pello Agirreoa, que jugó en el Athletic, Elche y Tenerife.

La frialdad de Kepa Arrizabalaga se sustancia en esos dos días de agosto que le sirvieron para romper con el Athletic y fichar por el Chelsea. No acudió al entrenamiento en Lezama, viajó a Madrid y apareció en la T4 de Barajas con una sudadera cerrada con gorro –pese a los 35 grados de la capital–, mirada al frente, ni una sola respuesta a los periodistas, camino del reconocimiento médico. Al día siguiente, ya en Londres, manifestó que aquello era un sueño.

Más o menos, lo mismo que afirmó unos meses antes en Bilbao, ante un enjambre de informadores, cuando apareció en rueda de prensa para anunciar su renovación con el Athletic, que se había aplazado más de un año. No movió ni un músculo de su cara ante las preguntas más incisivas sobre su fidelidad al club. Después de meses de silencio, el día anterior se permitió el primer guiño de cara a la galería: se dejó ver en el campo de Zaldupe, el del equipo de su pueblo, el Aurrera, durante el partido de División de Honor de Bizkaia contra el Erandio, y se hizo una foto con varios seguidores del equipo visitante. Ese gesto se interpretó como el de la renovación inminente, que se sustanció un día después.

El flirteo con el Real Madrid

Tras año y medio de silencio, con varios intentos de renovación por parte de la directiva de Josu Urrutia, Kepa aceptaba firmar un nuevo contrato con el Athletic que suponía una cláusula de rescisión de 80 millones de euros. El club bilbaíno parecía sortear el peligro de una salida prematura por 20 millones, y contó para esa cuestión con un aliado inesperado. Zinedine Zidane, entrenador del Real Madrid, el club que estaba dispuesto a abonar la cláusula y que por tres veces negó la llegada del guardameta con la misma letanía: “No necesito un portero ahora”. Kepa se lo pensó con frialdad. Decidió aceptar la millonaria oferta rojiblanca y esperar otra oportunidad.

Como había hecho cuando el club decidió, en 2015, que la Segunda B se le quedaba pequeña y el portero progresaría mejor en un equipo de Segunda. Eligió la Ponferradina, donde jugó seis meses y conoció el frío invierno berciano. Al año siguiente, el jugador, que había ingresado con 12 años en Lezama, volvió a hacer las maletas, esta vez camino del Valladolid de Gaizka Garitano –el actual entrenador del Athletic–, porque Ernesto Valverde decidió confiar en Iraizoz y Herrerín.

Con la renovación ya en el aire, en la temporada 2016-17, Valverde decidió llevar a cabo un extraño experimento, que salió bien casi por casualidad. Pretendió ceder de nuevo a Kepa. Esperaba el Deportivo. El guardameta se negó a salir de Bilbao, así que el técnico comenzó una rotación con los tres porteros. Iraizoz y Kepa empezaron a alternar en la Liga y Herrerín jugaba competición europea.

Indiscutible en Londres

Sin embargo, antes de que se cerrara el mercado de invierno, Herrerín aceptó irse cedido al Leganés y en enero, Kepa Arrizabalaga cayó lesionado al sacar de puerta en el minuto 35 del partido frente al Alavés. Valverde se quedaba, de repente, solo con Iraizoz y el Athletic tuvo que repescar de urgencia a Alex Remiro, cedido en el Levante, por el que tuvo que pagar una indemnización. Para entonces Kepa ya se había hecho con la titularidad, a la que regresó tras casi dos meses parado. Su renovación seguía detenida mientras su progresión en el césped resultaba innegable.

La cláusula de 20 millones se quedaba corta. Hasta que Zidane le echó un capote al Athletic, en una jugada maestra del futbolista, frío, calculador, sin exhibir ninguna emoción, que esperó unos meses hasta que el Chelsea llamó a su puerta. Su salida inesperada de Bilbao se resume en una frase de Ander Iturraspe, todavía conmocionado: “Le conozco de toda la vida, estoy en mejor situación que cualquiera para explicarlo… Y no sé por qué se ha marchado”.

En Londres, con el Mundial de por medio, en el que no jugó ni un minuto pese a la controversia sobre la figura de De Gea, ha sido indiscutible para Sarri, hasta el último minuto de la prórroga de la Carabao Cup de Wembley. Ahora, su figura está en entredicho para la prensa inglesa y los aficionados del Chelsea.

SARRI, ANTES DEL DUELO CONTRA EL TOTTENHAM: “QUIERO ENVIAR UN MENSAJE A MI GRUPO”

Sarri, durante la rueda de prensa.
Sarri, durante la rueda de prensa. Reuters

Ante el choque liguero de esta noche frente al Tottenham (21.00, Movistar+ LC2) en Stamford Bridge, el técnico Maurizio Sarri se debate entre alienar o no al portero, aunque a tenor de las declaraciones que hizo ayer, parece que Kepa ocupará un asiento del banquillo porque el técnico dice querer transmitir un mensaje a la plantilla.

“¿Si jugará? Tal vez sí, tal vez no”, respondió enigmático a los periodistas en la conferencia. “Hay unas consecuencias. Si la consecuencia es que él juegue, debe estar preparado para jugar; si la consecuencia es el banco, debe estar preparado para ir al banco”, continuó. “Será una decisión para el grupo, para todos los jugadores. Quiero enviar un mensaje a mi grupo. El mensaje podría ser que Kepa juegue o que se quede fuera. Tengo que decidir qué es lo mejor para mi grupo”, agregó.

Cabe recordar que Arrizabalaga se disculpó con el preparador y sus compañeros al terminar el encuentro del domingo. Sarri aludió a un “malentendido” y ayer intentó atenuar de nuevo el caso: “Hablé con él, por supuesto. Después, hablamos todos juntos. Él se disculpó ante todo el cuerpo técnico, pero eso no era suficiente. Se disculpó ante sus compañeros, ante el club. Creo que cometió un gran error, pero no queremos matarlo”.

A raíz del episodio en Wembley, donde el Manchester City de Pep Guardiola superó al Chelsea en la tanda de penaltis, el club londinense le impuso a Kepa una multa de una semana de salario; es decir, de unos 225.000 euros. El guardameta vizcaíno, de 24 años, ha sido titular esta temporada en las 26 jornadas de la Premier League que se han disputado hasta ahora.

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