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El optimismo desafía al realismo

Un Madrid en racha, personalizado en Vinicius y Benzema, visita el Camp Nou en un torneo dominado por el Barça de Messi, convocado y duda hasta última hora

Leo Messi se entrena junto a sus compañeros este martes. En vídeo, Valverde decidirá si juega Messi en función del entrenamiento.

Empieza este miércoles (21.00, La 1, Gol y TV3) una serie de tres clásicos, dos de la Copa del Rey (día 6 en el Camp Nou y día 27 en el Bernabéu) y uno de LaLiga (2 de marzo en Chamartín), decisivos para calibrar las fuerzas del Barcelona y del Real Madrid.

Los madridistas acuden encantados a la cita porque necesitan de un duelo exigente para certificar ya mismo si las buenas sensaciones ganadas ante rivales accesibles les alcanzan también para batirse con los mejores, ninguno últimamente tan calificado en los torneos españoles como el Barça, rey copero, campeón de las cuatro últimas ediciones, 30 títulos, siete más que el Athletic.

Los azulgrana no pierden una eliminatoria de Copa desde 2013. Ocurre que su verdugo fue precisamente el Madrid, el mismo que también le derrotó en las finales de 2011 y 2014, partidos que se recuerdan por los goles de Cristiano Ronaldo y Bale. Ya no está el portugués y hay dudas sobre la titularidad del galés. El Madrid es hoy un equipo nuevo que se expresa en el rostro radiante de Vinicius, en el abnegado esfuerzo de Reguilón, en el espíritu de equipo de Lucas Vázquez y en el talento de Benzema.

Autor de seis goles en los últimos cuatro partidos, el delantero centro francés es el punto de encuentro de un equipo paciente, equilibrado y estable que suma cinco victorias consecutivas, un registro suficiente para explicar un optimismo que contagia al Bernabéu. Avalado por su currículum, no hay club en el mundo que se venda mejor que el Madrid.

El optimismo madridista contrasta con el realismo del Barça, campeón y líder de LaLiga, vencedor de una muy buena ronda de cuartos de Copa contra el Sevilla. A los azulgrana les avala la figura de Messi, autor de tantos goles (29) como la suma de Benzema (18) y Bale (11) y líder de un equipo que intenta simultanear LaLiga y la Copa sin disimular su obsesión por la Copa de Europa.

El 10, máximo goleador en los clásicos con 26 dianas en 38 encuentros, es ahora mismo duda para el partido —ha sido convocado mientras continuará de baja Dembélé—. El rosarino se quedó paralizado el sábado en el encuentro ante el Valencia y, desde entonces, el barcelonismo se mueve en la incertidumbre, sin saber qué le conviene, presa del síndrome de Roma. Hay momentos en que aparentemente le puede la pereza, o intenta administrar los esfuerzos, y en ocasiones le motiva un partido por el que presumiblemente no le pedirán responsabilidades y en cambio afronta como si se tratara de una final, pocos como la visita del Sevilla (6-1).

Los mano a mano con el Madrid suponen en cualquier caso un reto ineludible para el Barça con independencia del torneo, incluida la Copa. Valverde deberá medir más que nunca una alineación que hasta última hora estará pendiente de Messi, un jugador que curiosamente nunca le ha marcado un gol al Madrid en los seis partidos de Copa a pesar de sumar ya 50 tantos, 14 menos que el mítico Samitier (64).

Ausente por lesión Cillessen, el azulgrana es un equipo hecho y derecho con distintos registros y multitud de recursos en la defensa y el medio campo —no es lo mismo jugar con Arthur que con Arturo—, y por el contrario dependiente en la delantera de Messi y Luis Suárez. Los diferentes jeroglíficos siempre han encontrado la misma solución en un jugador que funciona mejor como medio que en el lateral: Sergi Roberto.

No quiere el entrenador asumir riesgos ni apostar por futbolistas que jueguen con el freno de mano puesto en una ronda “sin favorito” con o sin Messi. Así se expresó Valverde, que jugará con la alineación hasta el último momento, favorecido por una norma: jueguen o no, los futbolistas azulgrana deben acudir a la cancha cuando el encuentro se celebra en el Camp Nou.

Las alternativas de Solari

Al entrenador azulgrana, siempre pendiente de que la formación no desnaturalice al equipo, le condicionan las lesiones mientras que el madridista se maneja en la abundancia, siempre escrutado por la directiva que preside Florentino Pérez. A Solari le toca elegir entre Vinicius, Lucas Vázquez y Bale, y entre Reguilón y Marcelo. No es una decisión cualquiera si se tiene en cuenta que el futuro de algunos de los últimos técnicos blancos dependía del resultado del clásico: Benítez y Lopetegui firmaron su destitución mientras Zidane se proyectó a partir de un triunfo (1-2) en el Camp Nou. La comparecencia de Solari se presenta por tanto como importante para su carrera en el Madrid.

El recuerdo del último 5-1, victoria firmada sin Messi, estimula al Barcelona y escuece al Madrid. A pesar de su juego irregular, hasta ahora los azulgrana han sabido manejarse a la carta, solventes en los encuentros importantes, mientras que el madridismo aspira a impulsar su candidatura a partir de su paso por al Camp Nou.

Hasta su última visita, al Madrid se le daba casi tan bien el estadio azulgrana como a los barcelonistas el Bernabéu, circunstancia que añade interés al cruce de ahora en semifinales, con desenlace en Chamartín. Nada le iría mejor al Madrid que despegar a partir de una victoria sobre el Barça, de la misma manera que los expertos muchachos de Valverde reafirmarían su hegemonía con un triunfo sobre el nuevo Madrid de Solari. Ahora es Vinicius quien quiere jugar contra Messi cuando hace tres meses el desafiante con Lopetegui era Isco.

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