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La última batalla de los Hispanos

Pese a que aún tiene una opción remota de entrar en semifinales, el partido de este lunes contra Brasil es una final para lograr un billete para el preolímpico

mundial de balonmano
El seleccionador Jordi Ribera, en el Francia-España. EFE

Aunque todavía mantiene viva una opción remota de entrar en semifinales, el objetivo más realista de España es mirar ya a los Juegos de 2020, una batalla mayor. El Mundial no solo pone en juego el título, sino también seis plazas para el preolímpico. Del segundo al séptimo clasificado lograrán un puesto para el torneo que se celebrará en la primavera de 2020, probablemente en abril, en una sede por determinar.

Las dos derrotas contra Croacia y Francia en apenas tres días han obligado a los Hispanos a reenfocar sus aspiraciones. Ahora la mente en la concentración española ha viajado a Tokio. La ausencia olímpica en Río 2016, la primera en 40 años, fue el gran patinazo de esta generación de jugadores, que reconocen que es una obsesión obtener uno de los 12 billetes de la cita asiática.

La victoria de este domingo de Brasil ante la selección balcánica (29-26) ha convertido el partido de este lunes de España con los cariocas (18.00, Teledeporte) en una final. Ganar es el primer paso para entrar en ese preolímpico. Perder le impediría luchar por esa séptima plaza del Mundial y lo tendría que fiar todo al Europeo de dentro de un año.

Derrotar a la canarinha le aseguraría el cuarto puesto de su grupo en esta segunda fase y podría disputar un duelo decisivo contra el cuarto del otro grupo por esa séptima posición. Incluso, si logra adjudicarse los dos encuentros que le restan (Brasil y Alemania), aún podría terminar en tercera posición (en función de otros resultados), lo que le daría acceso directo al preolímpico porque pugnaría por el quinto y sexto lugar del Mundial.

El preolímpico es ahora la ruta más accesible hacia Japón, aunque no la única. En el Europeo que se celebrará en enero de 2020 en tres países (Austria, Noruega y Suecia), el campeón irá de forma directa a Tokio, o el subcampeón si el oro se lo cuelga el mismo que este Mundial. Además, los dos primeros clasificados en ese torneo que no hayan obtenido antes una plaza para el preolímpico, también la lograrán. Todo un enjambre de posibilidades para un objetivo que es imperioso. El camino a los Juegos es largo, pero el primer paso no admite atajos: derrotar a Brasil.

Será un duelo familiar para Jordi Ribera, que se enfrentará a su pasado. El seleccionador entrenó al conjunto sudamericano en dos épocas (2005-08 y 2012-16) y muchos de los jugadores actuales de la canarinha los dirigió, e incluso formó, el preparador español. “Se sigue trabajando con la misma idea con la que arrancamos allí y que dio sus frutos. De hecho, el entrenador [Washington Nunes] fue ayudante mío y todos los técnicos que están detrás se formaron con nosotros”, explica Ribera. “Buscamos cambiar el perfil de la plantilla para los Juegos de 2016. Quizás entraron algunos excesivamente jóvenes, pero que a partir de ahora van a tener una mayor expresión. Ellos me siguieron a ciegas y parte del éxito fue esa entrega al proyecto, que abarcaba al primer equipo y las categorías inferiores”. Para este duelo, la Federación ha anunciado este lunes por la mañana el regreso a la lista de convocados del portero Rodrigo Corrales, lesionado el pasado viernes tras caerle encima una valla publicitaria, en lugar de Arpad Sterbik, su sustituto el sábado ante Francia.

Mientras, los más optimistas siguen desgastando la calculadora para averiguar las opciones de acceder a las semifinales, que aún existen: ganar los dos duelos que quedan, que Francia derrote a Croacia, y que los balcánicos y alemanes empaten.

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