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El rescate de Dembélé

Ante las reiteradas faltas de conducta del galo, el Barça recurrió a su agente y a su madre, y Luis Suárez también intercedió

Dembélé corre con el balón ante el Eibar. Ampliar foto
Dembélé corre con el balón ante el Eibar. REUTERS

“El vestuario estaba harto de Dembélé”. La respuesta se repite en cada estamento del Barcelona. “Incluso estaban más cansados de él sus compañeros que el cuerpo técnico”, subrayan en la Ciudad Deportiva del Barça. La falta de puntualidad —no solo llegaba tarde a los entrenamientos de forma reiterada sino que algún día incluso faltó— y su displicencia en la cancha chirriaban en el grupo comandado por Ernesto Valverde. Nada, sin embargo, comparado con lo que colmó la paciencia de sus compañeros. “Más allá de que estaba todo el día con el móvil, sin prestar atención a nada, lo que realmente molestó fueron algunos de sus desplantes”. Entonces, con la cuerda al límite, la directiva, el cuerpo técnico y el vestuario concedieron: hay que rescatar a Dembélé. Y el plan, por ahora, funciona.

La primera estrategia del club fue contactar con el representante del francés: Moussa Sissoko. El empresario, por su contexto familiar, vive en Londres. “Tienes que venir de forma más continuada a Barcelona y controlar un poco más a Ousmane”, le advirtieron desde la entidad azulgrana, a finales de octubre pasado. Dembélé pasa la mayor parte del tiempo en Barcelona con un amigo de toda la vida y su tío más pequeño. Dos personas queridas por el francés, coetáneos, aunque ajenos a la vida de un futbolista profesional. Sissoko llegó a Barcelona con la madre de Dembélé. Según confirman fuentes cercanas al internacional, ese día empezó a entender de qué iba la película. “Estás en el Barcelona, uno de los mejores equipos del mundo y juegas al lado del mejor de la historia. ¿Quieres tirar todo por la borda? ¿Es eso lo que realmente quieres?”, le preguntó Sissoko. La madre del futbolista, a su lado, le apoyaba —el padre abandonó el entorno familiar cuando él era pequeño—.

Algo había cambiado. Y en ese momento, sin una coordinación premeditada, intervino el secretario técnico, Eric Abidal —“no solo es francés sino que hablan el mismo código”, subrayan en el Camp Nou— y el vestuario. Uno de los primeros en hablar públicamente fue Piqué. “Tenemos que ayudarle a entender que el fútbol son 24 horas. Y habrá veces que no es solo hacerlo, sino también aparentarlo”, expuso el central. Rakitic precisó: “No es fácil llegar al club más grande del mundo y lidiar con la presión diaria. Tienes que darle tiempo. Tiene cualidades increíbles y acabará dando el paso. Hay que tener paciencia y, a veces, se debe hacer la vista gorda con un jugador así. Vale la pena cuando tienen una gran carrera por delante”. Siempre más cerca de los franceses del vestuario, Lenglet y Umtiti, Dembélé también se supo ganar el cariño de los dos pesos pesados. La actitud del francés se coló en varias charlas de Messi y Luis Suárez.

El castigo

De entrada, el 10 se interesó por el talento innato del francés, mientras que el uruguayo, menos parco que el argentino, fue el encargado de pegarle el tirón de orejas. Primero tuvo una charla privada con el extremo, para después señalarlo públicamente en el último parón de selecciones. “Ser futbolista es un privilegio. Ousmane debería concentrarse en el fútbol e inspirarse en los ejemplos de profesionalidad del vestuario. Tiene que ser más responsable”, sentenció Luis Suárez.

Ernesto Valverde también conversó con Dembélé. El preparador azulgrana nunca perdió los papeles con el atacante, lo señaló cuando lo creyó conveniente —lo dejó fuera de la convocatoria ante el Betis por ausentarse a un entrenamiento sin permiso— como también lo protegió en sus reiteradas chiquilladas. Hasta el seleccionador francés, Didier Deschamps, salió a defenderlo cuando más expuesto estaba Dembélé. “Es joven, necesita estar acompañados por el club también. Todos cometemos errores, tampoco han sido tan graves, aunque siempre es mejor que no se hable de él por temas extradeportivos”, expuso el técnico francés.

Ya no había dudas, algo tenía que pasar. “Tienes que cambiar, hijo”, le pidió la madre. Y Dembélé la escuchó. “Ahora van a ver al verdadero Ousmane”, le dijo a su mamá y a su representante. Parece que lo entendió. Desde aquella última convocatoria con Francia, Dembélé jugó 10 partidos (ocho de titular): marcó cuatro goles, dio tres asistencias y regateó a 49 rivales (un éxito del 61,22%). “A Coutinho le ha pasado un poco por encima Dembélé”, subrayó Jon Aspiazu, segundo entrenador. “Ha entendido algunas cosas, ahora nos está dando goles y asistencias casi en cada partido”, lo piropea Lenglet.

Valverde incluso le dejó en el banquillo contra el Eibar para ganarse a Coutinho, consciente de que el francés lo comprendería. Entendió, sí, pero antes el Barça puso toda la artillería al rescate de Dembélé.

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