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La última de Dembélé

El extremo francés del Barça se ausentó sin avisar del entrenamiento del jueves y acumula varias faltas de conducta

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Dembélé, en el campo del Rayo Vallecano. AFP

No es ninguna novedad que la prisa es una mala consejera; lo extraño, sin embargo, es cuando alguien se tapa los oídos para escuchar buenos consejos. Cuando Neymar pegó el portazo el verano pasado, el Barcelona andaba desesperado por frenar el efecto futbolístico, pero sobre todo social, del adiós del brasileño. Antes de que Robert Fernández, el entonces secretario técnico, fichara a Ousmane Dembélé al Borussia Dortmund, en el club azulgrana recibieron un aviso. “Es talento puro, pero tened cuidado con Dembélé”. No era un consejo ni un consejero cualquiera. Marc Bartra, que conocía bien al extremo francés de su paso por el Dortmund, no quería que el Barcelona se llevara a engaño. No le escucharon y el club pagó 105 millones de euros (más 40 en variables) por el delantero francés.

La rebeldía del francés en el Dortmund

Cuando comenzó a negociar con el Barcelona, Dembélé se rebeló en el Borussia Dortmund. El club alemán sabía que el Barça tenía dinero después de que Neymar pagara su cláusula de rescisión y se puso duro en las negociaciones. No contaba el Dortmund con la actitud desafiante del francés, que empezó a forzar su salida. El extremo no se presentó a un entrenamiento sin que el club alemán supiera nada de él. Lo multaron. Ya había tenido una actitud similar en el Rennes con 18 años. “Tiene mucho que agradecer al Dortmund y debía mostrar un determinado comportamiento”, lo criticó en su momento Michael Ballack, exinternacional con Alemania. “Dembélé tuvo la oportunidad de hacerse un nombre en Dortmund. Aquí se convirtió en el jugador que el Barcelona quiso comprar”, sumó Roman Weidenfeller, capitán del Borussia. “Ese tipo de comportamiento no es aceptable. Punto”, subrayó su seleccionador en Francia, Didier Deschamps.

El fútbol de Dembélé estaba por pulir, también su conducta. Cuentan quienes conocen el recorrido del extremo que el técnico Thomas Tuchel (hoy al mando del PSG) dedicaba mucho tiempo a encarrilar al delantero. Ernesto Valverde y su cuerpo técnico también han dedicado horas de trabajo para hablar con el francés, de 21 años, pero su actitud ha colmado la paciencia del Txingurri y sus allegados. Ya a nadie le extraña en la Ciudad Deportiva del Barcelona que Dembélé llegue tarde a los entrenamientos, tampoco sorprenden sus viajes a Marrakech o a París sin la autorización del club. Desordenado en su estilo de vida y en su alimentación, el club tuvo que asignarle un cocinero para evitar que su dieta se convirtiera exclusivamente en comida basura.

Poco a poco en el vestuario se hartaron de la actitud del jugador francés, solo refugiado en sus compatriotas, Umtiti y Lenglet. “Creemos que tampoco le interesa demasiado cambiar, mucha gente ha hablado con él y no hace nada diferente”, explican desde el vestuario. El tirón de orejas llegó primero en privado, después en público. Cuando Messi se rompió el brazo ante el Sevilla, Valverde no eligió a Dembélé para reemplazarlo en el primer duelo ante el Inter, ni en el clásico, ni tampoco ante el Rayo Vallecano. En el lugar del 10, jugó, de entrada, Rafinha. “Cualquier jugador puede perder un balón. La cuestión es lo que se hace después: la reacción que se tiene ante una pérdida”, le tiró de las orejas Valverde en la sala de prensa. Y, entonces, cuando parecía que dejaba el purgatorio, Dembélé la volvió a liar.

Siempre tarde

Fue el último en comparecer en el vestuario antes de viajar a Milán. Valverde no se lo tuvo en cuenta y lo puso en el once inicial frente al Inter. En el campo no desentonó; el problema es fuera de la cancha. Este jueves no se presentó en el entrenamiento. Según informó RAC1, el Barcelona tardó una hora y media en contactar con Dembélé. Una vez localizado, el internacional francés aseguró que se encontraba mal y el club le permitió no presentarse en la Ciudad Deportiva. “Sufre una gastroenteritis”, informó después el club. Este viernes no falló en la Ciudad Deportiva Joan Gamper. Sin embargo, no se entrenó junto a sus compañeros. “Dembélé ha hecho trabajo específico”, explicó el Barcelona.

En la última ventana de mercado, el Arsenal se interesó por el francés, después de una temporada para olvidar (solo jugó 1.130 minutos jugados tras perderse 27 duelos por lesión) y de un Mundial discreto (disputó cuatro encuentros, dos de titular). El club de Londres ofrecía 100 millones. Prácticamente lo mismo que el club blaugrana le había pagado al Dortmund un año atrás. En el Barça no quisieron escuchar la oferta de los Gunners. Tampoco habían querido escuchar los consejos de Bartra.

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