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¿Es daño moral no poder vivir el ambiente previo a un partido de fútbol?

Vigo acoge un pleito de 47 aficionados del Celta que demandaron a dos aerolíneas por impedirles disfrutar de las horas previas al encuentro de su equipo en Old Trafford

Aficionados del Celta en Old Trafford.
Aficionados del Celta en Old Trafford.J. L. (REUTERS)

El fútbol es una experiencia que va más allá de lo que sucede en el campo. El 11 de mayo de 2017 no fue un día más para el Celta y su gente. Era la fecha fijada para disputar el partido de vuelta de la semifinal de la Europa League, en Old Trafford y contra el Manchester United. Ni era un escenario cualquiera ni una cita más en el bien nutrido calendario futbolístico. El Celta apenas ha jugado nueve campañas partidos oficiales en competición europea, hacía 10 años que no se asomaba a esa escena y jamás había llegado a esa altura. En juego estaba el pase a su primera final. No lo logró por un pelo, pero el celtismo todavía recuerda la efeméride como una jornada inolvidable.

Más de tres mil seguidores celestes propiciaron una migración masiva hacia Manchester y en las horas previas al duelo abarrotaron la Exchange Square en un día luminoso. Se mezclaron con los locales en una edificante comunión previa al partido. Numerosos seguidores mancunianos ponderaron a través de las redes sociales el comportamiento y el talante de aquella gente de celeste, a la que de inicio habían mirado con recelo seguramente por la coincidencia de colores con el eterno rival. Pero medio centenar de celtistas se perdieron esos momentos porque sus vuelos a Manchester partieron con más de un día de retraso. Llegaron justo a la hora del partido, no se perdieron un minuto de juego, pero sí todos los que lo envolvieron, así que 47 afectados decidieron presentar una demanda por daños morales a las aerolíneas que no cumplieron, la lusa TAP y Ryanair. El juicio tuvo lugar esta miércoles en Vigo.

Aquel día el grueso de celtistas madrugó e hizo planes a partir de un desplazamiento que no llega a las dos horas de duración. Los billetes habían volado todavía más rápido. Vigo, Santiago, A Coruña y Oporto fueron los puntos de partida más solicitados. También Lisboa, que está separada de Galicia por unas cuatro horas de autopista, pero ofrece un abanico más amplio de conexiones aéreas. Bastantes seguidores del Celta optaron por tomar esa ruta y viajar el día anterior al partido.

Pero todo se les complicó. El Papa Francisco tenía prevista su llegada al país el día 12 con motivo de la festividad de la Virgen de Fátima y 48 horas antes de su aterrizaje las autoridades lusas decretaron, sin previo aviso, el cierre de algunas de sus fronteras por motivos de seguridad y la adopción de medidas que en todo caso demoraban el paso por ellas. Aún así la terminal lisboeta vestía celeste a la hora indicada para embarcar y arribar a Manchester para paladear la noche previa al partido y toda la jornada siguiente. Una avería en el sistema de suministro de combustible del aeropuerto lo impidió. El primer vuelo que iba a partir a las dos y media de la tarde se canceló y TAP envió a los afectados un SMS que les informaba que había opciones de poder volar al día siguiente a mediodía. Una mala broma.

El aeropuerto, inoperativo, acabó por cerrar durante varias horas. Los aficionados, muchos de ellos peñistas, contactaron con el Celta y por mediación del club se fletó un autocar con el que se dirigieron al sur, a Faro, para tomar allí un vuelo gracias al que llegaron a Old Trafford con el pitido inicial. Los seguidores alegan ante la Justicia que no solo no pudieron disfrutar de los prolegómenos de una cita que consideran histórica sino que con el cansancio y el estrés acumulado no disfrutaron siquiera del partido. Reclaman una indemnización por la noche de hotel contratada que no pudieron usar, los 400 euros estipulados por la cancelación de los vuelos y, aquí está la novedad, una compensación moral que Ryanair parece asumir a la espera de lo que decida el juzgado de lo Mercantil de Vigo, pero no TAP. “Fue una causa de fuerza mayor”, alegó el abogado de la aerolínea portuguesa en la vista.

La TAP sostiene que actúa de buena fe porque además ofreció a los afectados vuelos alternativos tres días después de celebrarse el partido. Pero el abogado de los demandantes fue taxativo: “Un viaje a un partido no es como ir a las Seychelles, que siguen ahí si se pospone la visita unos días. Era una cita histórica e inolvidable". “Seguramente fue la cita más importante de la historia de nuestro equipo”, explica un portavoz de los afectados. “Un partido no es llegar y marcharte”, apostilla otro, que recuerda cómo ellos iban a ser de los primeros seguidores del Celta en llegar a Manchester y acabaron por aterrizar de últimos tras recorrer 800 kilómetros, cenar, dormir y comer en un aeropuerto. “Concurre daño moral por las penurias, incomodidades, estrés e incertidumbre que debieron pasar”, resuelve el abogado que les defiende.

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