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Angeliño, el lateral que se ganó su nombre

El gallego Ángel Tasende, ex del Manchester City, se ha ganado la titularidad indiscutible en el PSV, donde hoy es un efervescente jugador

Angeliño, en el duelo ante el Heerenveen. Ampliar foto
Angeliño, en el duelo ante el Heerenveen. EFE

En el sistema informático que engloba todo lo que se hace en la ciudad deportiva del Barcelona hay, desde hace tiempo, varios informes sobre él. Hubo interés en ficharlo cuando jugaba en cadetes, pero escogió Inglaterra antes que La Masia. Y no hace mucho se discutió la posibilidad de que acompañara a Jordi Alba en el lateral, antes de que Valverde se decidiera por el canterano Miranda. “Escogimos otra vía”, resuelven desde el área deportiva azulgrana; “pero es un muy buen futbolista, con velocidad, regate y llegada”. Es Ángel Esmorís Tasende (Coristanco, A Coruña; 21 años), también conocido como El Potro, Angeliño, Anyelino y ahora Sampa en el PSV, rival del Barça.

Ángel siempre quiso ser futbolista y no dudaba en airearlo cuando fantaseaba con sus amigos, que le respondían con unas sonoras risotadas porque consideraban que era demasiado bajito. Pero quien le veía jugar se quedaba prendado por su velocidad de ejecución y pensamiento. “Lo ponía atrás, pero no le bastaba una mano para contar los goles que marcaba cada fin de semana”, recuerda Ambrosio Oróns, uno de sus técnicos en la escuela Luis Calvo Sanz, donde comenzó a los cuatro años. Había truco; su abuelo José le daba un euro por cada tanto. Por lo que desde el club, en broma pero con la idea de hacerle entender el juego, le dijeron que le darían dos por cada asistencia. Lección que aprendió el lateral, que siguió descosiendo a los rivales hasta que en edad de alevín le fichó el Dépor. Por entonces, era conocido como El Potro por su velocidad e intensidad.

No se detuvo la progresión de Ángel, que con 15 años recibió la llamada del Manchester City. “El Madrid y el Barça estaban interesados, pero quería aprender inglés porque eso me ayudaría a encontrar un trabajo si algo no iba bien”, relata el futbolista. Allí, bajo las órdenes del exjugador Patrick Vieira, acabó por convertirse en el mejor jugador del filial de la temporada 2014-15, además de formar parte en el once ideal de la Youth League y aterrizar en la selección española Sub-17. Pasó incluso seis meses por la plataforma americana del New York City. “Aprendí mucho porque estuve con jugadores que lo habían ganado todo (como David Villa) y eso me ayudó”, cuenta.

A su regreso no tardó en llegar la llamada de Manuel Pellegrini, entonces técnico del primer equipo, que en 2016 le convocó para un partido de la FA Cup ante el Aston Villa. Disputó un par de duelos más, pero no acabó de asentarse como citizen. Ni siquiera con Guardiola, que se lo llevó a China en pretemporada para acabar de cederlo al Girona. Dejaba de ser Anyelino, como le llamaban en Inglaterra.

Sucedió que en el Girona no estaba clara la garantía de minutos sobre el tapete y 30 días más tarde se fue al Mallorca, donde pasó su peor curso por la falta de competitividad del equipo. Pero el año pasado llegó una oferta del NAC Breda y no lo dudó. “Todo salió bien”, rememora, orgulloso porque el estadio le cantaba —esta vez con un nuevo sobrenombre— cada dos por tres su canción: “Angelino, lolololo”. Tal fue la eclosión, que el PSV le ofreció 5,5 millones al City y se lo llevó este verano. “Es un gran paso”, reconoce el lateral, indiscutible para el técnico Mark Van Bommel porque es el tercer futbolista que más minutos suma en el curso (1.790), a solo uno de De Jong y a 10 del portero Zoet.

“El mister me pide lo mismo que a todos, que es no perder el balón y jugarlo lo más corto posible. Y como quiere dominar el partido con la pelota, nos exige que cuando la perdamos, intentemos recuperarla lo antes posible”, explica, al tiempo que expresa su sintonía con él porque “es serio cuando toca y se suelta cuando se necesita”. Este es Sampa –mote que le puso Maxi Romero porque le encuentra parecido con Sampaoli—; defensa del PSV. O, simplemente, es Ángel Tasende, el lateral que se ha ganado su nombre.

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