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Dovizioso se adjudica la última victoria del año en Cheste

Solo 15 pilotos completan una carrera en Valencia que se disputó bajo una inclemente lluvia y que llevó a Rins y a Pol Espargaró al podio

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Dovizioso, Rins y Rossi en un momento de la carrera en Cheste. AFP

Sí, son chicos normales que tienen la suerte de ganarse la vida haciendo lo que más les gusta. Pero no parece lo más ideal salir a dar unas vueltas en moto el día que toca tormenta. Ni lo más seguro, tampoco. Rodar a casi 300 km/h cuando han caído litros y litros por metro cuadrado no parece el mejor plan para una tarde de domingo. Pero hay días en los que hay que arremangarse. Y jugarse el tipo. Eso hicieron los 24 pilotos que integraban la parrilla de formación del gran premio de la Comunitat Valenciana. De entre ellos, emergieron los protagonistas de siempre: Márquez, Dovizioso, Rossi, Viñales…, algunos con más suerte que otros, pues solo uno de ellos terminó en el podio, Dovizioso, ganador de una carrera accidentada y compleja; el resto acabó por los suelos. De entre los 24 aparecieron, también, otros menos acostumbrados ejercer de líderes, como Rins, que tuvo muy cerca su primera victoria con Suzuki, o Pol Espargaró, que firmó el primer podio en la historia de KTM en MotoGP. Y el suyo, también.

Su carrera, la de los caídos –once, aunque hubo dos que pudieron reengancharse a la carrera, como Smith y Espargaró, finalmente tercero– y la de los supervivientes, es tan admirable como la paciencia y el aguante de los 97.201 espectadores que resistieron en las gradas. Bajo un necesario paraguas. Sufridos seguidores que, como recompensa, asistieron a una carrera tremenda, con adelantamientos, con muchas caídas, con constantes cambios de líder. Y con una bandera roja. Dos carreras en una, pues la prueba tuvo que interrumpirse al cabo de 13 giros, cuando arreció la lluvia como en ningún otro momento este domingo. Dovizioso y Rossi acababan de adelantar a Rins, en cabeza desde el primer giro, cuando se suspendió la carrera.

Por entonces, ya se había caído Márquez, tremendo cómo le escupió su Honda, a la salida de una curva, después de unas primeras vueltas en las que se lo pasó bomba en duelo con Pol Espargaró, que también se cayó, pero pudo volver a la pista y resistir sin carenado hasta que ondearon bandera roja y pudo recomponerse para el segundo round; también estaban fuera Petrucci y Iannone, desafortunados sobre el asfalto mojado; y Viñales, que recibió un fuerte coleteo de su Yamaha cuando rodaba cuarto, mala su salida, peores sus primeras vueltas pese a salir desde la pole.

Cuando se retomó la carrera, pasadas las tres de la tarde, a 14 vueltas, con 16 pilotos y después de 11 caídas (que serían 13 al terminar el gran premio), a Rins le duró el liderato lo que el primer giro. Se puso Dovizioso al frente y sacó provecho de una cadencia maravillosa además de dos vueltas rápidas en el quinto y el sexto giro; y de un par de neumáticos frescos –como el pequeño de los Espargaró, que también tenía recambio–. Solo Rossi parecía capaz de frenarle. Pues pocos pilotos saben, como el italiano, correr sin precipitarse. Pero las primeras vueltas en una carrera un día de lluvia son tan críticas como difícil es asimilar dónde está el límite en un día pasado por agua. Y ni siquiera Rossi, velocísimo este domingo, se salvó. Se cayó a falta de cuatro vueltas para el final. Dovizioso tenía la victoria asegurada. Ya nadie rodaba tan rápido como el de Ducati, que solo aflojó en los últimos tres giros.

Por entonces, el podio parecía ya definido. Dovizioso no pensaba fallar, que lo hace muy poco y este curso ya tenía el cupo lleno. La dulzura de Rins al manillar, incluso en un día inclemente como este, le dio a Suzuki otro podio, y al catalán el quinto de la temporada. Y el trabajo de Pol Espargaró vio su recompensa en esta última cita de la temporada con un tercer puesto tan sufrido como merecido, visto el rendimiento de la KTM este fin de semana en Cheste.

El cuarto puesto fue para uno de esos anónimos que, de vez en cuando logran salir en la foto: Michelle Pirro, un piloto probador fantástico a quien Ducati debe parte de su mejora en los últimos años y un corredor invitado bien agradecido.

Uno segundos después cruzó la meta por última vez Dani Pedrosa, afortunado (esta vez sí) en una carrera por eliminación (solo 15 pilotos terminaron), competitivo en las peores condiciones que puede esperarse de un piloto menudo y ligero a quien siempre le costó hacer trabajar bien la Honda sobre el asfalto mojado. Aunque se quedó fuera del podio recibió un merecido homenaje al regresar al box, donde no cabía ni un alfiler. 13 años de triunfos y sufrimiento en MotoGP bien valen un homenaje.

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