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No hay Boca ni River para hinchas sin dinero

La exigencia de ser socio y los abonos mensuales convierten en un privilegio para pocos ver los partidos de los dos equipos más populares de Argentina

Hinchas Boca River
La tribuna de Boca en la Bombonera, en un partido contra River sin públilco visitante.

Es una paradoja: cuanto más masivo es el fútbol en Argentina, más excluyente. River y Boca son uno de los pocos refugios emotivos de los sectores más castigados de la sociedad argentina, sobre todo en estos tiempos de crisis económica. Pero asistir a los estadios para ver jugar a los dos clubes más populares del país se convirtió en los últimos años en un privilegio. Subir las escaleras de la Bombonera o el Monumental es para los más pobres como escalar el Everest.

Hasta no hace mucho, enfilar a la ventanilla de los estadios en los que jugaban Boca y River y comprar una entrada minutos antes de que comenzara el partido era aún posible para cualquier hincha, no importaba su nivel socioeconómico. Noventa minutos de igualdad social. Pero ese acceso espontáneo a la fiesta a cambio de pagar una entrada general, que hoy cuestan entre 320 y 430 pesos argentinos, de 8 a 11 dólares, ya no existe.

Al impedimento que sufren los hinchas de cualquier equipo de acudir a la mitad de los partidos de la Superliga -los organismos de seguridad prohibieron el público visitante para evitar episodios de violencia-, River y Boca les suman sus particularidades. Cuando juegan de local, las capacidades del Monumental y la Bombonera suelen llenarse con sus respectivos socios, quienes ingresan al estadio con el pago de su cuota mensual. Los mínimos resquicios que quedan para comprar una entrada por fuera son poco menos que inalcanzables para los más desfavorecidos que quieren ir al estadio cada tanto: los dos grandes venden entradas con cuentagotas.

“Creo que es un caso que atañe a River y a Boca, no al resto de los clubes, donde todavía es posible que un hincha junte unos pesos y se dé el gusto de comprar la entrada en la ventanilla los días de partidos", dice Rodrigo Daskal, sociólogo y director del Museo River. "En Argentina está ocurriendo algo de lo que pasó en Inglaterra en los 90, cuando la erradicación de los hooligans produjo un cambio en el nivel socioeconómico de muchos de los asistentes a la Premier League, y también en Brasil a partir del Mundial 2014, con los estadios modelo FIFA y el aumento de las entradas. Una de las razones, pero no la única, es que a River y a Boca les piden medidas de seguridad, como la prohibición de vender entradas el día del partido, que afectan a quienes iban a la cancha cada tanto”, explica.

En Boca explican que el obstáculo para las clases más humildes es relativo. “Los socios activos pagan 560 pesos por mes de cuota, 15 dólares, y con eso pueden ingresar a un espectáculo de primer nivel. El 67% del estadio tiene tribunas populares, las más baratas”, dijeron a EL PAÍS fuentes del club. En la actual temporada de la Superliga, Boca jugará 12 fechas como local, por lo que cada cuota equivale a un partido. La solución más fácil para un hincha que quisiera asegurar su lugar en la Bombonera sería asociarse pero, ante la falta de mayor capacidad del estadio (49.000 espectadores), la conscripción está cerrada.

La dirigencia abrió entonces una figura llamada “socios adherentes”, que paga la mitad de la cuota y tiene preferencia para los partidos –de menor interés- en los que el club lanza a la venta entre 2.000 y 3.000 entradas. Si se tiene en cuenta que hay 70 mil adherentes, la probabilidad es mínima, pero en la práctica actúa como un banco de suplentes para convertirse en socios activos: 35.000 socios lo consiguieron en los últimos años. Por supuesto, los más acomodados por conocer la Bombonera un día de partido tienen otra opción: comprar plateas, a precios turísticos, en las webs de reventa de boletos.

River también vende un pequeño remanente para los partidos de menor demanda –cerca de 4.000 de las 66.000 ubicaciones del Monumental-, pero los hinchas que quieran comprarlas deben estar bancarizados y pagar con tarjeta de crédito, y eso en Argentina no es para todos: el 52% de la población no tiene acceso al sistema financiero. “No es un tema de política del club sino de demanda", explica Darío Santilli, prosecretario de River. "En todo caso el efecto es ése (que a las clases más bajas se les complique asistir a los estadios). Sé que hay otros clubes de Primera que venden hasta cuatro entradas por persona en ventanilla el día del partido, pero nosotros no podemos. El espectáculo se volvió súper masivo y cada vez viene más gente a la cancha. River tiene casi todo el estadio registrado para ayudar al orden del socio”.

El Boca de la era Macri

El nuevo mapa comenzó a dibujarse en 2004. El puntapié inicial lo dio el entonces presidente de Boca, y hoy del país, Mauricio Macri. Hasta entonces, los hinchas locales y visitantes podían acudir al estadio que quisieran. Pero después de un partido en el que la hinchada de Vélez no completó el sector que tenía disponible en la Bombonera, Macri decidió restringir el espacio para los rivales y aumentarlo para los suyos. “Tenemos que copiar el modelo europeo. Si Real Madrid no se ofende cuando le dan 2.000 entradas para Barcelona, aquí nadie se tiene que sentir mal porque estemos sobrepasados por nuestros socios y les demos menos entradas a los visitantes”, dijo Macri.

Boca instrumentó el cambio en un clásico contra San Lorenzo, que de visita a la Bombonera recibió 4.500 entradas en vez de las 15.000 habituales. La reciprocidad fue inmediata: para el siguiente San Lorenzo-Boca, al club de Macri le dieron 2.000 localidades para un sector en el que entraban 10.000 personas.El resto de los clubes de gran convocatoria imitó la medida y los espacios visitantes se achicaron cada vez más, incluso en los Boca-River. Hasta que en 2013, después de la muerte de un hincha de Lanús en La Plata, se prohibió el ingreso de visitantes.

El rediseño tiene varios ganadores. River y Boca suman más de 100 mil socios cada uno, por lo que se aseguran un ingreso fijo que no depende de la venta del día del partido. El actual sistema de seguridad, sin visitantes, también redujo las muertes y las tribunas lucen mucho más llenas que en las décadas pasadas, incluso con un notable incremento en la presencia de mujeres. Lo que Macri llamó “modelo europeo”, sin embargo, se aplica en un país en el que el 27% de la población vive debajo de la línea de la pobreza. Al privilegio perdido de asistir al Monumental o a la Bombonera se suma la la caída del Fútbol para Todos, el programa que transmitía los partidos por televisión de manera gratuita. Las pantallas tampoco son para todos.

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