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La Vuelta presenta a los ciclistas del futuro

Simon Yates, Enric Mas y Miguel Ángel López están llamados a pelear por las grandes carreras en los próximos años

Enric Mas, Yates y López, en el podio.
Enric Mas, Yates y López, en el podio.

La Vuelta, sus etapas cortas, sus recorridos quebrados, de parque de atracciones, es un regalo para la afición, que suele descubrir entre sus corredores destacados a aquellos nuevos de los que enamorarse en el futuro. La cosecha de 2018 ha sido excepcional, con tras casi novatos en su cima: es el primer podio del ganador, el inglés Simon Yates, y el segundo, el mallorquín de Artà Enric Mas; es el segundo podio en una grande del tercero, el colombiano Miguel Ángel López, ya tercero en el pasado Giro, y tiene 24 años. Los tres gozaron, además, de las semanas de frescura extra que les supuso no haber corrido el Tour en julio.

Yates (26 años), Mas (23) y López (24), 73 años entre los tres, conforman el podio más joven de la historia de la Vuelta desde 1936, año en el que entre Gustaf Deloor (22), su hermano Alfons (24) y el tercero, el italiano Antonio Bertola (22), sumaban 68 años.

Los aficionados se frotan las manos: los tres están llamados a disputar la victoria de las más grandes, incluidos los Tours, la próxima década, el territorio en el que el quinto y el octavo clasificados, Alejando Valverde y Nairo Quintana, llevan años viviendo como residentes habituales en los primeros puestos del Tour. Nairo, como Mas, llegó inesperado al podio del Tour de 2013 a los 23 años.

Su equipo, el Movistar, sale sin podio siquiera de la Vuelta. Su líder, Nairo, no anduvo como esperaba; y el gran Valverde, el ciclista que a los 38 años gana y corre como cuando tenía 23, y ganó dos etapas con frescura y soltura, no tuvo capacidad para asumir la responsabilidad en las últimas etapas. “Pero nos vamos con la conciencia de que hemos asumido la responsabilidad de mantener viva la Vuelta, cogiendo la carrera cuando los demás equipos silbaban o miraban para otro lado”, dice su director, José Luis Arrieta, abrasado por el carácter diabólico que la mejor carrera española tiene para el mejor equipo español: protagonizarla y ganarla es una obligación; no hacerlo, un fracaso. Sus líderes lucharon por ganar, como Yates; Mas y López solo lucharon para entrar en el podio.

El camino que comienza a recorrer Mas desde el podio de la Vuelta de 2018 ya lo inició hace años Simon Yates, de rojo radiante, un escalón por encima en el escenario de la plaza de Cibeles. Mas ha disputado su última carrera como corredor joven con futuro, aquel en el que la afición deposita tanta ilusión que aplaude entusiasmado todo lo que haga. No tiene más exigencia ni responsabilidad. “Estoy aquí para ver qué día reviento”, había anunciado el ciclista balear. “A ver si valgo para una, dos o tres semanas”. Con tal espíritu, la Vuelta fue una lucha individual, día a día, que peleaba mezclándose casi invisible entre los mejores del pelotón, esclavos ellos de las estrategias de sus equipos. En la siguiente carrera que dispute, ya será uno de los favoritos. Ya no será un elemento que se mueva con libertad y sin hacer ruido, sin necesidad de un equipo que cargue, y le cargue, con la responsabilidad de sus ambiciones.

Podrá imitar entonces el estilo desenvuelto y afortunado del gemelo inglés Yates, británico como el galés Geraint Thomas y el nacido en Nairobi Chris Froome, los compatriotas que habían ganado el Tour y el Giro pasados (y Froome, la anterior Vuelta, la primera vez que se oyó el God Save the Queen en homenaje al campeón), pero hijo de una escuela muy diferente de la de los portaestandartes del Sky, el equipo del tren abrasador. A Yates y a su equipo, el Mitchelton, les gusta más ir a cola de pelotón, arriesgándose a caer víctimas de abanicos y cortes, y les va el contraataque. No ganan desde la cabeza, como los del Sky, ni son tan fanáticos de potenciómetros y semáforos del derecho a atacar o la necesidad de defender.

Triplete inglés

Yates es un ganador por instinto que corre aún según le pide el cuerpo. Hasta ahora, sus intentos en el Tour y en el Giro, y en anteriores Vueltas, habían perdido ante sus limitaciones. Su físico (no llega a 1,70m de altura) es una de ellas: nunca será un gran contrarrelojista.

Que ciclistas de un mismo país ganen el mismo año Giro, Tour y Vuelta no es nuevo, aunque antes siempre era patrimonio de países con gran tradición ciclista. En 1964, entre Jacques Anquetil (Tour y Giro) y Raymond Poulidor (Vuelta), coparon para Francia las tres victorias; en 2008, hace solo 10 años, fueron Alberto Contador (Giro y Vuelta) y Carlos Sastre (Tour), los que lograron el copo para España. El Reino Unido no solo cuenta con una tradición mínima en las pruebas por etapas (hace pocos años solo un inglés o dos figuraban entre los participantes del Tour o la Vuelta), sino que es el primer país que gana las tres con tres corredores diferentes. “En nuestro país ha arraigado la cultura de la victoria”, explica el escocés David Millar, ciclista pionero en los últimos años del siglo XX. “Es más sencillo”, explica Simon Yates. “De repente, a mediados de la década pasada, comenzó a llegar dinero para formar ciclistas. Y de ahí salimos”.

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