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Saúl Ordóñez destroza su marca personal en París

El ochocentista del Bierzo queda tercero en la reunión de Diamond League y vuelve a bajar su marca personal, que deja en 1m 44,36s en una última recta apasionante

Rotich y Kitilit entran por delante de Ordóñez.
Rotich y Kitilit entran por delante de Ordóñez. EFE

Quería una carrera rápida, “sobre 51s el primer 400”, decía Ordónez, lanzado ya mentalmente la noche anterior, impaciente como estaba en la salida, sonriendo, haciendo palmas. “¡Vamos!”, dijo el novato que se estrenaba en la Liga del Diamante segundos antes del disparo de salida. El “novato”, como él mismo se definía, venía de Huelva con una marca de 1m 44,44s, la octava mejor marca mundial de la temporada. Aunque eso, insistía, no significa nada: “Con diez atletas capaces de correr en 1m 44s, puede ser una carrera muy rápida y hay que saber colocarse bien.”

Saúl se colocó como a él le gusta, entre los cinco primeros, controlando al grupo de cabeza pero aguantando, porque los primeros 400 metros se pasaron en 50,11s, con el estadio eufórico, y había que dejar fuerzas para el final. Pero como no tenía nada que perder, pues llegaba ya con marca personal y mínima para el Europeo de Berlín, a falta de 300 metros se colocó tercero y aguantó el ataque del campeón del mundo, el francés Pierre-Ambroisse Bosse, que por un momento le pasa, pero Saúl lo deja atrás en la última recta: “Al final siempre tengo cambio, en los últimos 80 metros, tengo una pisada muy rápida y un cambio muy explosivo. Los demás no saben controlarse, hay que saber aguantar”, comentaba con su mánager, feliz. Los únicos que pudieron con él fueron los keniatas Rotich y Kitilit, que corrían en otra liga, la del minuto y 43 segundos (1m 43,73s y 1m 43,83s). Pero eso no le importó a Ordóñez, era tercero, en su primera Diamond y batiendo –otra vez– su marca personal. Al enterarse de que había hecho 1m 44,36s se le iluminaron los ojos y tras gritarle a su mánager “soy una máquina”, dijo: “Me voy a vomitar”.

Poco antes de la alegría de ese 800 aniquilador llegaba sin aliento a la zona mixta Bruno Hortelano, que acababa de ser quinto en su tan esperado 200 metros lisos. Allí le esperaban las cámaras para preguntarle por su asombrosa recuperación, la que tanta euforia ha generado en España, y la que había hecho que la afición elevara las expectativas sin mesura para que batiera, quizás, su récord de España (20,12) o, ya de paso, que bajara de los 20 segundos. Pero Bruno hoy, en su segundo 200m de la temporada, no tuvo buenas sensaciones y le faltaron fuerzas en su fuerte, en la recta final. “Ha salido lo que ha salido, sin excusas. Tendré que sentarme con mi entrenador para saber lo que ha pasado, entre comillas, porque he hecho mejor marca de la temporada”, comentaba con su serenidad habitual. “En Holanda hice 20,35s encontrándome bien. Hoy he hecho 20,30s sin tener buenas sensaciones, pero estoy para bajar". Corría Bruno este sábado con el escuadrón de los 19 segundos, con al menos 3 atletas capaces de bajar de la barrera de los 20. Los capitanes de ese escuadrón fueron el norteamericano Michael Norman, primero con 19,84s, y Rai Benjamin, el joven prodigio de Antigua y Barbuda que fue segundo con 19,99s, que corre los 400 metros vallas en 47,02s y en 44,74s los 400 metros lisos. Y porque el cuarto, el francés Christophe Lemaitre, no estaba, al lesionarse poco antes en el 100m lisos, distancia en la que pretendía conseguir la mínima para doblar –100 y 200m lisos– en el europeo de Berlín.

Tampoco logró en esta cita acercarse a su marca personal en triple salto Ana Peleteiro, sexta con 14,31m en su cuarto intento, ante una enorme Caterine Ibargüen, que, por un centímetro –ganó con 14,83m– no pudo recuperar el dominio del ránking mundial en poder de la norteamericana Tori Franklin (14,84m). Aunque eso sí, le ganó hoy a Franklin (3ª con 14,49m) y a la jamaicana Kimberly Williams (2ª con 14,56m).

Salían Ibargüen, Williams y Franklin del foso cuando el estadio de Charlety se convirtió en un estruendo ensordecedor: era Abderrahman Samba, el fenómeno de los 400 metros vallas que, de nuevo, transformaba las gradas en una nube de euforia colectiva. “Wow, Samba” era el mantra que resonaba en todos los asientos. El joven catarí de origen mauritano, 22 años apenas, ganaba con 46,98s y hacía historia. Y eso que, dijo, se había desequilibrado en la primera valla. “No me esperaba bajar de 47 segundos hoy, no tengo palabras”, explicaba. Dos años tan solo lleva en la prueba y desde este sábado, en París, es el segundo mejor atleta de 400 metros vallas de todos los tiempos. Nadie bajaba de los 47 segundos desde hacía 26 años, desde que lo consiguiera el americano Kevin Young, 46,78s en Barcelona, el 6 de agosto de 1992. “Ya lo dije: quiero convertirme en el hombre más rápido del mundo".

Estando entre los más rápidos del mundo en el 110 metros vallas, el subcampeón olímpico de Río, el español Orlando Ortega, abandonó hoy mentalmente antes de cruzar la línea de meta. En la línea de salida, mientras el ruso Shubenkov se aburría con la espera, resoplando después de dos salidas en falso, ansioso por demostrar que este 2018 es él y solo él quien es capaz de correr en menos de 13 segundos, Orlando se concentraba con gesto nervioso.

Nada cambió para él la descalificación acto seguido de Shubenkov, en el tercer disparo, traicionado por el sistema de presión de los tacos que tantos disgustos le ha dado a más de uno en los últimos años. Orlando pasó la séptima valla y cedió, disgustado, al sexto lugar desde el que vio llegar a quienes normalmente gana. “Técnicamente no me sentí cómodo hoy. En liso estoy trabajando bien, pero encima de la valla no sé… Ha sido una mala carrera, no hay excusas”, comentaba, serio, pensativo. “Creo que me ha pasado factura esa semifinal tan rápida. Este año cuenta Orlando que todavía no había adaptado la carrera para este tipo de competición, con apenas 1 hora y media de recuperación entre series. “De lo que estoy seguro es que el año que viene habrá cambios”, sentenció Ortega, convencido de que la estructura de entrenamiento tendrá que ser distinta para ir a por el oro en el Europeo de Berlín.

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