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El juego es un adorno

Buscando el éxito, no lo hemos encontrado y en esa cruzada a Messi le ha engullido la locura en el juego

Leo Messi se entrena este sábado. Ampliar foto
Leo Messi se entrena este sábado. AP

Argentina, pésimo diagnóstico. Empezando por Sampaoli. El entrenador da la sensación de estar perdido y sin rumbo. Lo que en origen podía parecer una idea atractiva y convincente, el adaptarse al rival para elegir a los jugadores más apropiados, se ha demostrado que no es fácil y que ha resultado un camino erróneo. No es válido cuando los futbolistas no tienen continuidad, cuando vienen de tantas ligas diferentes, cuando no hay base ni patrón, cuando se han encadenado tres entrenadores distintos. Y con ellos tres estilos… El diagnóstico así solo puede ser negativo: no hay nada consolidado, no hay cimientos.

Sampaoli no ha establecido un orden en la forma de jugar, y eso impacta con fuerza en el estado de seguridad de los chicos que saltan al campo, que miran a su preparador en la banda y no saben qué hacer, no hallan respuestas a los problemas que les genera el balón. Igual juega Mascherano con Biglia como doble pivote, como ante Islandia, que entra Lo Celso como interior, Banega aparece y desaparece del equipo… Todos los movimientos son muy raros. Los entrenadores tienen a veces en su ego la necesidad de ser extravagantes para decir que el partido lo ganan ellos, pero al final, a veces, acaban mareando al jugador, sobre todo si no están ellos seguros de lo que hacen. Entonces el plan no funciona.

Este caos ha atrapado a Messi, hoy un futbolista muy enigmático, un prototipo lejano de lo que es un héroe, y que encima camina con muchas cruces: cargar con el equipo, hacer lo que hizo Maradona en el 86, y soportar ese pragmatismo estúpido de ganar como sea. Poca atención le prestamos así al juego, poco gusto, y hemos hecho una cultura de eso. En Argentina nos hemos alejado del juego para acercarnos al resultado, para acabar dándonos cuenta de que así hemos perdido el tiempo. Buscando el éxito, no lo hemos encontrado y en esa cruzada a Messi le ha engullido la locura en el juego. ¿Está triste, tiene algún problema psicológico? No lo sé. Este último Messi es muy apático. Está rendido. Mira hacia abajo. Verlo así es muy doloroso porque es el alma, el espejo de la selección. Ni siquiera se rebela, también porque cuando no hay funcionamiento colectivo, la rebeldía individual solo te lleva al descontrol. La rebeldía ha de ser colectiva.

Los jugadores han de estar comprometidos con el entrenador, y que este sea un seductor, un hombre capaz de plantarse ante ellos y demostrarles que sabe. Los argentinos venimos arrastrando frustraciones. En Argentina es todo o nada por ese exitismo estúpido. O eres campeón o no vales. También para Messi. Las escalas no sirven, y convivir con eso es muy duro.

Para muchas selecciones, se trata de jugar bien para ganar. En Argentina es “gano, y si se puede, juego mejor”. El juego es un adorno, un artículo de lujo. Así estamos.

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