Una España demasiado amistosa

Iago Aspas rescata a la Roja en su último ensayo antes del Mundial tras un partido muy raso del equipo español frente a una animosa Túnez

FOTO: Diego Costa, en la jugada del gol de España. / VÍDEO: Declaraciones de Lopetegui tras el partido.Foto: atlas | Vídeo: Javier Etxezarreta (efe) / atlas

A seis días del estreno ante Portugal, una España de lo más amistosa dejó una huella muy rasa en el alucinante estadio de Krasnodar. Un recinto único que deja ojiplático,de extraordinario diseño vanguardista y tecnología del próximo siglo. En este monumental coliseo la Roja no pasó de ser un equipo moroso y envarado hasta el emboque de Aspas . Uno de los equipos más apologistas del toque —dio casi mil ante Túnez— se ciñó a trastear con la pelota. De entrada, ni migas de esa selección que piropea al balón para distraer cuando conviene, para adivinar rendijas y hasta para confundir al adversario si fuera preciso. Frente a Túnez, una selección aguerrida y con colmillo, la que más empeño puso en que el partido no fuera telonero del todo, la Roja fue la nadería en un primer tiempo, sin chicha, sin cachas, sin volumen. Con los relevos tras el intermedio dio alguna puntada más, pero solo eso: dos remates en todo el choque.

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Esta vez, ni siquiera el palique a la pelota le permitió limitar riesgos. Al término del primer acto solo quedaron pisadas en el área de De Gea. Unas propiciadas por el sesteo defensivo del conjunto español, con mucho volante rezagado. Otras por la ligereza de algunos, caso de Thiago, al que le cuesta sostenerse en el andamiaje junto a Busquets. En esa posición resulta imprescindible asumir un papel de centinela. Es requisito capital no exponer la posesión. A Thiago le cuesta discernir en qué sectores del campo se puede o no aventurar. Al jugador del Bayern le va la marcha, le cuesta embridarse. Lopetegui, que rastrea al auxiliar de Busquets, retiró a Thiago al descanso.

La Roja tampoco tuvo fluidez a partir de cualquiera de sus otros distinguidos centrocampistas. Opaco Silva e Iniesta con lo justo, quien más revoloteó fue Isco. Pero, como el resto, sin ruido ni nueces. En esta ocasión, su apego por el nomadismo entre el centro del campo y la delantera no tuvo impacto alguno sobre el discurrir del juego. Y ya se sabe que una España sin la banda sonora de sus interiores resulta una película muda. No es un equipo con hilo directo con el gol. Para dar con la obra cumbre del fútbol se busca la vida por los atajos que alumbran sus mediocampistas. Sin mensajeros, cualquiera que se aliste como delantero pierde la sintonía. Le ocurrió a Rodrigo, fuera de foco hasta su cambio por Diego Costa. Además del recluta que se asocie a Busquets, definir al atacante es el otro nudo pendiente para Lopetegui. Desde Villa, la selección no ha dado con un punta categórico. Y en un Mundial, ese tipo de torneos a cara y cruz en el que priman los detalles puntuales, es crucial la presencia de un goleador afinado. Al menos de un atacante capaz de dar carrete a los volantes con sus movimientos y descargas. No lo logró Rodrigo, tampoco después Costa. La única tecla de la noche fue cosa del tercero en discordia: Aspas.

Lopetegui agotó los seis cambios pactados, tanto por regular los depósitos físicos como por buscar que el partido entrara en combustión. Koke dio algo más de aplomo al eje junto a Busi y Lucas y Asensio ventilaron los costados. El equipo tuvo otra escala, nada para un do de pecho, pero sí al menos tuvo mayor gobierno. Un mejor encuadre que se concretó con la entrada de Iago Aspas por Jordi Alba. El técnico español rebajó la defensa a tres —Sergio Ramos, Piqué y Nacho— y enhebró al estupendo delantero del Celta en la media punta. Nada de orillarle como hiciera Lopetegui en el amistoso precedente contra Suiza. Al instante, Busquets filtró el mejor pase de la jornada. En realidad, el único notable. Por fin España fue España, siquiera en una secuencia. Busi citó a Diego Costa con el gol, pero el hombre se hizo un torniquete con el balón en los pies. Del embrollo le sacó Aspas, que se arrimó al barullo y rescató a Costa con un zurdazo seco que se clavó en un rincón de la red. A Aspas no le dio tiempo a socorrer al hispano-brasileño en la última jugada. Otra vez en un duelo esgrimista con el portero Mathlouthi, Diego Costa se hizo otro lío. Mala secuela a menos de una semana de que el Mundial despegue para España. Los dos últimos partidos de la Roja no han sido precisamente su mejor cosecha. Nada que deba disparar las alarmas en un equipo que en los dos últimos años ha sido tan fiable, brilllante incluso. Pero sí para estar en guardia. En un Mundial, sin el cuajo debido no hay flotador.

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Sobre la firma

José Sámano

Licenciado en Periodismo, se incorporó a EL PAÍS en 1990, diario en el que ha trabajado durante 25 años en la sección de Deportes, de la que fue Redactor Jefe entre 2006-2014 y 2018-2022. Ha cubierto seis Eurocopas, cuatro Mundiales y dos Juegos Olímpicos.

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