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Halep cancela el vuelo de Muguruza

Con un despliegue muy agresivo, la rumana trunca la progresión de la española (6-1 y 6-4, en 1h 32m) y aterriza en la final, garantizándose el número uno. Stephens (doble 6-4 a Keys) será su rival el sábado

Muguruza se lamenta durante el partido contra Halep.
Muguruza se lamenta durante el partido contra Halep. REUTERS

La derrota viene acompañada de una cascada de agua fría, porque Garbiñe Muguruza venía completando un magnífico torneo, dejando destellos día a día y con una dinámica muy similar a la de hace dos años en París. Pero Llegó Simona Halep, la roca, el muro y ahora más número uno, porque con su triunfo (6-1 y 6-4, en 1h 32m) y el acceso a la final se garantiza marcharse del Bois de Boulogne, pase lo que pase el sábado, sentada en el trono femenino. Salió a la central como un toro bravo, corneó en el primer parcial a la española y la brava reacción del segundo fue insuficiente. En consecuencia, se terminó el sueño de Muguruza, a la que al menos le queda el consuelo de haber recuperado su versión bonita durante estas dos semanas, lo que invita a mirar con ojos optimistas hacia Wimbledon.

“Es un día duro, es un día muy duro”, repitió ante los enviados especiales a París, “porque estás cerca de la final de un Grand Slam, pero ella ha jugado muy bien desde la primera bola. Se me ha escapado ese juego decisivo del 4-4 y no he aprovechado esos puntos [tres bolas de break]. Ahí se me ha escapado. Le he dado demasiados puntos gratis al principio y ha ido cogiendo carrerilla. En el segundo set he sabido pararme y decirme: ¿Qué pasa? Pero…”.

“Ahora estas derrotas duelen un poco más, porque ahora sé lo que significan y soy mucho más consciente…”, se sinceró Garbiñe. “Pero lo importante es estar aquí y jugar este tipo de partidos; unos saldrán bien y otros no, pero lo más importante es llegar a la recta final de los torneos en esta situación. Algún día volveré a estar en la final”.

Magnífica estratega, Halep dio un golpe de efecto con un planteamiento más ofensivo del que acostumbra. Mordió en cada bola y propuso intercambios constantes desde la línea de fondo, exigiendo a Garbiñe jugar al contragolpe. No es la española una jugadora a la que le guste ceder la iniciativa ni anclarse detrás de la línea, de modo que en ese terreno se sintió incómoda y fuera de lugar, tratando todo el rato de reencontrar un sitio al que solo llegó cuando ya se había llevado una bofetada muy seria. Cedió cuatro veces el servicio en la primera manga, desdibujada y fallona, y no recuperó el buen color hasta que llegó la pausa y pudo coger una bocanada de aire.

Tercera final en París de la rumana

Se temía una desconexión, pero la campeona de hace dos años reaccionó con agallas porque arde en deseos de volver a hacer algo importante. Este curso no está siendo fácil, porque las lesiones han llamado varias veces a la puerta y la fortuna es esquiva, pero ella no desiste. No lo hizo contra Halep y el resultado fue un segundo set competido y hermoso, con alternativas y dos tenistas jugando a corazón abierto. La rumana, una especialista en el repliegue, apagó casi todos los fuegos –salvó seis de las ocho opciones de break de Muguruza– y contuvo el empuje de la número tres, a la que le lastró por encima de todo su pobre estadística con el saque.

Suspendió en primeros (49%) y especialmente en segundos (38%), y concluyó concediendo seis roturas. Se levantó, se adelantó (break para 2-1) y guerreó con todo, pero la rumana no se descompone prácticamente nunca, a excepción de cuando lo que está en juego es el trofeo de un grande. Sin ningún major en su currículo, asistirá a su cuarta gran final, la tercera en París. Perdió en 2014, contra Maria Sharapova, y el año pasado cayó contra todo pronóstico frente a la joven Jelena Ostapenko. Con esa doble espina clavada en la memoria afrontará otro pulso definitivo (15.00, Eurosport) en Roland Garros, ante la estadounidense Sloane Stephens (doble 6-4 a Madison Keys).

Y lo hará por derecho propio, con otro buen ejercicio de fondo. En el trazado hacia el partido del sábado, solventó algunos apuros contra Riske (1ª ronda) y Kerber (cuartos), y otra vez supo rendir y sufrir ante Garbiñe. Premio merecido.

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