Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

¿Pero cómo se puede ser del Atlético?

El equipo llega más allá de donde está llamado. No se puede hacer más que esforzarse al límite

Torres, tras la derrota ante el Espanyol.
Torres, tras la derrota ante el Espanyol. EFE

Pero el Atlético no es un club inmortal, ni se tutea con la Historia, ni nació para ganar, ni otras hombradas por el estilo, o tabarras. A veces ni siquiera puede decirse que el Atlético siempre sea el Atlético, para que todo lo que haga tenga una explicación poderosa, un porque sí y nada más.

Resulta difícil hablar del Atlético sin meter un pero en medio, o varios. No se entiende, de hecho, cómo aún queda gente que quiera ser de este club y no de otro. Es como renunciar a la ficción de sentirte un triunfador en tu vida personal (que sabe Dios cómo será) porque tu equipo gana más que el resto. ¿De verdad no deseas hacer como que tus días en este mundo son maravillosos? Pero el caso es que existen personas así, fieles a sus propias y pobres ficciones, salpicadas de peros. De vez en cuando, sin estar predispuestas de nacimiento para la gloria, el destino les concede un deseo. Esta vez fue ver al pero Atlético meterse en otra final europea.

Pero juega mal, pero es defensivo, pero da patadas, pero —incluso— Simeone es calvo. Así es el Atlético. Puede que al final uno acabe preguntándose “¿Pero qué es lo que hace bien este equipo para llegar a donde llega?”. ¡Ni un día ni una frase sin peros! Así y todo, eliminó al Arsenal, y sus aficionados, ni mejores ni peores que otros por ello, vivieron uno de esos momentos en los que se tiene sensación de inmensidad, aunque no se sepa con precisión qué es la inmensidad. La felicidad te sonríe y tú le sonríes a ella, en comunión, sin más. Justo cuando tu equipo supera una semifinal, y el horizonte se despeja de repente, y ya solo te separa una raya del título, experimentas un instante de vértigo, limpísimo, durante el cual te está permitido jugar a imaginar que ganas el torneo sin sentirte un cretino. Alguien te dirá pero sois el Atlético, pero no sabéis ganar finales, pero os entrará el miedo. Pero, pero y pero. Es posible que tenga razón, y que tanto pero sea cierto, pero qué más da. No hay peros bastantes con este equipo.

Entre los que creen en la superioridad moral de su juego, nacido para enamorar, y quienes están persuadidos de la superioridad genética de su equipo, nacido para ganar a toda costa, no sé bien qué lugar ocupa el Atlético. Digamos que es el club, durante estos años, que hace más de lo que puede. Combate sus peros hasta llegar más allá de donde está llamado. Eso le bastó, desde que lo entrena el Cholo, para conseguir algunos títulos y fue insuficiente para obtener otros. La vida es así. No se puede hacer mucho más que esforzarse al límite, incluso más allá, empujando los márgenes, y si no es bastante, admitir la realidad, sin dejar de sentirse orgullo de lo que se logra, del mismo modo que cada uno de nosotros aceptamos lo que somos, y no nos sentimos menos que nadie por el hecho de tener el culo gordo, emplear horribles muletillas al hablar, o carecer de gusto para combinar una camisa con una chaqueta. Siempre habrá peros.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información