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La Real Sociedad no olvida a Íñigo Martínez

Billetes de 10 euros con su cara le recibirán hoy en Anoeta

Josu Urrutia e Iñigo Martínez.
Josu Urrutia e Iñigo Martínez. EFE

A las 16,10, o quizás un poco antes, Íñigo Martínez saldrá de dudas de si el reproche de la grada de Anoeta en su regreso vestido con la camiseta del Athletic es igual, superior o menor que el dedicado a Joseba Etxeberria tras vivir las mismas circunstancias y erigirse en el caso más rabioso de las relaciones entre ambos clubes vascos.

Cierto que algo, y ni baladí, ha cambiado desde 1995 hasta ahora. Las redes sociales han alterado muchos sistemas nerviosos y lo general son más proclives a la critica, a la descalificación y el insulto. A Íñigo Martínez le ha tocado esta segunda fase donde los sonidos del silencio se convierten fácilmente en los sonidos del estruendo.

Nada más hacerse oficial su fichaje por el Athletic, la Real anunció que cambiaba a los aficionados la camiseta de Íñigo Martínez por cualquiera otra de forma gratuita. Se pretendía que Íñigo no pasara a la historia, sino que saliera de la historia de la Real. Ahora la iniciativa viene de las llamadas redes sociales donde se han impreso multitud de billetes de 10 euros con la cabeza de Íñigo Martínez, de curso legal. Una gracia que se utilizó también en caso de Joseba Etxeberria, al que le pilló siendo menor de edad. A Íñigo Martínez le sucede ya curtido en mil batallas y no transmite hasta el momento nervio alguno, aunque situarse en el área contraria propone siempre un cosquilleo en el estómago, un trago obligado de asumir. Luego todo pasa.

Como pasan esta temporada los derbis vascos con más pena que gloria. Sin tensión, sin fútbol, con miedo, llenos de precaución, especialmente el disputado en San Mamés con la Real al que hoy se le rinde vuelta. Sin nada que esperar en la clasificación, ni hacia arriba ni hacia abajo, Íñigo Martinez será el jugador marcado por la grada, mientras Athletic y Real se marcaran o por sí mismos, porque un derbi, por aguado que esté el café, siempre calienta el ánimo. Aunque como Íñigo Martínez tampoco pase a la historia.

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