Márquez, para lo bueno y para lo malo

El de Honda es sancionado hasta tres veces en Argentina y acaba sin puntos tras tirar a Rossi en plena remontada

Márquez, durante la carrera del GP de Argentina.
Márquez, durante la carrera del GP de Argentina. Natacha Pisarenko (AP)

Rara vez los contratiempos le han sentado tan mal a Marc Márquez. Es un piloto curtido en la adversidad. Tan poca cosa en sus primeros años de competición, que además de tener que cargar su menuda moto con casi 20 kilos de lastre, se inflaba a zumos de frutas: un litro y medio cada día: plátano, manzana, naranja... Le costó dar el estirón. Y andaba siempre por los suelos. Pero era endiabladamente rápido. O se caía o ganaba. Lo mismo cuando le venían mal dadas. A las sanciones o problemas siempre respondió a lo grande. O a lo torero. “Puerta grande o enfermería”, decía hace unos años. Y así se le recuerdan carreras míticas en Portugal o en Valencia, en Moto3 y en MotoGP.

Ayer, en Argentina, donde solo ha sido capaz de lo mejor y de lo peor —hasta ahora contaba dos victorias y dos caídas—, no fue capaz de canalizar bien esa energía arrolladora. El campeonísimo erró un tiro detrás de otro.

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Era el favorito. Pero equivocó el primer paso: la elección del neumático. Y todo se vino abajo. Como un castillo de naipes. Cometió una irregularidad detrás de otra. Y pese a que pidió disculpas, él es el primero que sabe que las normas están para cumplirlas y que hay espacios por donde apenas cabe una hormiga. Y gracias.

Las ansias de ganar, primero, de remontar, después, le dejaron, finalmente, en la 18ª posición, sin un mísero punto que sumar a su casillero en esta segunda carrera del calendario. Y después de acumular tres sanciones en una misma prueba, la primera por desplazarse con el motor en marcha de su posición en la parrilla de salida al apagársele el motor; la segunda y la tercera por una acción irresponsable en la pista: primero echó de una curva a Aleix Espargaró para meterse él, después se le quiso colar por el interior a Rossi y acabó provocando su caída —“Ahora aquí no vengas, vete a cagar”, le diría después Uccio, del equipo de Rossi, cuando fue a pedirle disculpas nada más llegar al box—. Márquez, de sanción en sanción, tuvo que hacer primero un paso obligado por el pit lane, luego tuvo que ceder una posición y finalmente fue castigado con 30 segundos. De modo que el quinto puesto en que cruzó la meta no le valió de nada.

Era el favorito. Por mucho que no se hubiera llevado la pole position. Había sido el más rápido casi en cada sesión del fin de semana. En seco y en mojado. Le gusta el circuito. Es un trazado ancho, 16 metros de pista, cuatro más que algunos de los circuitos europeos, puras ratoneras, en los que se queda sin espacio para hacer derrapar su moto en las frenadas, a la entrada de las curvas, sin espacio para tirar de toda su agresividad. No le importa que apenas tenga agarre. A él esa sensación le agrada. Y si a sus rivales les incomoda, qué mejor escenario para marcar las diferencias.

Miller, al frente del pelotón al inicio de la carrera.
Miller, al frente del pelotón al inicio de la carrera.MARCOS BRINDICCI (REUTERS)

Además, a nadie se le escapa que esta Honda es mejor que la del año pasado, con la que fue capaz de ganar el título. El motor es más potente. No le saca los colores la Ducati en las rectas, no sufre tanto en aceleración. Y si faltaban por ajustar una serie de detalles, al parecer, el equipo ha conseguido ponerlo todo en su sitio antes de lo esperado y gracias a un test privado en Jerez. De modo que Márquez aterrizó en Termas más contento que unas castañuelas. “Esta moto es mejor incluso que la de principio del año”, se le escapó.

No le sirvió de nada.

Al menos, no en Argentina.

Miller, el mismo que hizo una apuesta de locos para llevarse la pole el sábado, con neumáticos de seco y sobre una pista a ratos empapada, a ratos seca, había decidido salir a la parrilla con gomas lisas. Habían caído cuatro gotas en el momento justo en que los corredores salían del box, así que el australiano sorprendió a todos con su elección. Caos. Ningún otro piloto se la había jugado como él, pero al conocer su decisión, muchos dudan. Y empiezan a entrar de nuevo al pit lane. Lo hacen en masa. Uno tras otro. Arrastran las motos los mecánicos, corren con los cascos y otros aparatejos, corren también los pilotos. Se vacía la parrilla. Solo se queda Miller. El atrevido. El único que escogió bien. Y es tal el descontrol en el pasillo de los garajes que dirección de carrera decide retrasar la salida. Y a Miller se le borró la sonrisa por un instante. “Qué injusto”, decía su jefe técnico, Francesco Guidotti.

La decisión, la más salomónica que se les ocurrió entre todos, fue situar a la veintena de corredores que no eran Miller, en el mismo orden de salida, pero situados unos metros más atrás. El australiano logró conservar su ventaja durante el primer giro. Si terminó cuarto fue porque hizo una gran carrera. Como Crutchlow, ganador en Termas, que se impuso al frente de un grupo en el que podría haber mandado Pedrosa de no ser porque Zarco se le echó encima, pura precipitación, en los compases iniciales de la prueba. Al final, el francés (este, sin sanción) fue segundo. Y Rins, pura delicadeza a los mandos de la Suzuki, tercero. Los que aspiran a ganar el Mundial, los Dovizioso y Viñales (desaparecido Lorenzo) quedaron relegados a mera comparsa en Argentina, complicada la pista. Para algunos.

Sobre la firma

Nadia Tronchoni

Especialista de motociclismo de la sección de Deportes. Ha estado en cinco Rally Dakar y le apasionan el fútbol y la política. Se inició en la radio y empezó a escribir en el diario La Razón. Es Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valencia, Máster en Fútbol en la UV y Executive Master en Marketing Digital por el IEBS.

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