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Los futbolistas del PSG se conjuran para demostrar que son mejores sin Neymar

El vestuario parisino se propone exhibir frente a su directiva que el equipo es más competitivo sin el brasileño, aprovechando la necesidad de remontar el 3-1 al Madrid

Di María dedica un gol a su hija, frente al Marsella. En vídeo, declaraciones de Unai Emery. FOTO: REUTERS / VÍDEO: ATLAS

Dicen sus colaboradores que la lesión de Neymar Júnior provocó un desasosiego invencible en Nasser Al-Khelaifi. El presidente del Paris Saint-Germain habla con la gente del club como si no concibiese remontar la eliminatoria de Champions contra el Madrid (3-1 en la ida) sin el ídolo brasileño que él convirtió en la piedra fundamental de su proyecto. Sin esas bicicletas, sin esos eslalons, sin las llamativas lambrettas que tanto admira en el mediapunta, el jeque entiende que en el Bernabéu habrían sufrido una goleada aun mayor.

Al-Khelaifi se ha dejado arrastrar por la melancolía. Un sentimiento de derrota que contrasta con la repentina euforia que experimenta la plantilla. Desde que Neymar se marchó a operarse a Brasil el vestuario del Camp des Loges recobra el pulso. Lo dicen los técnicos, lo confirman los jugadores consultados, y lo ratifican personas que trabajan para el club. “Con Neymar teníamos un 5% de probabilidades”, calibran; “ahora tenemos un 50%”.

Solo Thiago Silva y Dani Alves, que ofician como sus edecanes, se muestran escépticos. Cavani, Di María, Pastore, Rabiot, Meunier, Kurzawa, Yuri, Verratti, Draxler, Marquinhos y Mbappé creen que están ante una oportunidad única de reivindicar el valor que se les niega desde las oficinas. Se ven seguros de golear al Madrid —les basta con un 2-0—, pasar a cuartos y dejar en evidencia que el equipo funciona mejor sin la figura impuesta por los dueños: un futbolista superlativo que no ha dejado de tratarlos con condescendencia sin haber hecho los suficientes méritos, a su entender. Alguien por quien no sienten tanto respeto como desconfianza.

Los jugadores quieren demostrar que la distancia entre sus derechos de segundones y los privilegios del ídolo es desproporcionadamente mayor que la distancia futbolística que les separa. “¿Acaso ha ganado un Balón de Oro?”, preguntan, después de calcular que llevan siete meses contemplando cómo los propietarios cataríes acumulan atribuciones a los pies de Neymar y derogan las normas de convivencia que rigieron para todos hasta el verano, permitiéndole tomar decisiones sobre el modo de entrenar y preparar los partidos, consintiendo que se salte jornadas de trabajo según sus actividades personales o dándole voz en materia de política deportiva. En definitiva, situándole en una jerarquía que le equipara de forma tácita no ya a Messi o Cristiano Ronaldo —los mejores futbolistas del siglo— sino al propio Al-Khelaifi. Por no mencionar el dinero y el acceso a condiciones suntuarias. Neymar cobra 47 millones de euros netos anuales. El triple que el siguiente en el escalafón, Mbappé, que cobra 17 millones, y cuatro veces más que Di María.

Ángel di María representa la situación del segundo escalón de la plantilla más opulenta del planeta. A sus 30 años, el extremo zurdo sabe lo que significa el desengaño profesional. El Madrid lo traspasó en 2014 para financiar el fichaje de James Rodríguez y en 2015 el PSG le adquirió del United a cambio de 63 millones, entonces el segundo fichaje más caro de la historia del club, solo un millón menos que Cavani. Si hubo un futbolista damnificado por la ola inversora del verano pasado, ese fue el argentino.

En agosto, tras la compra de Neymar y Mbappé por 400 millones de euros, el PSG envió a un intermediario a ofrecerlo a diversos clubes, entre ellos el Barça. Durante una semana, Al-Khelaifi creyó que la UEFA le obligaría a ingresar dinero para equilibrar el presupuesto y cumplir con el fair play financiero. Bien cotizado en el mercado, Di María se convirtió en potencial moneda de cambio, junto con media plantilla, Rabiot y Marquinhos inclusive.

Di María permaneció en París tras conocerse la moratoria que le concedió la UEFA al club para que ajuste las cuentas. El técnico, Unai Emery, pidió que no le traspasaran. Ignorante de que su entrenador nunca le inscribió entre los transferibles, dejó de hablarle durante semanas. Pero la presencia de Neymar, Mbappé y Cavani, le ha permitido pocas licencias. Di María solo ha disputado 67 minutos esta temporada en la Champions. En el Bernabéu no pisó la hierba. Pero sus números resultan notables. Ha metido 16 goles y ha dado 15 pases de gol en 32 partidos. La semana pasada le hizo dos goles al Marsella en la Copa y este sábado, en Ligue 1, abrió el marcador en la victoria al Troyes. Se ha fijado el partido contra el Madrid —club por el que se sintió injustificadamente rechazado— en términos de compromiso personal. Persigue una múltiple revancha. El martes no estará solo. Le acompañarán varios colegas que comparten su propósito de desagravio.

El clima de júbilo que se respira en el camerino de París tras la lesión de Neymar contrasta con la desbandada que provocó el 3-1 del Bernabéu, hace dos semanas. Los empleados del club constataron tal desinterés en los futbolistas ante lo que parecía el hundimiento del proyecto Neymar, que muchos se temieron una goleada ante el Madrid en el Parque de los Príncipes. Preocupado por evitar el ridículo, Al-Khelaifi fomentó métodos artificiales de motivación. Fuentes del vestuario indican que el presidente consintió el ingreso de los ultras —representantes de una de las hinchadas con más antecedentes criminales de Europa— al campo de entrenamiento para entrevistarse con los jugadores. La televisión oficial del PSG lo retransmitió como un encuentro folclórico. Hay futbolistas que confiesan que sintieron miedo.

Renuente a apreciar soluciones futbolísticas tras la renuncia de Neymar a disputar el partido, la directiva del PSG parece desconfiar de las posibilidades deportivas del equipo. Este domingo el director deportivo, Antero Hernique, dejó entrever en una entrevista al diario L'Equipe que la derrota en la ida fue propiciada por un juez parcial, y que para eliminar al Madrid demandan “un arbitraje excepcional”.

Conscientes de la desafección existente entre Neymar y la mayoría del equipo, y ante el temor de que la opinión pública advierta que las cosas pueden funcionar mejor sin la estrella que ha definido toda su estrategia, los dirigentes del PSG se propusieron lanzar una campaña propagandística en sentido contrario. “Queremos dedicar la clasificación a Neymar”, declaró Emery el sábado en un discurso pautado. Le sucedió Antero Henrique: “Neymar nos puede ayudar desde el exterior. Por su espíritu, su relación con los jugadores, el staff, los hinchas... Aunque no pueda jugar sentimos que Neymar está ahí. Neymar es el líder del equipo y sus compañeros quieren darlo todo por él”.

Las palabras pronunciadas en público por los representantes del PSG no coinciden con aquello que explican desde el vestuario y bajo condición de anonimato jugadores y técnicos. Hasta que se lesionó el llamado “líder”, hace una semana, la atmósfera en el Camp des Loges contenía notas pestilentes. Ahora reina un entusiasmo lindante con la revuelta.