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Clausurados los Juegos de Pyeongchang, entre deseos de deshielo

Corea del Norte "está muy dispuesta" a hablar con Estados Unidos, dice el Sur. Ivanka Trump coincidió en el palco del Estadio Olímpico con un alto funcionario del Norte

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Ceremonia de clausura de Pyeongchang 2018. AFP

Con los fastos de la ceremonia de clausura, han finalizado los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang (Corea del Sur). Unos juegos que serán recordados tanto por su calidad deportiva como por su importancia política en las relaciones entre las dos Coreas, tras un año de tensiones sobre el programa nuclear norcoreano: la primera vez desde los Juegos Asiáticos de invierno en 2007 que ambos países desfilaban juntos. La tregua que han generado en las tensiones continuará aún unos días más, mientras se desarrollan los Paralímpicos que se clausurarán el 18 de marzo. Más allá, está por ver si esta calma ha sido solo un espejismo temporal o los esfuerzos por establecer un diálogo se sostienen. Aunque ya hay señales esperanzadoras: Seúl ha declarado que el Norte está “muy dispuesto” a hablar con Estados Unidos.

Pop surcoreano, homenajes a los países más condecorados con medallas, y un espectacular adelanto de ocho minutos firmado por el director de cine Zhang Yimou de lo que serán los próximos Juegos de invierno en Pekín en 2022. Más un saludo personal, aunque grabado, del propio presidente chino Xi Jinping dando la “cálida bienvenida a nuestros amigos” en las nuevas Olimpiadas.

Los Juegos de Pyeongchang cerraron con un merecido broche de oro 17 días de competición que han visto confirmarse estrellas esperadas, como la estadounidense Chloe Kim, oro en snowboard, e inesperadas, como el equipo femenino surcoreano de curling, que ha cautivado a su país y se hizo este mismo domingo con una emotiva medalla de plata.

Noruega ha encabezado el medallero, con catorce oros y por delante de Alemania, que la igualó en números uno pero obtuvo menos galardones en total. Canadá ocupó el tercer puesto, con once oros. España rompió su maldición en los juegos de nieve y hielo y logró dos bronces, el de Javier Fernández en patinaje artístico y el de Regino Hernández en snowboard.

En el palco de autoridades del Estadio Olímpico, la situación era un espejo de la ceremonia de inauguración. Como entonces, una mujer joven ha atraído todas las miradas, mientras un hombre de mediana edad ponía cara de que aquello no iba con él. Hace dos semanas, la mujer joven era la hermana del líder norcoreano Kim Jong-un, Kim Yo-jong, y el hombre adusto, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence. Este domingo, las nacionalidades se han intercambiado: la dama sonriente era Ivanka Trump, la hija del presidente estadounidense Donald Trump; el varón con pocas ganas de socializar era el representante norcoreano, el general Kim Yong-chol.

Pero si Pence permaneció impertérrito sentado en su asiento al paso de la delegación conjunta coreana en la inauguración, Ivanka Trump sí se puso en pie y aplaudió entusiásticamente cuando los atletas de las dos Coreas -ahora ya juntos, sí, pero cada uno en su uniforme y ondeando su propia bandera- desfilaron saludando al público.

No estaba previsto que hubiera contacto entre Ivanka Trump y el general Kim, como tampoco lo hubo entre Kim Yo-jong y Mike Pence. Precisamente, la presencia del militar había suscitado fuertes protestas y divisiones en Corea del Sur: como antiguo jefe de los servicios secretos norcoreanos, Seúl le considera responsable del hundimiento de la fragata del Sur “Cheonan” en 2010, en la que murieron 46 marineros al parecer al impactar un torpedo del Norte. Legisladores y simpatizantes de partidos derechistas acudieron este domingo a la frontera para tratar de bloquear su entrada en Corea del Sur, al considerarle un criminal de guerra.

Si su presencia en el Sur se puede interpretar como una provocación, también tiene otra lectura: como uno de los expertos del programa nuclear de Corea del Norte, y al frente de una delegación de ocho funcionarios entre los que hay expertos nucleares y en relaciones con Estados Unidos, puede ser el hombre adecuado para llevar las negociaciones un paso más adelante.

Algo se ha movido. Según ha declarado el palacio presidencial surcoreano, la Casa Azul, en el transcurso de un encuentro con el presidente del sur, Moon Jae-in, la delegación norcoreana “estuvo de acuerdo en que las conversaciones intercoreanas y las relaciones entre el Norte y Estados Unidos deben mejorar simultáneamente”.

De confirmarse, supondría un espaldarazo para el presidente del Sur, Moon Jae-in, que apuesta por el acercamiento con el Norte para intentar llevar la tranquilidad a la península y posibilitar unas conversaciones directas entre Pyongyang y Washington. Las relaciones de Seúl con el norte han mejorado notablemente a raíz de estas Olimpiadas. Kim Jong-un ha agradecido públicamente el bien trato propiciado a su hermana durante los días de su estancia, y ha expresado su voluntad de ahondar en los lazos intercoreanos. Pero Seúl no ha respondido aún a la invitación personal de Kim para que Moon visite Pyongyang, “en el momento que le sea más conveniente”.

Apenas horas antes, en un comentario distribuido por su agencia estatal KCNA, Corea del Norte advertía que “Estados Unidos ha devuelto la amenaza de una guerra a la península coreana al imponer nuevas sanciones a gran escala ante de la ceremonia de clausura”, y ha insistido en que no dialogará con Washington.

Estados Unidos, que insiste en la necesidad de combinar la apertura al diálogo con una “presión extrema” sobre Pyongyang, anunció el viernes nuevas sanciones contra el régimen de Kim Jong-un. En total, 27 compañías navieras y 28 buques que comercian con Corea del Norte serán castigados. Si este país continúa sin renunciar a su programa de armamento nuclear y de misiles balísticos, Trump ha anunciado que se pasará a la “segunda fase” de medidas “más duras que nunca”. Ivanka Trump ha subrayado que su presencia en el Sur tiene como fin reiterar el apoyo a la política de “máxima presión”.

El Ministerio de Unificación surcoreano ha indicado que continuará sus esfuerzos para que tengan lugar nuevas conversaciones. En su opinión, “los Juegos Olímpicos han servido para revivir el impulso hacia el diálogo”. Y Seúl está dispuesta a continuar su trabajo para “acelerar las conversaciones” entre Estados Unidos y Corea del Norte.

La gran prueba de fuego llegará una vez que concluyan los Paralímpicos. Entonces, Estados Unidos y Corea del Sur tendrán que decidir en qué momento exacto celebran, si es que las celebran, las maniobras que aplazaron durante los Juegos, “Key Resolve”. En abril llegarán también los mayores ejercicios militares del año, “Foal Eagle”, que Corea del Norte percibe como un ensayo para invadir su territorio.

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