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La última esperanza olímpica de Javier Fernández

El patinador madrileño, de 26 años, afronta sus últimos Juegos ante la incógnita del estado de forma de Yuzuru Hanyu, su gran rival y el desparpajo de los jóvenes talentos

Javier Fernández, el lunes en Pyeongchang. En vídeo, comentarios de los expertos en patinaje de Eurosport Miguel Ángel Yáñez y Marta Serra.

En el patinaje artístico sobre hielo suelen ser decisivos elementos imperceptibles para la mayoría de los seres humanos. Entre tanto tecnicismo un salto destaca muy por encima del resto, una proeza física al alcance de muy pocos, ejecutada por primera vez en 1988: el cuádruple, cuatro rotaciones en el aire. En 2014, Javier Fernández era de los pocos que se atrevía a meter tres en el ejercicio largo (cuatro minutos y medio), una combinación extenuante. Un ciclo olímpico después, el madrileño no ha elevado su apuesta y los rivales por el podio en Pyeongchang se atreven con hasta cuatro o cinco. Por edad, él mismo ha admitido que está ante su última oportunidad para lograr la medalla olímpica que se le escapó en Sochi, donde fue cuarto. Sería el broche a una carrera cuya retirada empezará a planificar cuando acabe esta temporada.

Antes de la batalla de los cuádruples, entrará en juego el programa corto la madrugada del jueves al viernes. El madrileño patinará el penúltimo (6.14, DMax) mientras que Felipe Montoya, el otro representante español, nacido en Colombia, lo hará el primero (02,08). Para esta primera jornada el plan de Javi incluye dos cuádruples, como sus rivales directos, donde se mete en la piel de Chaplin en Tiempos modernos. Un día más tarde el largo decidirá las medallas.

Las diferentes estrategias dividen a los expertos. Fuera de España, Javier Fernández, bicampeón del mundo y seis veces campeón de Europa de forma consecutiva, no es el favorito. Su programa largo más conservador, inspirado en Don Quijote, lo sitúa un escalón por debajo de rivales más jóvenes que representan a potencias del patinaje: Japón, con Yuzuru Hanyu, 23 años, vigente campeón olímpico, y Shoma Uno, 20 años; y Estados Unidos, con Nathan Chen (18 años).

Chen y Uno fueron oro y plata en la final del último Grand Prix, donde compiten los mejores patinadores del mundo, cita en la que no estuvo el español, que no se clasificó, ni Hanyu, vigente campeón del mundo, que estaba lesionado. El estadounidense apuesta por cinco cuádruples, por lo que algunos le conocen ya como el rey de los cuádruples. Sin embargo, solo ha sido capaz de hacerlos en una ocasión y normalmente suele sacar limpiamente dos. Uno, por su parte, apuesta por cuatro, aunque también suele fallar.

La gran incógnita será el estado de forma de Yuzuru Hanyu, compañero de entrenamiento de Fernández en Toronto, Canadá, bajo la dirección de Brian Orser. El japonés se dañó los ligamentos del pie derecho en noviembre intentando ejecutar un cuádruple Lutz y solo pudo empezar a entrenar seriamente hace tres semanas. Su hermetismo hace que seea muy difícil conocer exactamente el alcance de la lesión, ni cómo ha planificado su recuperación Ni siquiera los medios informativos japoneses, que lo exhiben a diario, saben a veces dónde está. Ningún patinador repite oro olímpico desde 1952.

Javier Fernández, en esta ocasción, también ha recurrido a cierto aislamiento. Escaso contacto con los medios desde que hace menos de mes alzara su sexto título europeo, y apoyo de su círculo más cercano. En Pyeongchang, tiene le acompaña su familia, padre, madre, hermana y novia. De momento, se ha mostrado bastante tranquilo.

La estrategia del madrileño no es ningún secreto. Él mismo la ha explicado en muchas ocasiones: que se caigan los rivales por llenar su programa de cuádruples. “Puede haber un patinador que haga todo cuádruples, si no hay problema. Pero entonces no tienes patinaje ni interpretación. Eso contrarresta. El problema es que muchas veces los jueces no lo ven”, aseguró el madrileño hace unas semanas en una entrevista con EL PAÍS.

Su objetivo, por tanto, es bordar sus ejercicios sin fallos. Quienes lo conocen bien aseguran que controla el 99% de su programa, que es una apuesta prácticamente segura de podio. Ensalzan, por una parte, la gran capacidad que tiene para recuperarse, mientras otros se descomponen cuando un tropiezo los hace caer sobre el hielo. También destacan la calidad de sus enlaces, cómo combina los elementos. Fernández, por ejemplo, aborda el cuádruple Salchow desde una formación de pasos circulares, con la que es más difícil coger velocidad. Es el tipo de detalles invisibles para una afición española que ha descubierto el patinaje con él y que de repente se ve balbuceando palabras como Salchow o axel. Esa ha sido su mayor gesta. La medalla olímpica sería su mejor broche.

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