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Luis Suárez, un delantero con callo

Superadas las molestias en la rodilla y las críticas, el punta del Barcelona vuelve a reivindicarse con goles

Suárez festeja su gol en el clásico del Bernabéu. Ampliar foto
Suárez festeja su gol en el clásico del Bernabéu. AFP

Para enfundarse la camiseta del Barcelona debió despuntar en Uruguay, curtirse en un equipo modesto como el Groningen holandés, reclamar su cuota de protagonismo europeo en el Ajax y subrayarse como el delantero de moda en el Liverpool. Quizá no le alcanzó con solo su talento, pero ha demostrado en repetidas ocasiones que le sobra con su corazón y generosidad, también con puntería para jugar en el Camp Nou. Por eso Luis Suárez (Salto, Uruguay; 30 años), que siempre entendió las adversidades como retos y no penalidades, ha vuelto a definirse con el gol como hizo durante toda su carrera. Aunque lo suyo le ha costado en esta temporada de cambio, pues ya no comparte la delantera con Neymar sino que se reparte los espacios con Messi y últimamente con las irrupciones de Paulinho.

Fue un inicio de curso resbaladizo porque no dijo la suya en la Supercopa como tampoco se relacionó con frecuencia con el gol, hasta el punto de que sumó 478 minutos sin marcar. La peor racha de azulgrana tras los 393 minutos que acumuló tras ponerse por primera vez la camiseta azulgrana. “Vamos a darle un poco de tregua”, reclamó hace un par de meses Valverde, consciente de que la rampa hacia el gol había cambiado porque con Luis Enrique se jugaba para el tridente y con él el equipo gira alrededor de Messi. “Me preocuparía si Suárez no rondara el gol”, repetía el técnico cuando se sucedían las preguntas sobre el 9, sobre todo por lo extraño de la estadística porque el uruguasho —como le gusta que se pronuncie— se convirtió hace dos cursos en la Bota de Oro al firmar 59 goles. La sequía, sin embargo, preocupaba al ariete. “Desde el club siempre le hemos dicho que tranquilidad, que sabíamos que tarde o temprano volvería a marcar”, cuentan desde las oficinas de la ciudad deportiva.

Ocurrió que también jugaba con dolor porque un quiste sinovial en la rodilla derecha le traía a maltraer y se acrecentó porque prefirió competir con Uruguay para ir al Mundial antes que guardar reposo. Eran fechas incómodas porque el delantero apenas se expresaba en el área —pasó de una media de tres ocasiones a una por encuentro— y el equipo le encontraba lejos del área porque por algo es el curso en el que más pases contabiliza por duelo (31), cuando en las temporadas anteriores se quedó en 28, 27 y 25. “Era un proceso que debía asimilar”, dicen desde el vestuario; “porque se han cambiado mecanismos ofensivos tras la salida de Neymar”. Pero nadie dudaba de su facilidad para ver puerta —131 goles de azulgrana, séptimo en la historia del club junto a Eto’o, por delante de Rivaldo (130) y por detrás de Paulino Alcántara (134)— del mismo modo que se ha ganado a pulso la complicidad de Messi y del camerino porque desde que Eto’o marcara 30 dianas en la Liga 2008-09, nadie en el Barça se había atrevido a discutirle el liderazgo goleador a La Pulga.

Explosión goleadora

Pero Suárez le hizo dos goles al Leganés en la jornada 12 y recuperó su definición. “Nació con el gol”, reivindican desde el Barcelona. Así, acumula ahora siete dianas en los últimos seis encuentros ligueros para alcanzar las 10 redes —es el tercero en la carrera por el Pichichi tras Messi (15) y Aspas (11)— en 14 partidos. Le queda la factura de la Champions por pagar, toda vez que no ha sido capaz de estrenarse en los seis duelos disputados.

“No le preocupa si el equipo es capaz de ganar como hasta ahora”, explican desde el entorno del futbolista. Entre otras cosas porque nunca le superaron los contratiempos porque en Inglaterra, por ejemplo, le acusaron de tirarse al suelo, de racista por insultar a Evra y de caníbal por morder a Ivanovic. Tampoco pudo con él el arresto deportivo que sufrió por parte de la FIFA tras hincarle los dientes a Chiellini en el Mundial ni la tirria con que se le mira en la Liga por su exagerada gestualidad del mismo modo que dos épocas de sequía las ha solventado con una cascada de goles.

Nada puede con Suárez porque sabe que con su fútbol ha conquistado al Camp Nou y también a Messi (pasan incluso juntos la Navidad en la casa de los padres de Antonella, mujer de Leo), porque es un delantero con callo.

Con la rodilla arreglada, recupera el gol

A Luis Suárez le salió un quiste sinovial en la rodilla derecha que le molestaba bastante hasta el punto que se valoró operarlo. Pero los médicos optaron por un tratamiento menos agresivo, más enfocado al reposo, a sesiones de fisioterapia y masajes. Pero el 9 no paró porque quería marcar con el Barça y con Uruguay, por lo que le costó mejorar.

Pero cuando se tomó unos días de asueto en la última fecha FIFA de selecciones, Suárez redujo el quiste a poca cosa. “Aunque sabía que era una tontería, estaba preocupado porque le dolía, a veces se le enganchaba la rodilla... Y eso le hacía estar con la cabeza en la articulación”, explican desde el entorno del futbolista. No le preocupó la falta de gol —“estaba más ansioso que nervioso porque siempre ha sido así en su carrera, porque también le costó marcar con el Groningen al inicio e incluso con el Ajax”, dicen desde su círculo íntimo— sino su rendimiento. Pero ahora ha vuelto al tiempo que confirman que todavía le queda una pequeña bolita de quiste, pero que ya no le molesta en absoluto. “Ha sido sentirse bien y que la pelota vuelva a entrar”, afirman desde el entorno del delantero.

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