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Un infiltrado y un clásico, a por la Copa Libertadores 2017

El sorprendente Lanús argentino necesita remontar un gol ante Grêmio para hacerse con su primera copa continental. Los brasileños buscan su tercer entorchado

Final Copa Libertadores 2017
Disputa entre los jugadores de Lanús y Grêmio en la ida. AFP

La Copa Libertadores es un reality show de supervivencia tan imprevisible que al capítulo final suele llegar el equipo menos pensado y en apariencia más débil. Esta noche (0.45, beIN Sports), puede consagrarse uno de los campeones de América más sorprendentes de la historia. Lanús de Argentina, un club considerado fuera de los “cinco grandes” de su país (River, Boca, Independiente, Racing y San Lorenzo), intentará remontar en su estadio de la periferia de Buenos Aires la derrota por 0-1 que sufrió hace una semana en la final de ida, en Brasil, contra un peso pesado del continente: Grêmio de Porto Alegre.

Equipos que juegan a 4.000 metros de altura, distancias enormes, trayectos difíciles de cubrir por tierra y árbitros con una particular visión del reglamento son algunos de los obstáculos que convierten a La Copa en un torneo mucho más inestable que su par europeo, la Champions, cuyo último finalista inédito fue en 2008, el Chelsea ya multimillonario de Román Abramovich.

En las últimas cuatro finales de la Libertadores, en cambio, siempre hubo un equipo infiltrado, sin pedigrí internacional: Nacional de Paraguay en 2014, Tigres de México (con mucho más poderío económico en este caso) en 2015, Independiente del Valle de Ecuador en 2016 y, en esta edición, Lanús, un club que hasta 1992 alternaba entre los campeonatos de Ascenso y Primera División de su país, pero que ya en los últimos 25 años se mantuvo en la máxima categoría y sumó dos títulos de liga, en 2007 y 2016, y dos copas internacionales, la Conmebol 1996 (con Héctor Cúper como entrenador) y la Sudamericana 2013.

Mientras La Fortaleza, como se conoce al estadio de Lanús, se viste de fiesta para recibir la primera final de la Libertadores de su historia, para Grêmio, un club más acostumbrado a estas instancias, será su quinta final de Copa. El equipo de Porto Alegre salió campeón en 1983 y 1995 (perdió las de 1984 y 2007) y, de consagrarse campeón, alcanzará a São Paulo y Santos como los clubes brasileños con más Libertadores.

La final de ida fue muy pareja e incrementa la incertidumbre para el partido de esta noche: recién se definió a ocho minutos del final con un gol de Cícero. Pero Grêmio lo pasó mal en el primer tiempo y allí se sostuvo en su habitual figura, Marcelo Grohe, considerado por muchos como el mejor portero de la Copa.

Lanús es un equipo de autor que responde al ideario de su técnico, Jorge Almirón, un futbolista cuya trayectoria en la década de los noventa pasó casi desapercibida en su país (jugó menos de una temporada en Primera, en Deportivo Español, en 1996/97), pero de buen paso por México, donde conoció a Ricardo La Volpe, el entrenador que inspiró su estilo de juego de posesión de la pelota, espíritu ofensivo y salidas “lavolpianas” desde su propio arco.

Mientras Grêmio confía en la capacidad goleadora de Luan, el máximo anotador de su equipo en la Copa, con siete goles, la mejor carta de Lanús es su juego colectivo, con un diseño habitual, 4-3-3. Acaso el jugador más peligroso sea José Sand, delantero de 37 años que es el goleador del torneo (ocho tantos) junto a Scocco, de River, y Chumacero, de The Strongest.

Los dos equipos sufrirán una baja por acumulación de amonestaciones. En Lanús no podrá jugar Diego Braghieri, líder de la defensa, mientras que Grêmio tendrá la ausencia de Walter Kannemann, cacique del mediocampo. A diferencia de las fases previas, en la final de la Copa Libertadores el mayor número de goles como visitante no sirve para desempatar en caso de igualdad, por lo que se llegaría a penaltis. El ganador se clasificará para el Mundial de Clubes que se jugará en Emiratos Árabes en diciembre, donde espera el Real Madrid.

Argentinos Juniors, de Argentina, en 1985, Once Caldas de Colombia, en 2004, y Liga de Quito, de Ecuador, en 2008, encabezan una lista a la que quiere sumarse Lanús: la de los campeones más sorpresivos. Grêmio le opondrá el peso de la historia.

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