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Liga Santander Jornada 3 | Athletic, 2 - Girona, 0

Williams desorienta al Girona

Dos asistencias del extremo dan la victoria a un Athletic paciente y ordenado

Athletic-Girona
Munian celebra su gol al Girona. EFE
LaLiga Santander Jornada 3

FINALIZADO

Hay partidos que se resuelven en grupo, la mayoría, y otros en los que se cuela alguien para reclamar el foco. Y en el Athletic eso sucede pocas veces, pero cuando ocurre algo tiene que ver habitualmente Iñaki Williams. El extremo del Athletic tiene en sus piernas un motor de difícil calibración que arranca y no para. Y en San Mamés devoró kilómetros y el Girona no pudo hacer otra cosa más que mirar y preguntarse, como el coyote, ¿qué era eso?

Athletic

4-2-3-1

José Ángel Ziganda

13

Herrerín

30

Unai Núñez

15

Lekue

4

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Laporte

24

Balenziaga

7

Cambio Sale Aketxe Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Beñat

6

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

San José

22

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Raúl García

11

Williams

10

1 goles Gol Cambio Sale Sabin Merino

Muniain

20

1 goles Gol Cambio Sale Iturraspe

Aduriz

1

Iraizoz

20

Muniesa

2

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Bernardo

5

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Alcalá

6

Cambio Sale Douglas Luiz Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Alex Granell

25

Cambio Sale Mojica

Pablo Maffeo

8

Pere Pons

11

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Aday

24

Borja García

7

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Stuani

9

Cambio Sale Kayode

Portu

Girona

3-4-2-1

Pablo Machín

Y eso que el equipo de Machín empezó tocando la pelota en el salón, organizando la escena, dándole brillo con cadenas de pases que parecían no tener fin mientras el Athletic perdía su papel de anfitrión, sin saber muy bien qué estaba pasando. Tuvo el equipo de Ziganda un comienzo de velada típico de las cenas improvisadas, en las que crees saber lo que va a pasar, pero no eres capaz de reaccionar cuando todo sucede. El Girona es un equipo reconocible, gustoso en el trato del balón, valiente en el planteamiento (un novato en Primera con defensa de tres no es algo fácil de ver), tan entendido en su tarea que no le cuesta llevarla a cabo. Por eso los primeros quince minutos del partido fueron suyos, tan suyos que movió el balón de un lado a otro todas las veces que quiso, jugó con la presión del Athletic como un león con su presa (ironías del destino) y metió en más de un apuro a un rival que veía todo revuelto.

Pero lo malo que tiene revolver y no encontrar es que desespera. Y el Athletic demostró paciencia para esperar a que ese torbellino terminase y rebajara su intensidad. Ahí apareció Williams, un delantero que juega sin velocímetro capaz de registrar sus zancadas, y que luce mejor como asistente que como asistido, al menos por el momento. Un centro suyo desde la banda derecha llegó hasta Muniain, que lanzado en plancha remató con la espinilla tan lejos de los brazos de Iraizoz que parecieron los de un niño. Los aplausos que recibió el que fuera portero del Athletic durante una década dejaron de sonar dulces para el meta del Girona. Con ese gol maduró el Athletic y se desorientó el Girona. Olvidó el pase y trató de culminar sus jugadas con disparos desde fuera del área que nunca parecieron suficientemente fuertes ni colocados como para sorprender a Herrerín.

Si durante el comienzo del partido San José y Beñat sufrieron ante Granell y Pons, con el marcador encarrilado la ansiedad cambió de barrio. Ya los pases no eran tan rápidos ni precisos y Aduriz y Raúl García empezaron a establecer esa legislación que tan mal se lleva con los centrales. Salto y caída. A veces de uno, otras del otro. Siempre queda algún dolorido en el camino. Solo Muniain llevó la batalla al verde, donde se mueve últimamente como un agente libre. Y ante esa presencia imprecisa se perdió el Girona. Solo Aday por la banda izquierda y Stuani en algún balón aéreo complicaron a la defensa rojiblanca. Núñez cumplió ante el uruguayo y Lekue blindó su banda.

La corriente llevó al Athletic a seguir apostando por la cadena de Williams y el extremo, tras proteger un balón en largo de Herrerín se lo cedió a Aduriz para que manso, engañando a Iraizoz desde el punto de penalti, marcase su 150.er tanto como rojiblanco. Si el Girona ya quedó marcado con el primer zarpazo, no encontró forma de disimular el golpe tras el segundo gol. Lo intentó, porque la valentía no entiende de adversidades, pero chocó una y otra vez sin encontrar el hueco.

El conjunto de Pablo Machín se llevó de San Mamés la pena de quien se sabe la materia, pero no es capaz de plasmarla en el papel. Y el Athletic es de momento una asignatura por recuperar.

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