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Alberto Contador anuncia su retirada

El ciclismo mundial se queda sin uno de sus grandes campeones, que colgará la bicicleta después de la Vuelta, a los 34 años

Contador, seguido por David de la Cruz en la última etapa de la París-Niza. En vídeo, un resumen de la trayectoria del ciclista.

El destino está escrito pero es difícil de leer e imposible de contradecir hasta para los más grandes, dijo algún sabio, y Alberto Contador lo ha comprobado y lo ha comprendido en el Tour pasado, que ha acelerado su despedida más de lo que deseaba. Doce días antes de que comience la Vuelta en Nîmes, el ciclista de Pinto (6 de diciembre de 1982) ha anunciado con un vídeo en Instagram que finalmente correrá la ronda española, una de las incógnitas que había levantado las últimas semanas, y que al día siguiente colgará la bicicleta, una decisión inesperada.

Ganador de dos Tours, dos Giros y tres Vueltas (el positivo por clembuterlo le quitó otro Tour y otro Giro), Contador se había especializado en llevar la contraria al destino. Se va, aunque su deseo era correr un año más. “No hay una despedida mejor que en la carrera de mi casa y de mi país”, dice en su vídeo, en el que hace virtud de la necesidad.

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Contador, un corredor que levanta tanto amor como animadversión entre los apasionados, había puesto por primera vez una fecha de caducidad a su carrera en febrero de 2015: “A finales de la temporada de 2016 me retiro”, anunció. “Quiero hacerlo en plena posesión de mis facultades, con la capacidad aún de luchar por la victoria en todas las carreras. No quiero arrastrarme”. Dos meses después ganó el Giro, la última de sus grandes victorias. A mediados de 2016, cuando se acercaba el Tour, cambió de decisión. Necesitaba un nuevo equipo, porque el Tinkoff del millonario ruso Oleg Tinkov, que tampoco le quería, cerraba la tienda, y negoció con los norteamericanos del Trek. Alargó su carrera un año con posibilidad de otro.

La posibilidad de un último Giro

En el Tour pasado, que terminó noveno a 8:49 de Froome, y donde anduvo en fuga en casi todas las etapas y atacó todo lo que pudo, comprendió que la renovación de su contrato era más que complicada. El equipo le dejó ver que ya no creía que pudiera aspirar más veces a ganar la prueba que le había hecho más grande. La última semana de la carrera, Steven de Jongh, su director de confianza, ya dejó caer cómo acabaría la relación. “Contador no correrá el próximo Tour”, anunció en la televisión holandesa. Dado que el segundo patrocinador del equipo, Segafredo, es una compañía italiana, se le abrió a Contador la posibilidad de un contrato para 2018 solo hasta el Giro, una carrera más accesible a sus posibilidades actuales y desde la que podría despedirse a lo grande. Contador lo aceptó de entrada, pero no hubo acuerdo económico.

Se despedirá en la Vuelta, la carrera que ganó tres veces. Será el único español con posibilidades de brillar en una lista de participantes en la que no falta apenas ninguna de las figuras del momento, salvo el holandés Tom Dumoulin, ganador del Giro, y Nairo Quintana, el último ganador de la prueba. Su ausencia deja vacante el dorsal número uno, que la carrera podrá asignar a quien desee.

Gran vacío

España, y el mundo, se queda sin uno de los mejores ciclistas de la década, uno de los mejores escaladores y el mejor, sin duda, en grandes carreras por etapas, uno al que le gustaba ser de otro tiempo, la vida al ataque. Uno de los últimos de la mejor generación, quizás, del ciclismo español, en la que confluyeron campeones del mundo y clásicas como Óscar Freire (nacido en 1976), ganadores de Tour como Carlos Sastre (1975) y Óscar Pereiro (1977), ganadores en todos los terrenos como Purito Rodríguez (1979) y Samuel Sánchez (1978) y ganadores de todo, como Alejandro Valverde (1980). Con la baja de Contador, que cumplirá 35 años en diciembre, de ellos solo quedan en activo Valverde, que se recupera de una fractura de rótula tras una caída en el Tour, y Samuel Sánchez, que medita cuándo anunciar su retirada.

Pocos ciclistas en la historia han ganado las tres grandes. Solo él entre los españoles. Indurain, el de los cinco Tours, ganó también dos Giros; Perico, otro de su linaje, ganó el Tour y dos Vueltas; Luis Ocaña, el héroe trágico de los años 70, logró un Tour y una Vuelta, y Federico Martín Bahamontes, con quien todo empezó con su Tour de 1959, nunca pudo con la Vuelta. Solo cinco corredores de todo el mundo Anquetil, Gimondi, Merckx, Hinault y Nibali— acompañan a Contador en ese logro. Y solo uno, Hinault, ha conseguido, como él, ganar las tres en más de una ocasión.

Según las cuentas que lleva de sus victorias, a Contador le sale que ha ganado tres Tours (2007, 2009 y 2010), tres Giros (2008, 2011 y 2015) y tres Vueltas (2008, 2012 y 2014). La contabilidad oficial, que refleja algunos de los años más turbios de una carrera profesional que comenzó en 2003, indica que son dos Tours (2007 y 2009), dos Giros (2008 y 2015) y la tres Vueltas. El positivo por clembuterol en el Tour de 2010, anunciado tres meses después de que subiera al podio de los Campos Elíseos con el maillot amarillo, le supuso una sanción por la que perdía esa victoria y también la del Giro del año siguiente, que disputó sabiendo que una sanción posterior podría suponer su descalificación.

El positivo por el clembuterol, la sanción y también la cabezonería con la que peleó por su inocencia, marcaron su relación con los aficionados y también la segunda parte de su carrera, aquella en la que decidió, con el aplauso de la afición agradecida harta de ciclistas de cálculo y miedo, que más que la victoria importaba la forma con que se conseguía, el atrevimiento, la audacia y el riesgo. Hasta entonces había sido el superdotado que había derrotado al Lance Armstrong viejo que regresó para conocer la derrota y que, sobre todo, había superado una enfermedad, un ictus que sufrió en mitad de una etapa de la Vuelta a Asturias de 2005 que le mantuvo varios días entre la vida y la muerte. Después de operarse volvió a la vida y al ciclismo. Fue su primera gran victoria.

En su segundo triunfo derrotó a la Operación Puerto, la redada contra el dopaje que acabó con la carrera y el equipo de Manolo Saiz, el director que le había descubierto de amateur y que ya entonces sabía que sería un ganador de Tour. Ningún equipo español fue tan decidido como para lanzarse a contratarle entonces. Johan Bruyneel, que buscaba un ciclista que le evitara dormirse en el coche durante el Tour pasada la época Armstrong, les fichó a él y a Ivan Basso. Fue el comienzo del exilio para Contador, que nunca más volvió a correr en un equipo español. Su nombre quedó para siempre asociado al de dos grandes mánagers extranjeros, Bruyneel y Bjarne Riis, y al de su grupo de confianza, que le acompañó, hasta el última día.

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