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Miriam Blasco: “Hoy las niñas tienen modelos que son mujeres”

La primera medallista olímpica española recuerda la lucha por abrirse paso en un mundo de hombres

Miriam Blasco celebra su oro alzando la bandera española entre lágrimas, el 31 de julio de 1992.
Miriam Blasco celebra su oro alzando la bandera española entre lágrimas, el 31 de julio de 1992.

Para Miriam Blasco (Valladolid, 1963), la final olímpica fue un torrente de emociones. Semanas antes de los Juegos, su entrenador, Sergio Cardell, había muerto en un accidente en una moto que la yudoca española había comprado a su marido de entonces. En Barcelona, Miriam tenía una presión máxima. El yudo femenino se estrenaba como disciplina olímpica y ella era la campeona del mundo. Cargaba con la responsabilidad, además, de ser la primera medallista española de la historia en una cita de verano… aunque ella no lo sabía. En el combate por el oro en la categoría de -56 kilos peleó con la inglesa Nicola Fairbrother. Cuando ganó y subió a lo alto del podio, todas esas emociones brotaron como lágrimas. Aquel oro derribó un muro y despegó el deporte femenino español. Para Blasco, fue la demostración de que podía alcanzar sus retos. Luego fue senadora por Alicante con el Partido Popular y hace año y medio se casó con Fairbrother, su rival en 1992. En la boda, intercambiaron los metales de Barcelona. Alianza de oro para Nicola y de plata para Miriam. “Es una historia bonita porque es una historia de amor”, recuerda.

Pregunta. ¿Cómo llegó al yudo?

Respuesta. Éramos nueve hermanos. Ocho chicas y un chico. Yo soy la del medio. Mi padre era profesor de educación física y mi madre tenía una tienda de deportes. Así que dijeron: “Dos a gimnasia, dos a yudo, dos a atletismo…”. A mí me tocó yudo. Empecé con ocho años sin saber nada pero me enamoró desde el principio.

P. ¿El mejor recuerdo de los Juegos?

R. Entrar en el estadio. Los yudocas normalmente no vamos al estadio, y entrar y que la gente se levantara fue muy emocionante, con el Príncipe de abanderado. Y luego, claro, oír el himno en el podio y pensar: “Lo hemos conseguido”. Son momentos que tengo grabados no en la mente sino en el corazón.

P. ¿Sabía en el momento de luchar por el oro que podía ser la primera española medallista olímpica de la historia?

R. No, y me alegro de no haberlo sabido. Eso me hubiera generado más presión y más responsabilidad todavía. Lo supe luego. Lo gané yo pero el día después mi compañera Almudena Muñoz lo ganó también, el equipo de hóckey, Arantxa y Conchita… en modalidades muy diferentes. Por un día fui yo la primera, pero el mérito lo tendríamos que tener todas. El oro fue de las mujeres de Barcelona.

P. ¿Qué supuso ese momento para el deporte femenino español?

"Antes cuando se hablaba del deporte español solo era de los hombres"

R. Un antes y un después. Yo llegué a ser diputada y senadora, Theresa Zabell fue eurodiputada, Mercedes Coghen ha estado en muchos cargos dentro del ámbito deportivo… Muchas de esas mujeres de Barcelona hemos luchado por defender el deporte femenino español en muchos campos. Antes cuando se hablaba del deporte español solo era de los hombres. También porque muchas niñas no tenían modelos que seguir, no se visibilizaba a la mujer deportista. Las niñas no querían ser Amaya Valdemoro sino Pau Gasol. Eso hoy ha cambiado. Las niñas tienen ya otros modelos.

P. ¿Contra qué prejuicios y barreras tuvo que luchar?

R. Yo me considero una privilegiada, pero sí es verdad que las condiciones de ahora para las mujeres no tienen nada que ver con las que teníamos nosotras. Hoy hay más subvenciones, más visibilidad, más reconocimiento. Nos estamos igualando con los hombres. Pero dentro de mi carrera tuve suerte porque teníamos unos Juegos en casa. Se nos cuidó y mimó mucho. Yo en ese periodo olímpico quedé campeona de Europa y del mundo. Era una de las favoritas a medalla. Estuvieron muy pendientes de mí.

P. ¿Cómo fue el combate de la final?

R. Solo me valía el oro. Quería ganar. Nicola me había ganado en el Europeo ese mismo año. Fue un combate ajustado. Cuando gané recuerdo quitarme una gran presión y pensar: “Ya se ha acabado”. Con la ausencia de Sergio y el drama que viví fue una liberación.

P. En el podio rompió a llorar…

R. No ha sido el momento más feliz de mi vida pero sí el de más satisfacción. Aunque Sergio no estuviera ahí, 25 años después seguimos hablando de él. Era una forma de hacerle un homenaje. Yo pensaba: “Si gano, la gente va a hablar de ti, va a saber quién eras”.

P. ¿Dónde guarda la medalla?

R. Dentro de una caja. La llevo a charlas y conferencias.

P. ¿Le cambió mucho la vida después?

R. Me dio más confianza y más seguridad en mí misma. Cuando te planteas un objetivo tan alto para cuatro años y lo consigues, te da más fuerza para lucha por los objetivos que tienes en la vida.

P. ¿Cómo fue el paso del deporte a la política?

R. Estaba en un Centro de Tecnificación de Alicante. Veía a deportistas con problemas, que no podían compaginar deporte y formación, por la ley de mecenazgo, la falta de ayudas… En una cena con Zaplana y con Aznar les propuse unas medidas. Luego me llamaron para decirme que formara parte de ese proyecto, de la candidatura en el Senado y después en el Congreso.

P. ¿Lo mejor y lo peor de su etapa en política?

R. Lo mejor, como en el deporte: plantearme objetivos y conseguirlos. He luchado 16 años para lograr mejores condiciones para los deportistas, mejores derechos en seguridad social, ayudas a las mujeres… También por eso me fui. Me planteé los objetivos y los conseguí trabajando duro. Lo malo, que hay cosas que tienes que acatar porque estás dentro de un equipo. Siempre he sido bastante peleona.

P. ¿Cómo es su vida hoy?

R. He estado un año en Londres haciendo unos cursos de voluntariado y ahora tengo varias ofertas de trabajo. Seguramente tiraré por ese camino del voluntariado. Doy charlas y colaboro también con el club de yudo en Alicante que lleva mi nombre.

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