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Alemania tiene la fórmula

La vencedora mundial y europea sub-21 implanta el mismo método desde la base a jugadores y entrenadores

Los jugadores de la sub-21 de Alemania celebran el título.
Los jugadores de la sub-21 de Alemania celebran el título. REUTERS

De entrada, pareció que el torneo no les despertaba ningún interés y que por eso se permitían el lujo de no llamar a sus mejores jugadores. Después, que si el seleccionador realizaba tantos cambios de un partido a otro -11 de golpe- era porque el resultado le daba igual y solo quería probar distintos esquemas. Y al final, toda esa aparente osadía con ligero aroma a chulería que tan poco representa al carácter germano, ha llevado a Alemania hasta la final de la Copa Confederaciones. En ella se enfrentará con Chile (20.00, GolT), una selección que ha completado el torneo desde el extremo contrario: ni pruebas, ni meritorios.

Entender la composición de la plantilla que seleccionó Joachim Löw para viajar hasta Rusia supone un desafío para todo aquel que no asuma que el técnico alemán, un líder tan inflexible como delicado, comprende a su grupo. Ese al que lleva dirigiendo desde 2006 y con el que tras derrotar a México en las semifinales ha llegado a las 100 victorias -es el primero que lo consigue-, como un equipo multidisciplinar. Esto quiere decir que cuando encara un torneo, aunque sea de menor calado, como la Confederaciones, realiza una cuidadosa selección de talentos que le permitan mantener el guion que habría trazado con los mayores. De esta forma, se establece una representación sobre el campo a partir de la cual, cualquier jugador de esa creciente plantilla podrá desarrollar sin que se note el cambio.

A excepción de Draxler, Mustafi y Kimmich, habituales con la Alemania A, ningún otro de los futbolistas de Alemania cuenta con una experiencia repetida con el primer equipo. Y, sin embargo, después de su actuación a lo largo del torneo, no resultaría difícil de imaginar que Goretzka, Brandt, Stindl o incluso Ter Stegen pudieran formar parte de la convocatoria para el próximo Mundial. “Mi objetivo es que tres, cuatro o cinco jugadores cojan experiencia suficiente”, aseguró Löw. Y por eso ha hecho jugar a 22 de los 23, a excepción de Trapp, el tercer portero.

Esa enorme capacidad de la que dispone Löw para encontrar recambios proviene del cambio en la filosofía de formación que impulsó en 1999 la Federación Alemana de Fútbol (DFB). Con la referencia de las metodologías francesa y holandesa, el máximo organismo del fútbol alemán estableció una nueva hoja de ruta de la que casi 20 años después ya se están beneficiando. Después de la Eurocopa del 2000 en la que Alemania ni siquiera superó la primera fase -fue última por detrás de Portugal, Rumanía e Inglaterra-, la DFB observó que países como España o Brasil habían superado el hasta ese momento referencial estilo de juego alemán y que por tanto era necesario adecuarlo a los nuevos tiempos. Eso derivó no solo en la forma de entrenar a los jugadores, sino también a los futuros entrenadores. A partir de la publicación de una serie de nuevos requisitos se obligó a los centros de educación futbolística a modificar los contenidos y por lo tanto a variar los estándares por los que entregar el título de entrenador. En cuanto a los futbolistas, se reforzó la atención en las categorías juveniles y se empezó a controlar que la aplicación de esa hoja de ruta se estuviera cumpliendo.

Un claro ejemplo de este trabajo se reflejó en el reciente triunfo en el Europeo sub-21 de Polonia. La cantera alemana realizó ejercicio de superioridad físico, táctico y futbolístico inalcanzable para el resto de selecciones que participaron en el campeonato. No le importó a Alemania presentarse con un equipo mermado, en el que no estuvieron los grandes referentes de la generación 1994/96, que dominó a partir del orden táctico, de un despliegue físico que fundió a cualquier rival y de un futbol de toque y posesión combinado con la verticalidad, velocidad y el remate. Ejecutando todas esas facetas de forma sobresaliente dominó a España en la final, la quitó el balón, llegó a encerrarla y la dejó sin capacidad de reacción pese a contar en su plantilla con jugadores con el bagaje de Asensio, Saúl o Bellerín. Un triunfó autoritario que forjó desde la libreta Stefan Kuntz, seleccionador sub-21 y responsable de que el grupo dirigido por Albert Celades, claramente superado por homólogo alemán, se viese plenamente dominado.

Kuntz, exjugador alemán, está dentro de esa nueva escuela de entrenadores de la que forman parte entre otros Thomas Tuchel, extécnico del Borussia Dortmund, Hannes Wolf (Stuttugart) o Julian Nagelsmann (Hoffenheim) y de la que ha resultado una mezcla que aúna la tradicional mentalidad ganadora alemana con un estilo de juego profundamente renovado. El trabajo de todos ellos -comparten un perfil de juego similar, volcado al ataque a partir de la posesión de la pelota-, ha terminado por beneficiar especialmente Löw, gestor final del producto de la fábrica alemana. Una fábrica que después de reconvertirse parece haber descubierto la fórmula del éxito.

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