Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Giro se autohomenajea en su centenario

La ‘corsa rosa’ de 2017 se corona con un doble ascenso al Stelvio

Fabio Aru y Vincenzo Nibali, en la presentación Ampliar foto
Fabio Aru y Vincenzo Nibali, en la presentación EFE

La historia de Italia se escribe con tinta rosa, la del Giro, una carrera ciclista que es patrimonio de todos los italianos, dicen en la península, donde gustan de una cierta ampulosidad expresiva.

El Giro, nacido el jueves 13 de mayo de 1909, cumple 100 ediciones en 2017, y para celebrarlo se rebautiza como Girocento y se autohomenajea con un recorrido, presentado ayer en Milán, plagado de referencias a su historia y a la de Italia, que es la misma, y a su geografía: se sube dos veces el Stelvio en la misma etapa, a más de 2.500 metros, la cima Coppi, y se recuerda a Fausto Coppi y a Gino Bartali, la rivalidad que marcó la posguerra italiana, haciendo partir una etapa de Ponte a Ema, el pueblo de Bartali, pegado a Florencia, y otra de Castellania, en Piamonte, donde nació Coppi, y Girardengo, el primer campionissimo, no muy lejos.

Nace el Giro del 17 en Cerdeña el 5 de mayo, viernes, y salta a Sicilia —las dos islas solo habían entrado a la vez anteriormente en el Giro de 1961, el que celebraba el centenario de la Unidad de Italia—, sube al Etna (4ª etapa), el volcán activo siciliano —allí ganó Contador su Giro de 2011, del que fue desposeído a posteriori— y pasa a la península, donde en la novena etapa se llega ya al segundo de los cuatro finales en alto prescritos, el del Blockhaus, en los Abruzos, no muy lejos de Amatrice, donde el último terremoto mortífero. Allí José Manuel Fuente pudo con Eddy Merckx en 1972.

68 kilómetros de contrarreloj

Antes del Stelvio (16ª) se ascenderá a Oropa, que huele a Marco Pantani, cosecha 1999, y al miedo y la alergia del Miguel Indurain de 1993, y después, último final en alto, a Piancavallo (19ª), donde el Pirata ganó en el 98. Intercaladas, la 18ª será la del Pordoi de todos los campeones y todos los Dolomitas (solo 137 kilómetros: las etapas reina de las grandes vueltas tienden a la brevedad escarpada) y la 20ª ascenderá el Monte Grappa.

Las contrarrelojes serán dos, para un total de 68 kilómetros, casi el doble de los 36 del Tour. Una crono de 40 kilómetros recorrerá en Umbria partiendo de Montefalco los viñedos de Sagrantino, siguiendo la costumbre de comarcas vinícolas contrarreloj inaugurada en 2014 en Barolo y Barbaresco, seguida en 2017 con el prosecco de Valdobbiadene y continuada en 2016 en Chianti. La última será de 28 kilómetros, entre Monza y Milán, el último día, 28 de mayo, domingo, como en 2012, el año en el que Purito Rodríguez fue derrotado por Ryder Hesjedal.

“Será un Giro muy duro, pero las contrarreloj lo equilibrarán”, dijo en la presentación el siciliano Vincenzo Nibali, ganador de la carrera en 2013 y 2016 y favorito en 2017, donde se anticipa su duelo con su heredero, el sardo Fabio Aru, también escalador. Sicilia contra Cerdeña, antiguo jefe contra antiguo alumno en el mismo equipo, el Astana, ahora separados con el paso del veterano a Bahréin. Por primera vez en muchos años, los organizadores del Giro no necesitarán de extranjeros para armar su carrera.

“Será muy exigente y muy duro, como siempre es el Giro, además de contar con mucha contrarreloj”, dice Eusebio Unzue, que no estuvo en Milán en la presentación, sino en Pamplona, organizando la nueva temporada de su equipo, el Movistar. “Por el momento, el único fijo del equipo para el Giro es Andrey Amador”. El costarricense, cuarto en 2015, portó la maglia rosa de líder un día antes de ceder en los Dolomitas ante la revelación del colombiano Esteban Chaves, quizás el mayor peligro para el duelo insular italiano.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.