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Brendan Rodgers, un técnico a contracorriente

El norirlandés, que puso en práctica el fútbol asociativo en la Premier y ahora en el rígido Celtic, se declara admirador del Barcelona

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Brendan Rodgers, ayer en la conferencia de prensa del Camp Nou. REUTERS

Nunca antes se había visto una presentación igual en el Celtic Park, estadio siempre teñido de blanco y verde, también envuelto entre los cánticos del You'll never walk alone. Hasta 10.000 personas acudieron a ver al nuevo fichaje, que no calzaba botas ni medias, tampoco la camiseta del equipo. Era Brendan Rodgers (Carnlough, Irlanda del Norte; 43 años), el técnico escogido por la directiva tras descartar a David Moyes. “Muchos me dijeron que venir aquí era dar un paso atrás. Eso es porque no conocen este club”, señaló Rodgers, seguidor de la entidad desde niño por herencia paternal; “claro que tiene un mercado y un presupuesto diferentes de la Premier, pero es una oportunidad maravillosa de ayudar a los jugadores y a la entidad”. Para ello, se basará en el fútbol de posesión, una filosofía de fútbol que siempre admiró y absorbió, también practicó en sus banquillos aunque fuera a contracorriente. Aunque frente al Barça (20.45 h. / A3 y TV3), en la apertura de la liguilla de la Champions, tendrá complicado gobernar desde el balón, por lo que no descarta tirar de la contra, por más que fije la presión en campo ajeno.

Influenciado por el gusto de su abuelo, que era admirador del passing game del Liverpool de Bill Shankly, y por la debilidad de su padre por la selección de Brasil, Rodgers pronto se decantó por el método de Johan Cruyff en el Barça. Después, se entregó al guardiolismo hasta el punto de que llegó a afirmar: “Cuando dominas la posesión tienes el 79% de probabilidades de ganar”. Aunque en 2008 tiró atrás su petición de ir a ver los entrenamientos de Pep Guardiola porque en dos semanas jugaban la final de la Champions de Roma y en 2010 tuvo que cancelar el vuelo por la nube de ceniza del volcán islandés Eyjafjallajökull, no fueron pocas las veces que se acercó a Barcelona. “Era un asiduo del Camp Nou y del Mini”, desvela Luis Enrique. “He venido unos cuantos años porque me gusta cómo funciona el club, cómo está configurado y sus valores. Ha tenido un gran impacto en mí y en mi aprendizaje”, resuelve Rodgers; “soy un enamorado del fútbol español y en particular del Barça”.

Bajo el manto de Mourinho

Curiosamente, su gusto por el buen trato al balón llamó en 2004 la atención de José Mourinho, el gran rival de Guardiola en los banquillos. Resulta que el 4-3-3 —poco usual para la isla— que aplicaba en la academia del Reading, convenció al portugués para incorporarlo en la escuela del Chelsea, para darle dos años después las riendas del filial. Con Mourinho aprendió la meticulosidad de los entrenamientos y de la preparación de partidos, la inflexibilidad del esfuerzo, la organización defensiva y el manejo de un grupo de élite. “Trabajar con él tuvo un valor incalculable para mí”, reconoce Rodgers. Un trampolín que le llevó al Watford (Championship), le devolvió brevemente al Reading y le catapultó al Swansea, al que ascendió a la Premier.

En 2012 le llegó su gran oportunidad: el Liverpool. El club, aquel que seguía su abuelo, llevaba dos años de batacazos con la llegada de Damien Comolli al área deportiva, expresada con las pifias de los técnicos Hodgson y Dalglish, además de unos fichajes mediocres maquillados por Luis Suárez, al que hizo pichichi. “Mi filosofía pasa por un fútbol creativo de ataque con disciplina táctica, un estilo que está en mi ADN y en el del Liverpool”, advirtió Rodgers al llegar; “pero necesito tiempo”.

Cuando dominas la posesión tienes el 79% de probabilidades de ganar

Brendan Rodgers, técnico del Celtic

No tanto porque su fórmula de mezclas y de posesión le hizo aspirar al título, finalmente escurrido por un simbólico resbalón de Gerrard ante el Chelsea que condenó al equipo a manos del City, que se llevó el laurel y prolongó una maldición que perdura desde 1990. Pero no se extendió el buen juego ni la comunión con la grada, toda vez que sus fichajes tampoco fueron atinados. Así, siete meses más tarde, llegó al Celtic, donde ya ha sido el entrenador del primer mes. “En poco tiempo sus jugadores son capaces de asociarse cuando no estaban acostumbrados a eso”, dice Luis Enrique: “me gusta porque es un amante del buen fútbol, de una idea futbolística muy atractiva”. Por eso fichó al portero De Vries, del Nottingham Forest, con buen pie para salir desde atrás.

Puede que en Camp Nou obvie el habitual 4-2-3-1 que utiliza y que tan buen resultado le dio en el reciente Old Firm (5-1 al Rangers) para poner una zaga de cinco. Aunque, según sus cálculos, su equipo solo tendrá un 21% de probabilidades del éxito porque el balón, presumiblemente, estará en las botas del Barcelona.

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