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James Rodríguez, el último de la fila

El colombiano, relegado a la suplencia en el Madrid, estira la indefinición sobre su futuro hasta el cierre del mercado

James Rodríguez en el partido ante la Real Sociedad.
James Rodríguez en el partido ante la Real Sociedad.

Poco más de dos años ha tardado James Rodríguez en recorrer el camino del estrellato a la suplencia en el Real Madrid. La gran sensación del Mundial 2014 fue el elegido por Florentino Pérez para cincelar una plantilla que venía de ganar la Copa y la Champions y que tenía en la puerta de salida a uno de los grandes artífices en la consecución de ambos títulos, Ángel Di María. El colombiano era el nuevo galáctico. Costó 80 millones, llenó el Bernabéu en pleno mes de julio, recibió la bendición y los elogios del presidente, se presentó con el 10 en la camiseta y prometió triunfar. Y eso hizo hasta el verano pasado, cuando su rendimiento empezó a caer en picado hasta el punto de estar a día de hoy en el último puesto de la larga fila de volantes y atacantes que maneja en su esquema Zinedine Zidane.

James fue el tercer cambio en Anoeta en el debut liguero del Real Madrid. Ni las bajas de Luka Modric, Cristiano Ronaldo y Karim Benzema llevaron al técnico francés a apostar por el mediapunta colombiano. Zidane, de nuevo, prefirió a otros, a todos, antes que a James. Mateo Kovacic, Marco Asensio y Álvaro Morata, los últimos en adelantarle, fueron los elegidos por el francés para suplir las ausencias frente a la Real Sociedad. James empezó en el banquillo junto a Isco y Lucas Vázquez, los dos primeros recambios utilizados por Zidane. De todos los hombres con los que el Madrid cuenta en la zona de mediocampo y la delantera, solo Mariano, canterano recién llegado al primer equipo, está por detrás de James en la rotación hoy.

Pero él no parece dispuesto a marcharse y Zidane asegura no querer dejarle ir. “James se va a quedar en el Real Madrid”, dijo el técnico hace una semana. El francés siempre le ha defendido públicamente, pero lo cierto es que sus palabras contrastan con los hechos. Zidane no confía en James. Ni lo hacía a su llegada, la temporada pasada, ni lo hace ahora.

El colombiano se incorporó a la pretemporada el 26 de julio y, falto de ritmo y de forma, tan solo disputó 45 minutos en el último de los tres amistosos de la gira americana, ante el Bayern. En la Supercopa de Europa ante el Sevilla, la primera gran cita del curso, no entró en un once plagado de suplentes y, como en Anoeta, fue el último en salir. Solo en el Trofeo Santiago Bernabéu disputó más de una parte, con gol incluido. 177 minutos en seis partidos —dos oficiales— un tanto y una asistencia, a Bale frente a la Real, es el balance de James en lo poco que va de temporada.

17 goles y 17 asistencias

El colombiano, consciente de su estado de indefinición y de su rol de secundario, tampoco hizo esfuerzos extra para recuperar el estatus que un día tuvo. No perdonó ni uno de sus 32 días de vacaciones, como sí hicieron sus competidores Morata y Kovacic, ni se cuidó de la lesión en el hombro que se produjo con su selección.

De los 3.524 minutos, 17 goles y 17 asistencias del primer año, pasó a los 1.858 minutos 8 goles y 10 asistencias en el segundo. 

Desde su vuelta a la actividad, su actitud, aspecto físico y rendimiento han dado un salto cualitativo respecto a la temporada pasada. James sufrió con Rafa Benítez primero y con Zidane después. No se ganó un hueco y su bajo estado de forma levantó numerosas críticas, hasta el punto de desatar la reacción del propio jugador en enero tras un partido ante el Betis: “Jode que digan que estoy gordo y que duden de mí. Sé cuidarme. Siempre entreno a tope, soy un profesional y lo quiero dar todo”, dijo entonces James. Su reacción fuera del campo no la trasladó al terreno. El colombiano terminó la temporada por detrás de Kroos, Modric, Isco, Lucas Vázquez y Jesé. No disputó ni un minuto en la final de la Champions y solo jugó 28 entre semifinales y cuartos. Terminó el año con 1.858 minutos repartidos en 32 partidos (21 como titular), 8 goles y 10 asistencias.

Su producción había descendido a la mitad. Con Ancelotti, en su primer año, el colombiano superó todas las expectativas. Se convirtió en una estrella y era un fijo junto a Kroos, Modric y la BBC. Sus números, inmejorables: 46 partidos (solo dos saliendo como suplente), 3.524 minutos, 17 goles y 17 asistencias para presentar su candidatura como uno de los mejores del mundo. Hoy todo eso queda muy lejos. Los medios británicos aseguran que el Chelsea habría ofrecido 70 millones y el Madrid podría plantearse su venta. Él quiere pelear, no pretende seguir los pasos de Özil o Di María. Zidane decidirá.

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