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“Los entrenadores no tenemos sueños”

El entrenador español del Middlesborough repasa su carrera y habla de Mourinho, de Guardiola y de su nuevo desafío en la Premier League

Aitor Karanka, entrenador del Middlesbrough.
Aitor Karanka, entrenador del Middlesbrough. REUTERS

Es jueves y hace buen tiempo en Darlington, donde el Middlesborough tiene su ciudad deportiva. Trabaja el equipo y el entrenador, Aitor Karanka (Vitoria, 1973), le dice algo a Víctor Valdés y el portero se ríe. Entre los dos suman seis Copas de Europa, tres que ganó el que fuera el central del Real Madrid y tres el exjugador del Barça. Karanka afronta su primer año en la Premier con la misma ambición que cogió al equipo en la Championship, al borde del descenso, cuando prometió subirlo a la máxima categoría. Cumplió. El sábado, con un gol de Negredo, empató ante el Stoke en su estreno en la Liga más potente del mundo. Al norte de Inglaterra dejó de ser la sombra de José Mourinho y ha recuperado su identidad. Tiene tres premios a mejor entrenador del mes en la Championship. Al despacho le falta una mano de pintura.

Pregunta. ¿Cuánto hace que no pisa Santillana de Campos (Palencia)?

Respuesta. Dos veranos. El 6 de junio del 2014 fui para darle una sorpresa a mi padre. Recuerdo la fecha porque es su cumpleaños. Es el pueblo de mi madre, que emigró a Vitoria, porque allí vivía una de sus tías. Mi padre es de Matauco, un pueblo cerca de Vitoria.

P. Su padre era entrenador. ¿Su primer entrenador?

R. Sí, tuve mi primer entrenador en casa. Y luego, en el San Ignacio. Entrenó también al Aurrerá, al Alavés, al Zalla. Yo le acompañé muchas veces, un poco como ahora mi hijo Ibai, que viene conmigo. Es curioso porque fue entrenador de algunos que llegamos a jugar en Primera, de manea que ahora puede decir que fue entrenador de entrenadores de elite. Es bonito, estará orgulloso.

P. ¿Le da mucho la vara?

R. Cuando jugaba, veía los entrenamientos de Real Madrid TV y me decía: "¿Qué?" Y yo, respondía "Buff, estoy reventado". Y me soltaba. "Tú sigue así, ya verás, irás al banquillo". Y Yo pensaba, "Este de qué va?. Ahora, como entrenador, perdemos, me llama, hemos hecho un partido horrible y me dice: "Tranquilo, habéis presionado bien… ". Y yo sé que hemos jugado horrible y le digo: "Papá, déjalo, jugamos mal". Ahora me trata de entrenador a entrenador. Es muy curioso y muy bonito.

P. Cuando habla de que estará orgulloso de ver que ex jugadores suyos han llegado a los banquillos, ¿de quién lo hace?

R. Alguno ha llegado más lejos. El Txingu (Valverde, entrenador del Athletic) y yo jugamos juntos en el San Ignacio con él. Luego fuimos compañeros en el Athletic. La vida tiene estas cosas. Nunca nos hemos enfrentado en un banquillo. Sería bonito hacerlo, señal de que nos van bien las cosas. Estaría encantado. Si me dicen hace cinco años que iba a ser entrenador de la Premier no me lo hubiera creído. ¡Así que vete tú a saber!

P. Valverde entrena al Athletic, club en el que usted jugó. ¿Se le ha pasado por la cabeza esa idea?

R. Los entrenadores no tenemos sueños; sueñan los futbolistas con llegar a Primera, con jugar la Champions y ganarla. La vida de entrenador es diferente, por inmediata. Piensas en el día a día y que dure.

P. ¿El sueño de un entrenador es convencer a los jugadores?

R. Es el objetivo. Transmitir confianza y honestidad. Hablarle a Guzan -el último portero que ha fichado- y en diez minutos decirle qué se va a encontrar, qué quieres de él y que lo que le digas sea lo que se encontrará de verdad. Eso es.

P. Al jugador hay que irle de cara, dijo usted un día. ¿Eso es porque no le ocurrió mucho en su carrera como jugador?

R. Ese era el freno que tenía, sí. Pensaba que no me gustaría tratarle como me habían tratado a veces a mí. Pero con José (Mourinho), después de tres años, supe que decir las cosas a la cara era posible; que si todos vamos por el mismo objetivo, sabes lo dices y en lo que crees, vas bien.

P. ¿Ha vivido en equipos en que los jugadores creen estar por encima del equipo?

R. Creo que siempre, sobre todo en el pasado, hubo el jugador estrella. Ahora no tanto. Pienso que Cristiano y Messi están por encima de cualquier jugador y que como entrenador igual alguna licencia les dejaba.

P. Cruyff decía que eso solo lo puede aceptar el equipo. ¿Compra la idea?

R. Está claro. Yo me permitiría licencias siempre y cuando el equipo supiera que esos son diferentes. Yo no veo a otros que no pudieran hacer otra cosa. En mi equipo está clarísimo. Somos gente de League One o Two y está llegando de Champions, pero me equivoco si les trato diferente si el equipo no lo respeta.

P. Habla de los tres años con Mou, pero usted tuvo más entrenadores. ¿Solo el portugués dejó poso?

R. No, por supuesto que no. Mou es algo más, pero no todo es Mou. Pero sí que es el más importante porque coincidió en el momento en que yo ya veía que definitivamente quería hacer esto. Aprendes de todos. Mi padre era entrenador y he tenido la suerte de tener a Heynckes, a Del Bosque, a Valverde… Y jugué con futbolistas muy grandes en el Madrid y en el Athletic con los que nos pasábamos horas hablando de esto.

P. A lo tonto, usted tiene tres copas de Europa y parece que sea el ayudante de Mou. ¿Le molesta?

R. Es algo que siempre lo he pensado. Los tres años fueron espectaculares y la relación con José, más. Pero sí, también queda ese pasado de jugador y esos títulos que gané. Así es el fútbol, todo se olvida. Al final, intentas ser tú mismo.

P. ¿Qué le ha dado el Boro? ¿Confianza en sí mismo?

R. Sí, está claro. Pero siempre la tuve. Venir aquí es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Incluso como jugador, cuando mi nombre no aparecía en ningún sitio, siempre trabajé para jugar porque creía en mí. Con José mi nombre estaba por otras circunstancias, pero la confianza en mí me llevó a hacer lo que creía oportuno y no lo que la gente pensaba que debía hacer. A nivel personal ha sido un motivo de superación personal. Vengo de una Championship durísima y llego a la Premier. Es un viaje duro como experiencia personal y tengo la sensación de volver a ser yo mismo, porque he podido tomar las decisiones que he creído oportunas en cada momento. Lo he pasado mal, he sufrido, he peleado por lo que yo he creído y hemos logrado los objetivos.

P. ¿Que parte de culpa tiene Steve Gibson en que usted haya alcanzado sus objetivos?

R. Supongo que le debo mucho a los jugadores, que he puesto de mi parte con mi trabajo, pero sin la confianza que me demostró el propietario del club es imposible que hoy estuviera al frente del equipo. Perdí los dos primeros y perdí el tercero y al acabar ese pensé: "Aitor, esta historia se acabó". Y no. Vino Steve y me dijo que tranquilo, que la apuesta por mi trabajo era a largo plazo, que entendía que para mi no era fácil pero que no perdía su confianza por tres malos resultados. Y esa confianza me dio la fuerza que necesitaba para seguir apostando por lo que pensaba que era el camino a seguir. Y aquí estamos. Sin él no creo que lo hubiéramos conseguido.

P. ¿Tan duro fue el inicio?

R. Ni te imaginas. Empezando por el idioma: Les decía que esperaran y ellos entendían blanco.

P. Al final, fue fiel a sus principios, y lo logró. Cual fue el momento más duro?

R. El día después de perder contra el Norwich en Wembley, llegar al despacho y desmontar la pizarra con los partidos de toda la temporada. Pero bueno, ya estamos en la Premier.

P. Como Wenger. Y Mou. ¿Cuántas veces se quemó por Mou?

R. Unas cuantas. Pero cuando ves mi punto de vista y por qué lo hice, el 95 % de la gente me entiende. Lo volvería a hacer, me metería en el fuego otra vez porque era hacerlo por el equipo. Si te pones a pensar desde mi perspectiva, todo lo haría igual. Hombre, me equivoque, seguro, pero de los errores se aprende. Pero si le tengo que poner una nota a aquellos tres años es de sobresaliente.

P. Habla de Mou y siempre destaca su honestidad. ¿En qué?

R. En todo. Es lo que decía de los jugadores. Lo primero que hizo fue explicarme la dinámica de trabajo que íbamos a tener, cuál sería la relación conmigo y sus ayudantes. Después de tres años, todo se cumplió. A eso llamo yo honestidad; yo no llegué un día a la rueda de prensa porque sí. Me lo dijo el primer día: que saldría a hablar y que llevaría entrenamientos. Eso es la honestidad. Y la relación personal fue sincera, fantástica, y se mantiene. Hablamos a menudo

P. Teniendo en cuenta que Mou se ha metido con todo el mundo, que se sienta en un banquillo y que se enfrentan el 31 de diciembre, ¿se teme lo peor por Nochevieja?

R. No, tiene muy buena relación con muchos entrenadores, pero lo que vende es la polémica. En el tercer tiempo muchos hablan maravillas de él, se lo aseguro. Va a ser bonito encontrarse con él, con el cuerpo técnico, jugar en Old Trafford y tomarnos una cerveza.

P. Como le gane, olvídese: ¿Conoce a alguien que lleve peor lo de perder que él?

R. Yo lo llevo fatal. Perder no le gusta a nadie y menos si te acostumbras a ganar.

P. Por eso, ¿su gran problema en el Madrid fue Messi o Guardiola?

R. No, fue la Champions. Un problema y un debe. Tres años y no pudo ser. Al final eso pesó por encima de todo. Si hubiéramos llegado a la final el año del Bayern todo se hubiera visto diferente. Lo de Guardiola y Messi al final quedó parejo porque les igualamos los duelos directos.

P. Resulta curioso ver que ha fichado a Valdés. ¿El tiempo todo lo cura?

R. A Víctor le llamo cuando se lesiona de la rodilla. A mí me pasó en Bilbao y sabía lo que es eso. No pensé en la rivalidad ni que un día podía ficharle. Solo le di ánimos y le conté lo que le esperaba. Aquellos tres años de rivalidad fueron para todos. El verano pasado le volví a llamar y le dije que, antes de mandarme a la mierda, me escuchara. El Boro no era el club más tentador del mundo para un jugador como Víctor. Pero la conversación fue buenísima y al subir a la Premier todo fue más fácil. Va a demostrar el porterazo que es.

P. Se va a encontrar a Guardiola en la Premier y se tomara una cerveza con él después del partido. Y la Premier encontrará a Pep ¿Cómo se imagina eso?

R. Lo de Pep y la Premier va a ser en ambas direcciones. Esto es diferente, y se va a dar cuenta; es un cruce. Para mí es un orgullo estar con Pep, Klopp, Mou, Pochettino, Conte… Es un privilegio. Al principio me costaba tomarme una cerveza al final del partido con el entrenador que me acababa de ganar, porque acababa de perder y no estaba para fiestas, pero luego te das cuenta de que es el que mejor te entiende. Y esta cultura, te lleva a ir.

P. ¿Lo peor de ser entrenador es no poder echarle la culpa a nadie?

R. Al final la derrota solo tiene un padre, como dice José. Hay momentos en que te sientes solo. Tienes tu staff. Pero al final, no es lo mismo ser primero que segundo. El que decide, al que le echan, es al entrenador; no hay excusas cuando eres el mánager.

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