Belmonte: “Me siento más segura nadando seis pruebas que una”

El carácter fiero de la española explica que esté empeñada en lanzarse a cinco de las pruebas más difíciles que existen: 400 y 800 libre, 200 y 400 estilos, y 200 mariposa

Mireia Belmonte se entrena en la piscina del Fluminense Football Club, este jueves en Río.Vídeo: F. Maia (EFE)

Dice su entrenador, Fred Vergnoux, que hay nadadores perro y nadadores gato. Los perros son domesticables, dóciles, predecibles. Pero ella, Mireia Belmonte (Badalona, 1995), Mimi para los amigos, pertenece a la inescrutable categoría felina. Solo el carácter fiero de la española explica que en estos Juegos esté empeñada en lanzarse a cinco de las pruebas más difíciles que existen: 400 y 800 libre, 200 y 400 estilos, y 200 mariposa. A partir de este sábado. Sin tregua.

Pregunta. ¿Sueña con natación?

Respuesta. Sueño que nunca llego a la cámara de salidas. O llego tarde, o se me olvida el bañador, o me entretienen por el camino y al final nunca puedo nadar.

P. ¿Cómo se siente ante sus terceros Juegos?

R. Con muchas ganas porque he entrenado muy bien y estoy muy motivada. No pienso en los Juegos cada día. Creo que hay que disfrutar del camino sin darle tantas vueltas a la meta final. Intento aprovechar cada entreno, ir cogiendo confianza y ver cómo están los demás.

P. ¿Por qué ha resuelto cargar su programa con cinco pruebas individuales con el desgaste que esto puede suponer para su organismo?

R. Porque son oportunidades. Si tengo una sola prueba y me sale mal, se acabó. Teniendo cinco o seis me siento más segura. Además, como hay muy poca gente que lo pueda hacer me ayuda a sentirme un poco especial. Y ahora que todavía puedo hacerlo hay que aprovecharlo. A lo mejor dentro de cuatro años ya no puedo.

P. ¿Es consciente de que se adentra en un territorio inexplorado, en la medida en que ninguna chica de más de 24 años ha ganado un oro en estas carreras?

R. La irlandesa Michelle Smith ganó las dos pruebas de estilos con 26 años en Atlanta. Pero la sancionaron por dopaje. Hay gente mayor que yo en la piscina que también quiere oros: Hosszu, Beisel, Hentke, las mariposistas chinas… Lo bonito del deporte son los desafíos nuevos. Hay una generación que va subiendo y otra que lleva unos años arriba y aspira a mantenerse en el máximo nivel. Ese choque generacional aumenta la competitividad.

El entrenamiento mental consiste en aprender a competir cuando ocurren cosas que no puedes controlar

P. ¿Le gusta más competir ahora que con 20 años?

R. Ahora soy mucho más fuerte mentalmente y tengo los objetivos más claros. Antes de conseguir una medalla olímpica no eres consciente de lo que puedes hacer. Yo en Londres no conocía mis capacidades. Tienes objetivos, que pueden ser las finales, pero las finales son el mundo de la ambigüedad. Puedes quedar primera, octava o cuarta. Ahora puedo focalizarlo mejor.

P. Ha dicho que se siente especial por su versatilidad. ¿Usted es una artista de la natación?

R. No creo que los deportistas seamos artistas.

P. Ha batido récords del mundo desde los 200 a los 1.500 metros. Esa elasticidad para abarcar tantas distancias y estilos significa algo.

R. Tengo suerte genéticamente. Se lo debo a mis padres. Pero no soy ni muy alta ni tengo los pies y las manos grandes.

P. En los últimos años sus entrenamientos se han ido encaminando hacia el desarrollo de la fuerza. ¿Cómo experimenta en la piscina ese trabajo de potencia en el gimnasio?

R. En las salidas y en los virajes voy mucho más rápido. Mi estilo subacuático ha mejorado. Y me siento más veloz en los entrenamientos, en las últimas series. Cuando hacemos series de 800, por ejemplo, mejoro mis tiempos en los últimos tres o cuatro 100. Ahí me siento más rápida. Lo que Fred hace muy bien es integrar el trabajo de velocidad, fondo y medio fondo. Cuando entrenamos el fondo también ejercitamos la velocidad y cuando hacemos velocidad no descuidamos la resistencia. Cuando hacemos una sesión de velocidad no nadamos 100 metros, hacemos 50 veces 100. Ahí está la gracia. No solo hay que acabar rápido. ¡Hay que acabar! La fuerza que he ganado en el gimnasio me ayuda también a ganar fondo.

Habrá un choque de generaciones entre las más jóvenes y las nadadoras que ya llevamos unos años en la elite

P. La natación parece un deporte absolutamente medido. ¿Hay algo que no se pueda medir? ¿Queda misterio?

R. Intentamos que todo esté lo más controlado posible. Pero también es bonito adaptarte a la prueba en competición. Puedes ejecutar una prueba perfecta, calcularlo todo y clavar los ritmos de cada 50, pero... Si por ejemplo dices 'voy a pasar a 28,9 segundos' y una te pasa a 27 y no lo tienes planeado… Ahí debes adaptarte a la carrera. Hay que dejar un punto abierto a la improvisación por si alguien te descoloca.

P. ¿Para eso hace entrenamiento mental?

R. El entrenamiento mental consiste en prepararse para todo lo que depende de ti y lo que no dependa de ti. De mí puede depender estar en buena forma y haber hecho un buen entrenamiento, estar tranquila y a gusto; pero no puede depender que el agua esté muy fría o muy caliente, o que la rival de la calle uno me salga fuerte. Hay que prepararse para todo. Eso incluye prepararse para competir sabiendo que no puedes controlarlo todo. Cuando Katie Ledecky apareció en los 800 de Londres yo no sabía ni quién era. Algo parecido puede ocurrir en Río.

P. ¿La cámara de salidas ha representado un trauma para usted?

R. Ya no. Es un momento en que disfruto. Te empiezas a centrar en tus rivales, estás en una sala con las que van a competir contra ti y las observas. Cada una es diferente. Una no para de hablar, otra está concentrada, otra con la música... Cada una en su rol. Ahí puedes ganar algo. Es como una partida de póker. Debes lograr que parezca que no te afecta nada porque si no es como un signo de debilidad. Hay gente que ni piensa en ello. Yo llevo cascos y pienso en la música que es una forma de aislarme y motivarme.

P. ¿Qué es la madurez?

R. No tener que depender del entrenador en todo momento. Hacer lo que toca. Saber que estás solo y demostrar quién eres.

Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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