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Pizzi alimenta el espíritu de La Banda

El entrenador argentino supera un mal inicio al frente de Chile y consolida un grupo que juega de memoria

Selección de Chile
Copa América 2016:  Pizzi dirige un entrenamiento de Chile. EFE

“En Chile el problema no es ganar o perder, el problema es cómo nos lo tomamos; hay que ser más equilibrados”, dice el presidente de la ANFP (la federación chilena), Arturo Salah, tras vivir en esta Copa del Centenario las dos caras de la misma suerte, una derrota ante Argentina en el arranque, que puso a Juan Antonio Pizzi en la picota, y la histórica goleada a México (7-0). Fue él quien puso a Pizzi y quien le defendió cuando las cosas fueron mal. Y no siempre fue bien, como ahora.

Para empezar, Pizzi perdió contra Argentina en el inicio de las eliminatorias clasificatorias para el Mundial de Rusia, y sumó dos derrotas contra Jamaica y México en dos amistosos, que llenaron de dudas su arranque tras salir La Roja campeón de América con Sampaoli. Le ocurrió de nuevo en el debut en Estados Unidos, contra Argentina, otra vez, y de nuevo le señaló la hinchada: un 70% de los encuestados por un rotativo de Santiago le consideró culpable del 2-1.

No le fue mejor con el grupo al hispano-argentino en el inicio; Medel le agarró por la pechera. Todo un símbolo, líder en el vestuario, el pitbull pareció echarle un pulso cuando el entrenador aterrizó en la selección. Dijo siempre que no llegaba para cambiar mucho, sino a potenciar todo lo bueno que encontró: “La idea es no alejarnos demasiado de lo que tenemos, los conceptos son muy claros”. Le ayudó en el tránsito heredar el cuerpo técnico de Sampaoli —Martín Tocalli, Cristian Leiva y Matias Manna, este último ya trabajó con Bielsa— y potenció la querencia de un grupo de futbolistas único, un equipo con alma, que sabe a qué juega y que siente a lo que juega desde que lo armó Bielsa, se fortaleció y campeonó con Sampaoli.

El Macanudo, que fue listo en el área para cazar rebotes, en la cuadra para criar caballos y siempre supo llegar a la jugada antes que nadie, le dio carrete a un equipo que agarró ya siendo campeón de América, y a nadie le extrañó, entre los que le conocieron en Las Rozas, sacándose el título en la Federación Española, en la misma promoción de Guardiola y Luis Enrique.

Más allá del cambio de posición de Alexis Sánchez, la identidad a este equipo se la da por entero el grupo de futbolistas, que quieren jugar como juegan porque quieren vivir como viven, que ponen el alma en la disputa de cada balón, y sin Valdivia, que en el 2015 con Sampaoli lideró al equipo como enganche.

El Mago se quedó fuera de la Copa del Centenario porque Pizzi consideró que jugar en Arabia Saudí le negaba competitividad para entrar en el grupo. Chile ha perdido algo de pausa en el juego, pero ha mantenido el resto de constantes que le hacen un equipo muy reconocible desde 2010. Chile pega y mata, en transiciones escalofriantes, toca, muerde y parece que le va la vida en cada partido. La Banda, como se gustan llamar, juega de memoria.

La banda se agrupa bajo la capitanía de Bravo, la raza contagiosa de Medel y el alma guerrera de Vidal. A partir de ahí se juntan los azules de la U, la Universidad de Chile, como Aránguiz y Vargas, amigos desde que compartían vestuario a las órdenes de Sampaoli en el camerino de Santiago, que suelen andar con Díaz, Puch y Eugenio Mena. A Jara miembro de la “banda pitillo”, como Bravo, Beausejour, Pinilla y Medel les dicen que “son los que roncan” —mandan— al punto que se encargan de negociar los premios.

El gran cambio de Pizzi llegó en el proceso. Venían de trabajar hasta el límite, 24 horas de 24, primero con Bielsa y después con el nuevo entrenador del Sevilla, y aportó sosiego, haciéndoles ver que deberían disfrutar más del proceso. “Les restó agobio”, dicen quienes participaron del tránsito.

Con detalles como el de Vargas, que con sus cuatro goles ha igualado el récord de la selección, en poder de David Arillano, fundador de Colo-Colo, que en 1926 marcó cuatro goles a Bolivia; con la goleada a México, un 7-0 que se convierte en la mayor de la historia fuera del país; o al alcanzar su quinta semifinal de la Copa América, Pizzi se ha ganado a la afición, porque el alma de La Roja, el espíritu de la banda de chilenos irrepetibles, muerde desde que se juntaron con Bielsa y aprendieron a ganar con Sampaoli.

En el camino aparece Colombia, a la que la historia no parece dar una oportunidad: en los 12 enfrentamientos anteriores, siete los ganaron los de la estrella solitaria, que marcaron 23 tantos por 13 de los cafeteros. “Es importante saber que la pelota no entra por azar”, aseguró el presidente Salah, en medio de la ilusión pura. “No estoy eufórico, quiero recordar que a la vuelta de la esquina siempre está la derrota”.

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