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Los hijos de Platini

Platini, en agosto de 2015 en Mónaco.
Platini, en agosto de 2015 en Mónaco. AFP

El 9 de mayo, día en el que se confirmó la suspensión de cuatro años de Michel Platini, algo murió en la Francia futbolera. No se sancionó entonces solamente a uno de los dirigentes franceses con más prestigio —Platini es, con Zidane y mucho más que François Hollande, el francés más famoso del mundo— sino también a un rey que llevaba 40 años en el trono de nuestros recuerdos. Desde su irrupción en 1976, Platini fue alternativamente un inmenso jugador, un gran capitán y un dirigente omnipresente. Seleccionador en 1988, organizador del Mundial en el 98, vicepresidente de la federación francesa, presidente de la UEFA, mejor candidato al puesto supremo en la FIFA, Platini reinaba hasta hace poco en los organigramas más prestigiosos del mundo.

Francia ha conseguido esta enorme competición gracias a él. No tenerlo con nosotros durante la Eurocopa es aún más cruel"

Noël Le Graët, presidente de la Federación Francesa

Lo teníamos todos bien claro. Este destino digno de una novela de Stendhal culminaría el 10 de julio en París, Michel Platini, presidente francés de la UEFA y recién elegido presidente de la FIFA, entregaría a Hugo Lloris, capitán de nuestra selección, el trofeo de campeón de Europa 2016, 32 años después de haber sido el primer francés en levantarlo como capitán en esta misma ciudad. La brutal desaparición de Platini nos arrebató el sueño. El 9 de mayo, el país entero se quedó huérfano.

Jugar a organizar. Si la conmoción que supuso aquella noticia fue tan profunda, es también porque los franceses rendimos culto espontáneo a las organizaciones internacionales como la UEFA o la FIFA. En nuestras mentes estas organizaciones no son únicamente construcciones institucionales imperfectas cuyo funcionamiento diario estaría sometido a la crítica continua de sus administrados. Al contrario. Cuando los demás levantan trofeos sin un solo gramo de agradecimiento para los hombres que los habían llevado institucionalmente a cabo, nosotros en Francia recordamos en todas nuestras escuelas, antes incluso que de aprender las reglas del juego, que la FIFA (Robert Guérin), la UEFA (Henry Delaunay), la Copa del Mundo (Jules Rimet), los Juego Olímpicos modernos (Pierre de Coubertin), el Balón de Oro (el diario France Football), la Copa de Europa (Gabriel Hanot) y el Campeonato de Europa (Henry Delaunay) los habíamos inventado nosotros, los franceses. Nos las ganábamos (casi) nunca, es cierto. Pero contemplar el entusiasmo del mundo por nuestras criaturas nos valía como trofeo. Cuando los demás disfrutaban jugando, los franceses lo hacíamos organizando.

La brutal desaparición de uno de los franceses más conocidos en el mundo nos arrebató el sueño

Cuatro años de suspensión: la decisión del TAS fue un desamor. Platini no iba a ser nunca el sucesor de Jules Rimet, inventor de la Copa del Mundo y presidente del organismo durante 33 años (de 1920 a 1954). Cuentan que de Paris a Niza se oyó el mismo suspiro : Platini, c'est fini.

El invitado permanente. El caso Platini es una cuestión del destino. Noël Le Graët, presidente de la Federación Francesa, pocos minutos después de aquel doloroso veredicto, cambió el llanto amargo de todo un país por palabras de admiración y agradecimiento por un hombre que encarnaba a la perfección la idea que Francia se hace de sí misma: " la Eurocopa es Platini", dijo el presidente. "Francia ha conseguido esta enorme competición gracias a él. No tenerlo con nosotros durante la Eurocopa es aún más cruel ". Por más que el ex-presidente del organismo europeo tenía su sitio reservado en todas la tribunas oficiales de la competición, Platini se quedará lejos de todos los estadios. En todas nuestras fotografías recordando el torneo, echaremos en falta para siempre el rostro que, a la vez que entregaba (casi) todos los años la Champions a equipos españoles, nos había regalado a los franceses otra gran competición por organizar. Una Eurocopa francesa sin Platini es un Bayern sin Beckenbauer, un Maradona sin el segundo gol contra Inglaterra. O peor aún si cabe: un 2016 sin Johan Cruyff ni Muhammad Ali. En fin, Francia sin Platini es el duelo por un padre.

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