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La realidad golpea al Getafe

El modesto club madrileño cierra un ciclo de 12 años en Primera y su futuro se presenta incierto fuera de la élite

Esnáider abraza a Vergini con Pedro León al lado. Ver fotogalería
Esnáider abraza a Vergini con Pedro León al lado.

Hace 12 años Getafe era una ciudad dormitorio de obreros que de repente se encontró con un equipo en Primera. Hoy, el municipio localizado al sur de Madrid ha cambiado poco, pero su club de fútbol ha abandonado la élite. Esa docena de temporadas consecutivas son un enorme logro para un equipo humilde que vive bajo la sombra del Real Madrid y el Atlético y que ha padecido serias dificultades económicas, sobre todo en los últimos tiempos. El descenso consumado el domingo en Sevilla es un torpedo que deja muy tocada a la entidad y la sume en la incertidumbre, pero también es un golpe de realidad para un club que en el siglo XX apenas jugó un puñado de temporadas en Segunda División y que ha competido con los grandes lastrado por su falta de masa social.

Ángel Torres ya presidía el Getafe en 2004, llevaba dos años en el puesto. Este empresario del negocio inmobiliario llegó a un club que transitaba por la 2ªB al borde de la ruina y lo llevó a Primera. Era la cara del milagro y ahora lo es del hundimiento del equipo. Su continuidad en el sillón está en el alero. “Ahora toca pensar y analizar”, apuntó ayer de forma escueta.

También es una incógnita la permanencia de Juan Eduardo Esnáider como entrenador. El argentino llegó para los últimos seis partidos, ya con el equipo en una situación muy delicada tras 13 jornadas sin ganar con Fran Escribá en el banquillo.

La contratación de Esnáider fue un retorno a los orígenes de la política de Torres: dar la oportunidad a entrenadores noveles. Se aplicó con Quique Sánchez Flores en el primer curso en la cumbre y se repitió con Schuster y Laudrup. “Fue una gran oportunidad y tuvimos un gran año”, recuerda Luis Milla, ayudante del danés en la temporada 2007-08; “aquella eliminatoria con el Bayern, la final de Copa. Se hicieron las cosas bien y eso sirvió como trampolín para jugadores y entrenadores”.

Gabi, Granero, De la Red, Soldado... Son ejemplos de los jugadores que llegaron al Getafe muy jóvenes y aprovecharon su oportunidad para recalar en un club más grande o retornar al que les había cedido. “La política del club era fichar sin consultar con el entrenador. Este tenía que trabajar con lo que le daban. En nuestro año se acertó bastante”, señala Milla.

El compromiso

La combinación de juventud y veteranía dio buenos réditos al Getafe esos primeros años. “Había chicos con ganas de triunfar y veteranos que querían jugar en Primera, muy comprometidos con el equipo”, apunta Vivar Dorado, capitán del equipo entonces y que apostilla que el éxito se debió a “un vestuario fuerte, muy profesional”.

A mediados del pasado mes de enero, jugada la jornada 20ª, el Getafe campaba tranquilamente por la mitad de la tabla, con el descenso a 10 puntos y con opciones de pelear por Europa. A partir de ahí el equipo se deshizo, entró en barrena y llegó la racha de solo dos puntos de 39 posibles que le enterró. Quizá el equipo adoleció de falta de liderazgo en esos momentos, lo más parecido fue el exabrupto de Mehdi Lacen tras perder 4-0 en Las Palmas: “Somos una auténtica mierda de equipo”. “Puede parecer desde fuera que ha faltado implicación”, dice Vivar Dorado, uno de los protagonistas de la época dorada del club, “pero hay que estar dentro para saberlo. Lo que creo es que esto lo sacan adelante los veteranos. Es esencial que haya continuidad en la plantilla para que los jugadores se sientan identificados”.

El futuro ahora se antoja complicado. En Segunda el equipo corre el riesgo de caer aún más en el anonimato, que se amplifique su mal endémico: la falta de enganche con la gente. “Antes también había un problema con eso. Jugábamos la UEFA y venía más gente de Portugal que de Getafe”, recuerda Milla. Para Vivar es importante mirar atrás y sacar provecho de la experiencia en la élite. “Hay que recordar lo que ha ido bien e intentar repetir. Los primeros años se apostó por el buen juego y la gente se acostumbró a ello”, comenta el excapitán, que sin embargo considera que ahora en el pozo “lo importante es no caer en los errores que cometen los descendidos. Hay que ponerse a trabajar ya y no lamentarse. Es esencial volver cuanto antes”.

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